Publicación de la Asociación Europeos

La Europa social acallada, resurge en las calles

Es la «Europa social”: mujeres y hombres, padres y madres con hijos pequeños. Jóvenes, personas mayores. Son estudiantes, pensionistas, empleados públicos, trabajadores, desempleados, religiosos…  Son clases medias las que en su inmensa mayoría se manifiestan las calles de París, de Roma, de Atenas, de Londres, de Lisboa o de Madrid. Piden que se les deje de maltratar, que no se juegue con su futuro ni con un bienestar al que tienen derecho. Piden una educación, una sanidad, unos servicios sociales de calidad, universales y accesibles y, a ser posible, públicos.
Piden que las decisiones que toman los políticos en su nombre sean transparentes y conocidas. Algunos han conseguido desprenderse de los muchos miedos y culpabilizaciones que se les han inoculado a lo largo de estos años: miedo a aparecer en público, a ser considerado un “antisistema”, a ser un irresponsable que “da mala imagen” del país ante la comunidad internacional y los mercados, justamente cuando más necesario es aparecer como serio y cumplidor. Otros están empezando a “perder la sensatez”. Los hay  que aguardan en sus casas  queriendo y no pudiendo… o pudiendo y no queriendo. Finalmente están aquellos que  saldrán de sus burbujas académicas, eclesiásticas o artísticas  cuando haya escampado y explicarán desde la tribuna y con buenas palabras todo lo sucedido.
Ante tantas y tan abundantes señales de descontento algunos despachos influyentes se están empezando a incomodar. Gestos otrora indisimuladamente satisfechos ante la valentía de las medidas de ajuste se empiezan a torcer. Se sabe que los ajustes tienen un límite, que la gente está cansada después de años de ceder derechos en balde. Se sabe  que los discursos sobre la necesidad de “apretarse el cinturón” y “ser responsables y maduros” tienen fecha de caducidad. Pero, sobre todo, se sabe que un pueblo indignado y sin miedo puede cambiar gobiernos e incluso sistemas.
¿Hasta dónde llegar?, pero sobre todo ¿qué hacer para aplacar, para contener, para distraer a  la población  mientras se llega al límite de su resistencia? ¿más fútbol? ¿más policía? ¿más código penal? ¿limitar el derecho de manifestación? El miedo y los nervios empiezan a cambiar de sitio mientras el dinero y el talento salen de los países.
En todo este juego, la Comisión Europea y muy en particular los comisarios de asuntos económicos y competencia están jugando un papel extremadamente sumiso a las presiones de los mercados financieros y del Banco Central Europeo. Su complicidad con las duras políticas de ajuste está repercutiendo en una desafección de la ciudadanía hacia la Unión Europea que se manifiesta incluso en los países más “europeístas”. La «Europa social”, acallada en los despachos de Bruselas, está comenzando a resurgir en las calles.