Publicación de la Asociación Europeos

«Nos preguntamos por la impermeabilidad de las fronteras, y no nos preguntamos por el bien de los emigrantes»

«Nos preguntamos por la impermeabilidad de las fronteras, y no nos preguntamos por el bien de los emigrantes»

En la puerta de la iglesia de los franciscanos de Tánger, un numeroso grupo de madres marroquíes, varias de ellas con sus bebés, esperan en la Delegación de migraciones. Un claustro franciscano lleno de luz es la antesala del despacho del arzobispo de Tánger, Santiago Agrelo, que en junio cumplirá 72 años, un Pastor que traduce la compasión en gestos de indignación en defensa siempre de los inmigrantes.

En su tránsito hacia Europa, Marruecos es la sala de espera. Y allí con un mensaje evangélico claro y rotundo, transmitido con la sencillez clara y limpia de su alma franciscana ejerce su servicio de pastor que “huele a oveja”, Santiago Agrelo, con una voz que va y viene de orilla a orilla del Mediterráneo iluminando posturas, denunciando vejaciones y acogiendo siempre.

Ventana Europea: ¿Cuál fue su itinerario o camino, puesto que vamos a hablar de emigración, hasta llegar a Tánger?
Santiago Agrelo:
Tánger no es una meta, ni siquiera una etapa de eso que llamamos nuestro camino. Tánger hoy, como ayer El Bierzo o Santiago o Roma o Salamanca, lo mismo que los conventos en los que recibí la formación inicial franciscana, representan en mi vida ocasiones de gracia, tiempos para el discernimiento de lo que el Señor quiere de mí.
Ese itinerario vital ha sido siempre sereno, hecho muchas veces de la mano y siempre bajo la mirada de un Padre, de un Amor, que me acompañó con infinita ternura.
Pienso que Él me sacó de mi casa, que fue Él quien me llevó a los caminos que he recorrido, que fue Él quien me hizo emigrante, y deseo, pido, espero que mi vida sea, por su gracia, una bendición para mis compañeros de camino.

V. E.: ¿Vivió de alguna manera lo que tiene de emigración toda alma gallega?
S.A.:
A los gallegos suelen atribuirnos un sentimiento, que en nuestra lengua materna se llama “morriña”, y que el diccionario define como “sentimiento y estado de ánimo melancólico, en particular el causado por la nostalgia de la tierra”. Confieso que nunca he sentido “morriña”.
Pero confieso también que guardo la memoria de mi tierra como un recuerdo entrañable, que me deja una sensación más gozosa que melancólica, más de presumir que de añorar.

V. E.: Muchos emigrantes africanos viven una experiencia de tránsito en Marruecos. ¿Qué podría aportarnos de su experiencia vital: la suya y la de ellos?
S.A.:
Hablemos de mí, por si ello nos ayuda a comprender mejor lo que diga de los emigrantes.
Como religioso, se pudiera decir que toda mi vida he sido emigrante, pues toda mi vida he estado disponible para lo que otros, mis legítimos superiores, dispusieran de mí. En la profesión religiosa, no solo nos comprometíamos a vivir los consejos evangélicos, sino que jurábamos ir a Tierra Santa y Marruecos si los superiores nos enviaban. Profesar era algo así como liberarte de peso para ponerte en camino. Pero esta especial emigración se vive al mismo tiempo “como quien está en camino”, y “como quien ha llegado ya a tu destino”. Es una paradoja: vives “desarraigado” y al mismo tiempo, “hechas raíces”, como si ya nunca hubieras de dejar el lugar donde te encuentras.
Para los emigrantes no es así: ellos se han señalado una meta, y, si las circunstancias les obligan a detenerse en un lugar del camino, por mucho que sea el tiempo que allí transcurran, la meta tendrá en sus pensamientos y en su corazón más fuerza de atracción que el lugar donde se encuentran.
Me asombra la fuerza, la decisión, la voluntad que los emigrantes ponen en alcanzar una meta que les reserva penas y esclavitudes, y la flojera, la pereza, la dejadez con que avanzamos hacia las fronteras del Reino de Dios los que decimos creer en él.

V. E.: ¿Qué opina de las directivas europeas sobre la emigración y que sirven de “escudo” y «defensa” para salvaguardar las medidas que toma España?
S.A.:
Supongo que el Gobierno español no podrá apartarse por su cuenta de las directivas europeas, pero eso no le exime de responsabilidades en esta materia, pues, si es cierto que las normas se han de cumplir, lo es también que las normas son mudables, y que los Gobiernos tienen voz para pedir que se cambien, y que esa voz puede hacerse un clamor cuando se entienda que se están violando derechos irrenunciables de las personas. El Gobierno español es mudo y, por mudo, responsable, con la Unión Europea, del sufrimiento de miles de personas, y de la muerte en las fronteras del sur de Europa de decenas de miles de jóvenes africanos.
Me asombra la ceguera con que unos y otros mantienen unas directivas tan crueles como ineficaces. Me asombra que alguien suba a venerar un Cristo de madera en un santuario, y baje luego a controlar el estado de las cruces en que se van a desangrar unos cristos de carne y hueso. Me asombra que en el Parlamento Europeo no se levanten voces para reclamar el cambio de preguntas, presupuesto indispensable para que pueda haber un cambio de respuestas: No es civilizado, no es digno de Europa, que nos preguntemos por la impermeabilidad de las fronteras, y no nos preguntemos por el bien de los emigrantes, por su seguridad, por las causas de sus sufrimientos, por lo que podemos hacer para sacarles del infierno en que hemos contribuido a hacerlos entrar.

V. E.: ¿Cómo hacer brotar y descubrir con mucha más fuerza la riqueza que aportan las vidas africanas emigrantes?
S.A.:
No sabría estimar lo que pueden aportar a la economía de una nación estos jóvenes emigrantes, pero tengo experiencia de lo que aportan a la sociedad y a cada uno de los que nos encontramos con ellos: riqueza cultural, riqueza espiritual, formas jóvenes de vivir la fe, formas nuevas de comunión y solidaridad. La sociedad que toma conciencia de la presencia del emigrante a las puertas de su casa, y lo toma en consideración, se preocupa de él, se compromete con él, esa sociedad se está dando vida a sí misma. Yo diría que el emigrante la está salvando mientras ella lo está abrazando.

V. E.: ¿Quiere decir alguna otra cosa?
S.A.:
Una propuesta para el corazón creyente: si la fe en Dios nos lleva a los pobres, los pobres nos llevarán a Dios

V. E.: ¿Qué tiene de franciscano el papa Francisco tan cercano a los emigrantes?
S.A.:
La pretensión de abrazar a todos: que nadie quede fuera de la ternura de la Iglesia. El amor a Jesús: que todos lo conozcan, que todos lo amen, que todos lo sigan. La fidelidad a la misión: que cada cristiano sea un heraldo del gran Rey, un mensajero del Evangelio.