Publicación de la Asociación Europeos

LA EUROPA DE LAS 100 VENTANAS

El centenario de Ventana Europea

Ramón Ajo Sáez. Redactor Jefe de Ventana Europea

LA EUROPA DE LAS 100 VENTANAS

Abril de 1991: sale el primer número de Ventana Europea. Seis meses antes, en octubre del 90, tuvo lugar una asamblea internacional de capellanes de las Misiones Católicas de Lengua Española en Europa, en la ciudad de Bruselas. Allí se decidió la publicación de una revista de las Misiones Católicas dirigida, fundamentalmente, a los emigrantes españoles en Europa. Testigo de aquella reunión fue el entonces presidente de la Conferencia Episcopal Española, don Elías Yanes. Y hasta ahora: 100 números en 23 años.


Desde entonces, la contribución económica de Alemania no se ha resquebrajado, se ha aumentado la de España y aunque haya bajado sustancialmente la aportación de Suiza en el último año, hemos recibido con alegría la aportación de la Subdirección General de Migraciones de España, que ha descubierto, de nuevo, el gran servicio que Ventana aporta a la emigración española en Europa.

¿Por qué nace Ventana Europea? Como se ha repetido en numerosas ocasiones, Ventana tenía unos objetivos claros desde el principio: “Servir de cauce de comunicación entre los grupos de españoles residentes en Europa, promover e incrementar su propia cultura y sus derechos como minoría cultural en las sociedades interculturales de los países comunitarios, dar a conocer y promover modelos de convivencia humana que, desde una perspectiva cristiana y basándose en el respeto y la tolerancia, ayuden al desarrollo de la unidad europea, colaborar con nuestros conciudadanos europeos y con otros grupos y organizaciones de cara a la construcción de la Casa Común Europea, fomentar una mayor comprensión y acercamiento de los ciudadanos europeos a los problemas y realidad de los países latinoamericanos y ser voz de los emigrantes de otros pueblos que todavía no la tienen”.

Podemos decir, con toda humildad, que buena parte de esos objetivos se han cumplido y que se ha intentado, siempre, ser fiel a esos principios. Ventana Europea ha sido, y es, sin duda “el proyecto internacional de más largo alcance realizado hasta ahora por las Misiones Católicas de Lengua Española en Europa”.

 

DENUNCIAS

Ventana ha sido desde el principio un lugar de denuncias, fundamentalmente de las leyes de los países que hacían o hacen que los derechos de los emigrantes no se tengan en cuenta o que la dignidad de los mismos no sea respetada. Ya en el primer número se hacía eco de que el Consejo de Pastoral de las Misiones Católicas en Alemania habían levantado la voz para protestar sobre el peligro que ser cernía sobre los hijos de los emigrantes españoles, según la ley 18/1990, de 17 de diciembre, serían privados de su derecho a la nacionalidad española.

Denunciamos también que a principios de los 90, diez mil niños, hijos de inmigrantes extranjeros, vivían escondidos en Suiza. Salir de la clandestinidad les supondría ser separados de sus padres.

Hemos denuciado la existencia de “sin papeles” en los países más ricos y desarrollados de Europa, aunque ello nos haya acarreado alguna llamada de alguna instancia superior diciendo que “en nuestro país no existen los “sin papeles”.

Hemos hablado de la resurrección del nazismo, especialmente en Alemania y Austria, que estaba conmocionando los cimientos del entonces Mercado Común y cómo la mayoría de los alemanes y austriacos, y los demás, estaban contra la violencia de los “skinheads”.

No ha faltado el tema de la vida del extranjero en la cárcel. Si para un nacional, en cualquier país, es duro, para el extranjero es mucho más, que desconoce el idioma, la legislación, la cultura,…

¡Cómo no!, hemos denunciado la deficiente atención sanitaria a los sin papeles en toda Europa, donde en la mayoría de las ocasiones se reduce a las urgencias o la retirada de la cartilla sanitaria a los inmigrantes en España.

No nos hemos cansado de denunciar, en muchas ocasiones, la muerte de tantos subsaharianos al pasar el estrecho o cruzar por Ceuta y Melilla y el trato, en algunas ocasiones inhumano, por parte de las autoridades españolas.

 

ENTREVISTAS

Una de las secciones punteeras de la revista ha sido la entrevista, donde han aparecido diversos personajes de nuestra vida política, social, eclesiástica y hasta deportiva. Así, en nuestro primer número entrevistamos al entonces presidente del Parlamento Europeo, Enrique Barón, quien nos decía que en la Europa comunitaria los españoles no formaban un colectivo de segunda categoría sino que tenían los mismos derechos que los alemanes o los franceses y que las confesiones religiosas han actuado de manera muy positiva en la unidad europea.

La segunda entrevista, como no podía ser de otra manera se la realizamos a Don José Sánchez, “el obispo de los emigrantes”, donde, entre otras cosas, manifestaba que la sociedad española tenía que reconocer el importantísimo papel de los capellanes (misioneros) en la atención a los emigrantes.

Además, entrevistamos a Daniel Cohn-Bendit, “Dani el Rojo”; a Miguel Indurain, ganador de cinco tour de Francia, que apostaba por una Europa abierta y más unida; a Juan Antonio Samaranch, presidente del COI; a Joaquín Ruiz-Giménez, presidente de UNICEF; a Antonio Beltrán, presidentede la Confederación Europea de Asociaciones Españolas de Padres de Familia en Alemania; a Nicolás Castellanos, obispo en Palencia y misionero en Bolivia; a Manu Leguineche, maestro de periodistas y trotamundos; a Rosa María Muñoz, Hermana de la Caridad de Santa Ana, secuestrata en Ruanda por los hutus; a Matilde Fernández, ministra de Asuntos Sociales; a Federico Mayor Zaragoza, ex secretario general de la UNESCO; a Vladimir Paspuel, presidente de la asociación de ecuatorianos Rumiñaui; a Marina del Corral, secretaria de Estado de Inmigración y Emigración.

Y así hasta cien entrevistas, todas relacionadas con el mundo de la emigración, de las que todos aprendimos mucho.

 

EURONOTICIAS

A lo largo de cien números hemos dado cuenta de la actualidad de cada país, en todo lo que se refería a la vida o a las leyes que podían tener transcendencia para los emigrantes.

Así mismo, hemos relatado la vida de las misiones en los diversos países: encuentros, formación, excursiones, celebración de sacramentos,…

 

CULTURA

En todos estos años, diversas ciudades europeas han sido capitales europeas de la cultura. De todo hemos dado cuenta, además de reseñar y hacer crítica de aquellas películas relacionadas con la emigración.

Y casi todas las exposiciones de las Edades del hombre han tenido cabida en Ventana Europea, así como las reseñas de libros sobre migraciones.

 

RESTAURANTES

Uno de los lugares de encuentro, o de visita, de los emigrantes han sido los restaurantes españoles. Si cerrabas los ojos al degustar algún plato, en muchos de ellos parecía como si estuvieras en España, ya que las raíces son las raíces y no se perdía el sabor español. En Ventana han ido apareciendo, sobre todo en la primera época, locales de españoles a los que pedíamos, ya que salían en la revista, que nos aportaran una receta. Algunas las he probado y, realmente, están buenas.

 

HISTORIAS

En Historias de la historia han ido desfilando decenas de personajes. La mayoría, entre la nostalgia de España y el deseo de quedarse con sus hijos y nietos en el país de emigración. Todos ellos, hombres y mujeres luchadores por su pan y su dignidad, casi todos cercanos a las misiones, donde también vivían su fe.

 

LOS QUE SE FUERON

Algunos de los que pusieron todo su empeño en la supervivencia de Ventana ya no están entre nosotros. Es de destacar el empeño y el entusiasmo de José María López de Ondategui, misionero en París, que decía: “este proyecto hay que apoyarlo como sea, es el único que tenemos en común las Misiones de Lengua Española en Europa”. O Luis Rudé, citado anteriormente, que, junto con otros, siempre estuvo pendiente de que no le faltara el sustento económico a la revista, no en vano tenía el encargo de administrador general de la revista. Y también el entusiasmo, alegría y buen humor de Ángel Henares, misionero en Bruselas, que guardaba todas las actas de las reuniones en el “disco duro del ordenador”.

 

 

 

 

 

 

LOS COLABORADORES  

No podemos acabar sin citar a tanta gente (además de los que escriben en estas páginas) que, sin ellos, no hubiera sido posible la vida de Ventana: Eduardo Lorenzo, Juan Diego Blanco, Juan Rodríguez, Ángel Salinas (Bélgica); José Martín, Jesús Ansó, Eduardo T. Gil de Muro (q.e.p.d. los tres), Julián Abad, Sergio Fernández, Julio Sanz López (España); Serafín del Campo, José Luis López, José María Cabrera, Carlos Martínez, Benicio Rodríguez, Santiago Sastre, Emilio Novoa, Sindo Martín, Jorge Patiño, Santiago Serván (Francia); Isidro Hernández Delgado, Antonio Díaz, José Manuel Iparaguirre, Josefa Castro (Alemania); José y Mª Isabel Baró, Tomás González, Moisés Palmeiro, José Sepulveda, Luis Menes (Suiza); J. Th. Rijk, Carmen Sánchez, Nancy Bernal (Holanda); Ernesto Atanes, Benito Fraile, Segundo Peña (Inglaterra); Juan Miguel Sánchez Quirós (Arts&Press, empresa encargada de la producción de la revista desde el principio); Pepe Magaña, subdirector más de diez años (España y Bélgica). Todos ellos colaboradores en algún momento de la revista. Hay otros muchos que también colaboraron esporádicamente con Ventana y, seguro, nos hemos olvidado de alguien, por lo que pedimos disculpas. En definitiva, que tantos colaboradores hablan del numeroso apoyo que siempre ha tenido la revista en España y en Europa.   

No sería justo excluir de esta “lista” de colaboradores a las diversas congregaciones religiosas, que estaban cerca de las misiones, y que, aunque no escribieran en exceso, sí apoyaban de forma incondicional a Ventana Europea.

No podemos olvidarnos tampoco de Isabel Escondrillas, competente secretaria de la Comisión Episcopal de Migraciones de España, que ha llevado coordinación y el listado de direcciones de la revista, siempre en segundo plano y siempre eficaz.

En las páginas que siguen hay unos cuantos testimonios de las personas que han estado, o están, en la primera línea de batalla de la publicación de Ventana. ¡Gracias a todos!

¡Ah, y Ventana, como dirían José Antonio Arzoz y Luis Rudé, sigue, por lo menos, un año más!

 

Felicidades, Ventana Europea

 

Agradezco el espacio que se me ofrece en la revista Ventana Europea, en el presente número, que hace el 100, para felicitar a todas las personas que, desde la dirección de la misma, a través de sus colaboraciones y sobre todo por el interés de los lectores de la misma, han contribuido y están contribuyendo a hacer posible esta publicación.

 

Cien números, que marcan la vida de Ventana Europea, es como todavía hoy cien años en la vida de una persona, todo un récord, teniendo en cuenta la precariedad de los medios, la dispersión de autores y lectores y la invasión de los medios no escritos, que van arrinconando la prensa escrita. Por eso es tanto más de agradecer la generosidad de los mecenas o instituciones que ayudan económicamente, el esfuerzo y buen hacer de la dirección y del consejo de redacción, así como el interés y la perseverancia de los que escriben o prestan otro tipo de aportaciones y, desde luego, el interés de los lectores.

 

Al llegar a esta altura de los cien números, estoy seguro de que por parte de los responsables se planteará una evaluación y un proyecto de mejora, que, como en toda obra humana, siempre es posible, conveniente y, a veces, hasta necesaria. No para plantearse sueños irrealizables o metas utópicas, que podrían llevar al final de lo que hoy se tiene; pero sí para mejorar algunos aspectos, que, con la ayuda del equipo director, de expertos y de los lectores y destinatarios, pueden ser detectados.

 

Como se dice en los cumpleaños, deseo que Ventana Europea, llegada al número 100, cumpla muchos más.

 

José Sánchez González

Obispo emérito de Sigüenza-Guadalajara

 

 

Bodas de plata con Ventana Europea. ¡Un honor!

 

Asistí a mi primer consejo de redacción de VE el 29 de octubre de 2008 en una gélida Bruselas, casi de tapadillo, (todavía no era director de Migraciones en la CEE, pero sí lo sería en noviembre) en el que se preparaba el número de marzo de 2009 donde aparecieron mis primeros deseos para la revista.

Participaron (y empecé a aprender de los que todavía soy alumno) su ejemplar director José Antonio Arzoz, junto a Vicente Riesgo, Carlos Latorre, Antonio Díaz, José Magaña, María Landa, Theo Beusink, Ángel Salinas, Jorge Puig, Amilcar Ferro, Ramón Ajo y Pilar Samanes. Había compartido un viaje entrañable con Ramón y Pilar, que me llevaron de la mano en este y en otros variados viajes de la vida (¡Todavía siguen siendo maestros en la amistad sincera¡). Desde entonces, seis años, mil conversaciones, algunas con el “entrañable” olor a tabaco del impenitente fumador Theo (se escondía como un chiquillo alguna vez, de las monjas que nos hospedaban, para fumar a escondidas los enormes puros que Ramón traía de España) o en torno a una “gachapá” que me sabía a historia anterior entrañablemente compartida por quienes me acogían. Pronto aprendí y saboreé que estos dos o tres encuentros anuales eran el indestructible lazo que mantenía la amistad y el cariño entre los misioneros españoles de las capellanías europeas de emigrantes.

Testigo, ya con mis sienes plateadas, de 25 números. He cumplido pues bodas de plata con Ventana. ¡Un honor¡

Veinticinco números, mil anécdotas y la gracia de haber podido testificar como Presidente de ASE, editora de Ventana Europea, algunos acontecimientos muy importantes: “Congreso de la familia como factor de integración” en Madrid (2011) tras el Congreso de Leon de 2007; entrega de la medalla de oro de la emigración a D. José Sanchez en el mismo congreso; nueva etapa a principios del 2012 de la revista virtual Migracioneseuropeas.com. Dicho proyecto fue sufragado por el Secretariado de la Comisión Episcopal de Migraciones con el diseño original y la puesta en marcha de Arts&Press. Entrega de la medalla de Isabel la Catolica a Theo Beusink (septiembre 2012); 100 años de la Misión de París (2014) y vísperas de una nueva medalla de la emigración para Rue de la Pompe. He sido testigo del relevo en asamblea de varias juntas directivas en ASE y de varios de sus miembros hasta conseguir un buen equilibrio entre la madurez imprescindible de los veteranos y la sangre nueva de otros más jóvenes…

He vivido una cierta inquietud por los malditos dineros que no llegaban para la revista, (a pesar de duplicar el apoyo de la Conferencia Episcopal Española en estos años) bien por los recortes sociales que la crisis nos arrebató negándonos las legítimas subvenciones de la Administración pública –ahora de nuevo rescatadas–; por el fin de las subvenciones provenientes de algunas instituciones eclesiales europeas y por último cuando nos embarcamos dos años en la ampliación frustrada para ampliar la Red ASE a asociaciones españolas. Comprobando de nuevo el sereno cauce que ha vuelto y que siempre tuvo la Asociación amparadora de Ventana… Sin embargo sin lanzar las campanas al vuelo, tenemos la seguridad al menos económica de que en el futuro Ventana Europea podrá seguir editándose con el mismo formato económico que tenemos (subvenciones y donativos) u otros que se puedan configurar una vez que entre todos hemos saneados las cuentas.

He sido testigo de la ampliación de envíos en el ámbito español y el mayor hueco a la realidad migratoria en España tan condicionada por las injustas políticas europeas de migraciones.

Me alegró mucho amparar la nueva sección “Barrio Europa” tan brillantemente mantenida por Emilio Jose Gomez Ciriano, y promocionar en la sección de Ocio y Cultura la realidad del “cine y las migraciones” llevada adelante por el importante crítico español Sergio Fernández.

Por la confianza que Ramón me otorgaba, no por mis cualidades, he tenido la ocasión de ser el primero que tenía cada nuevo número de VE en mis manos. Ramón me pedía una primera ojeada o revisión. Con lo cual podía disfrutar en primicia cada número, su incisivo contenido, la calidad de sus reportajes, la excelente composición y edición de los mismos… En mi ordenador tenía cada trimestre en PDF una panorámica ajustada y veraz de la realidad de la migración hispana en Europa. Para mi trabajo en la Comisión Episciopal de Migraciones, leer y rastrear la huella de cada número era y sigue siendo imprescindible… Y así lo valoran los obispos de la CEM.

He repasado el número 76, aquel con el que inicié estas bodas de plata con la revista. Allí encontré en las páginas de cartas de los lectores, que Juan B. Lopez de Hannover (Alemania) escribía los siguiente bajo el rotundo título de “HASTA LAS NARICES”: “los políticos españoles están a la greña continuamente, no se respetan, el “y tú más” está a la orden del día, solo les importa el poder, que el enemigo muerda el polvo, y lo peor de todo es que nos utilizan para conseguir nuestros votos y estar en la poltrona”.

Como veis Ventana Europea se ha distinguido entre otras muchas cosas por el afán crítico y denunciante de los que en ella escriben. Ha sido y es alternativa fresca y libre a la información oficialista.

Para intentar que eso no prosiga, sobre todo en la actuación política y social con los emigrantes españoles e hispanos seguimos alumbrando la realidad desde nuestra Ventana. La que abre sus puertas al horizonte europeo para hacer aflorar la importancia social de la migración española e hispana. “Un fenómeno que marca época” en frase de Benedicto XVI

Somos las historias que vivimos o que leyéndolas las hacemos nuestras. Y yo he sido testigo directo de muchas historias de vida en los 25 números de los 100 que ahora celebramos.

Lo dicho: ¡Un honor¡

 

José Luis Pinilla

Director del Departamento de Migraciones de la CEE

 

¡Cuánto me alegro…!

 

¡Cuanto me alegro de este cien aniversario!   

¿Cómo ha llegado a centenario algo que nació tan débil? Cada vez que nos reuníamos, siempre había un punto en el orden del día: “Enterrar Ventana Europea”, porque no era sostenible económicamente y para el próximo número no había presupuesto, pero siempre llevaban un “as” en la manga los suizos o los alemanes -que eran “tardos”-, aunque generosos, en poner sus francos o sus marcos en la mesa para poder continuar. A los franceses, belgas, luxemburgueses, ingleses y españoles nos sobraba ilusión y colaboración para continuar con el proyecto que era de todos y para todos y olvidarnos, así, del viejo boletín enviado desde la calle Añastro. Era un plan compartido y una decisión tomada sin retorno. Tenía que ser algo de todos y para todos.

 

Amigos, no porque haya cumplido los cien debéis “enterrarlo”, pues se siente joven, ágil y de “buen leer”.

 

Ánimo y enhorabuena.

 

Pedro Puente

Cofundador de Ventana Europea

 

 

El balcón del centenario de la casa común

 

La casa estaba bien construida, los cimientos eran sólidos, el edificio agradable a la vista y había mucha vida dentro pero debido al trasiego de gente que entraba y salía de ella necesitaba algunas mejoras. En la reunión de la comunidad de vecinos donde se planteó el asunto se decidió aprovechar la ocasión para abrir un balcón en la fachada principal porque las ventanas daban a un patio interior. El balcón daría señorío a la casa y permitiría asomarse a la Plaza Mayor para ver a la gente que toma café en las terrazas o se concentra para reivindicar sus derechos humanos y ciudadanos. Así fue, más o menos, el origen de Ventana Europea que se creó para ser el principal “balcón de papel” de las Misiones Católicas de Lengua Española en Europa. La “casa europea” tenía muchos balcones, cada Misión tenía el suyo, pero un puñado de intrépidos misioneros apostó por hacer uno para todos y todos para uno. Primero llamaron a los arquitectos para comprobar la resistencia del edificio, luego llegaron los albañiles con pico y pala para abrir el hueco en la pared y después los herreros y los pintores que le dieron el toque final a la balconada. La verdad es que con el “balcón” la casa mejoró mucho, tenía más luz al interior y mejores vistas al exterior. Al principio hubo vecinos que protestaron porque les parecía que la casa estaba bien como estaba y no querían meterse en obras. A partir de ahí, las pequeñas “ventanas” de las Misiones Católicas de Lengua Española en Europa se transformaron en una única Ventana Europea. Así se abrió la balconada y las casas dejaron de ser “solitarias” para convertirse en “solidarias”.

 

En los últimos 20 años, las Misiones han cambiado mucho –por falta de misioneros, integración de los inmigrantes de la segunda y tercera generación y nuevas migraciones con diferentes necesidades– lo que ha obligado a hacer obras en la casa. En unos casos solo se ha tratado de reparaciones interiores pero en otros ha habido que remodelar todo el edificio. Desde el balcón de Ventana Europea se han pregonado las obras llevadas a cabo por las Misiones: servicios pastorales y sociales que ofrecen las Iglesias a los emigrantes, defensa de los derechos humanos y divinos de los migrantes sin distinción de raza, país o credo, denuncia del racismo y la xenofobia, apuesta por una Europa cimentada en los valores del humanismo cristiano…

 

Al asomarme al balcón de Ventana Europea me embargan tres sentimientos: Agradecimiento por haber tenido parte activa en el invento y en su posterior devenir; alegría por los amigos que he hecho en el camino y esperanza de que el “balcón” siga abierto durante muchos años procurando darle, de vez en cuando, una mano de pintura a los barrotes para que no se oxiden con la “lluvia ácida” que está cayendo sobre nuestra sociedad en general y sobre la emigración en particular. ¡Feliz cumple-cien-números de papel!

 

Julián del Olmo

Primer redactor-jefe de Ventana Europea

 

Ventana, mucho más que una revista

 

Comencé a formar parte de esta revista en enero de 2001, cuando me incorporé a la Comisión Episcopal de Migraciones. “Ventana” ha sido para mí mucho más que una revista; ha sido una ventana a mundos, hasta entonces desconocidos para mí, que han configurado una parte de mi vida.

 

Encontrarme con esa ventana, me ha abierto horizontes. Al asomarme he visto:

• A la emigración española de los años 60, que me ha ayudado a meterme en la piel de aquellos que lo dejan todo buscando un futuro mejor. Tomar contacto con las comunidades de la emigración, me ha acercado con una mirada distinta, nueva, a los inmigrantes en España.

 

• A los capellanes que salieron con ellos, conscientes de que merecía la pena el viaje, sólo por el hecho de “acompañar” esa vivencia de exilio, y ser para ellos, escucha, palabra y cercanía.

 

• A las comunidades cristianas que buscan a Dios. Cuando la gente lo deja todo, busca cómo vivir la fe en comunidad y esa fe le lleva a luchar por los derechos humanos, por la justicia y por la defensa de los más pobres.

• A Europa y su historia de construcción/deconstrucción, con su riqueza y sus miserias, como icono de contrastes sociales y también, por supuesto, como fuente de esperanza para muchas personas.

A través de esa misma ventana, he tenido la suerte de construir relaciones personales que también me han hecho crecer, disfrutar, compartir… Ha sido un espacio de amistad, de oxígeno y de vitalidad.

 

Por todo ello, y por más cosas que son difíciles de describir en unas pocas palabras, el nombre Ventana Europea me evoca una experiencia interior de salir, de contemplar, de luchar, de creer, de apostar… y creo que es una suerte poder seguir celebrándolo juntos, ahora un poco más en la distancia.

Gracias a todos los que, desde el principio y hasta ahora, habéis creído en el proyecto.

 

Pilar Samanes

Directora del Departamento de Migraciones de la CEE de 2001 hasta 2008

 

 

Un sueño hecho realidad

 

En la primavera de 1991 se hizo realidad lo que fue durante muchos años un sueño de las misiones católicas españolas en Europa: disponer de una revista de calidad y con difusión internacional.

Este sueño hecho realidad se llama Ventana Europea, cuyo primer número apareció con fecha de abril de 1991, si bien llegó a nosotros a primeros de junio. Se trataba de una revista a todo color con 48 páginas, muy bien impresa. Lo previsto era que ese año salieran 3 números en plan de prueba; si todo resultaba bien, en adelante saldrían 10 números al año, que se venderían al precio de 250 pesetas o 4,00 DM. Con el tiempo quedaron reducidos a 5 o 6 números anuales y fueron menguando también el número de páginas

Del primer número la Misión de Nürnberg solicitó 100 ejemplares, que se distribuyeron gratis, como promoción, despues de las misas del 9 de junio. De entrada se suscribieron 50 personas en el territorio de la Misión y 26 en España, y me comprometí a vender otros 50 números cada vez.

Entré a formar parte del comité de redacción, que empezó reuniéndose cada cuatro meses, siempre en un país distinto,- Alemania, Bélgica, España, Francia, Gran Bretaña, Holanda, Luxemburgo y Suiza-, para preparar dos números sucesivos.

No siempre pude asistir a las reuniones del comité de redacción, pues normalmente comenzaban los domingos por la tarde y a mí me resultaba muchas veces imposible, dado que, además de la misa en Nürenberg, que celebraba todos los domingos y fiestas a las 10 de la mañana, tenía otra al mediodía y otra por la tarde en diversas ciudades de las diócesis de Nürnberg y Regensburg, excepto los primeros domingos de cada mes y los quintos, que ocurrían cada 2 o 3 meses.

Guardo un recuerdo entrañable de las reuniones a las que pude asistir, pues el clima era de trabajo duro y responsable, pero a la vez, fraternal y distendido. Después que terminábamos la preparación de los dos números proyectados, finalizábamos la jornada visitando algo importante de la ciudad donde nos reuníamos y tomando unos “lapiayucos”, es decir, unos “bebedizos” en consonancia con las costumbres del país.

Recuerdo la gracia que le hizo a Pilar Samames, cuando le pedí a un camarero en Montmartre una “gaxapá” de cerveza, es decir, una jarra grande. Siempre que nos encontrábamos me decía al saludarme: “Alberto, luego tenemos que tomar una gaxapá para despedirnos”.

La última reunión del consejo de redacción a la que asistí tuvo lugar en Zürich, adonde acudí en coche el domingo 30 de abril de 2006. Al poco de llegar comencé a tener dolores en la zona renal. El encuentro transcurrió con normalidad y el martes 2 de mayo regresé a Nürnberg. Como las molestias no pasaban con los remedios habituales, acudí al ortopeda, profesor Dr. Stuhler –que me había operado de ambas caderas- y sospechó que podía tratarse de una hernia discal: Me operó el 27 de septiembre de ese mismo año.

El Domingo de Pascua, 8 de abril de 2007, me despedí de mi comunidad en Nürnberg y a los tres días regresé a España, de camino a los 75 años, despues de haber trabajado en la Misión católica de lengua española de Nürnberg durante 32 años y otros 9, anteriormente, en Holanda.

Pero mi vuelta a España no supuso que olvidara a Ventana Europea, pues sigo recibiéndola puntualmente y alguna vez apareció en ella un artículo mío: el último sobre el Katholikentag, que se celebró a Regensburg del 28 de mayo al 1 de junio de este año, en el que participe.

 

Alberto Torga y Llamedo

Cuarenta y un años de misionero en Europa. Ahora, jubilado en Nava (Asturias)

 

 

El migrante nunca es solamente pobre

 

 

Cuando fui invitado a formar parte de la redacción, me presente a la primera reunión editorial con una reserva seria y sincera: que la presentación de la publicación me parecía demasiado bonita; me gustaban el nombre de la revista y el contenido de los números, pero no la presentación. Cubierta y composición me parecían de un nivel muy profesional pero de un carácter más bien lujoso y comercial; no reflejaba el ambiente que hay en el mundo de la movilidad humana donde reina la pobreza y la miseria.

 

Pero quede convencido de lo que me contestaron y explicaron en esa primera reunión editorial. El migrante nunca es solamente pobre. Si abandona su patria lo hace para superar la pobreza. El migrante se organiza perspectivas, y necesita hacer esto por las muchas cualidades con que ha nacido; están le obligan a buscar oportunidades. El migrante sueña y trabaja con tierra nueva y cielo nuevo, se abre ventanas nuevas de forma brillante en Europa o donde sea y todo esto no merece una hoja pobre.

 

Volví a casa de las reuniones editoriales tan concientizado e inspirado que ahora nuestra revista brillante cuenta en la Casa Migrante de Ámsterdam con un trío de colaboradores felices y conscientes: Carmen, Nancy y el infrascrito.

 

Theo Beusink

Director de Casa Migrante (Amsterdam)

 

 

El balcón del centenario de la casa común

 

Recuerdo los años de mi trabajo en la emigración cuando cada uno de los capellanes intentábamos dar noticia de nuestros trabajos y preocupaciones con una pequeña publicación casera que distribuíamos entre nuestros feligreses. Muchas veces, en nuestras reuniones echábamos de menos una revista que recogiera más formalmente la vida y la problemática no ya tan casera sino más general de la emigración. Finalmente, nació la revista Ventana Europea que nos ayudó a estar en comunicación y a conocer las iniciativas y los trabajos de tantas personas que trabajan en estas tareas.

Actualmente, desde mi jubilación y como ayudante en una parroquia de Pamplona sigo con gran interés la revista que me ayuda a no encerrarme en este pequeño mundo parroquial.

Evidentemente mi preocupación actual se centra en los problemas de la inmigración. Según el “Diario de Navarra”, en 2014 hay censados en Navarra 59.363 extranjeros, un 9,3% de la población total. Quedan lejos de los 71.600 que había en 2.011 por dos motivos: algunos se han vuelto a sus países ante la crisis por falta de trabajo y muchos se han nacionalizado. De todas maneras es una proporción importante que plantea algunos retos a la sociedad y a la Iglesia. El mismo diario, después de un estudio titulaba de la siguiente manera: “La población inmigrante y los navarros coexisten sin hostilidad, pero no conviven. El Gobierno impulsa 16 medidas para vanzar hacia la integración”. Entre estas medidas están, por ejemplo, las siguientes: Fomento de los espacios de socialización y de interacción entre jóvenes inmigrantes y autóctonos. Apoyo a las asociaciones de personas inmigrantes para la promoción de la diversidad cultural. No cabe duda de que estas medidas van en la buena dirección.

En la pastoral, sucede algo parecido. Todos decimos que en la Iglesia no hay extranjeros en el sentido de que todos debemos sentirnos y participar con el mismo derecho, pero también se puede entender que no hay extranjeros porque no vienen. Es cierto que muchos acuden para pedir el bautismo o incluso para la catequesis, pero la participación en la actividad parroquial es escasa. No creo que haya algún extranjero en los consejos parroquiales.

En la diócesis, el delegado diocesano de la pastoral de migraciones, ha constituido un grupo que quiere impulsar esta participación buscando una integración respetuosa de la identidad cultural y religiosa de las personas. En el grupo tienen cabida varias personas inmigradas. Varias de estas personas han visitado los diversos arciprestazgos para sensibilizarlos en estas tareas.

 

Ángel Sánchez de Muniain

Misionero en Luxemburgo, jubilado en Pamplona

 

Ventana y yo

 

Me subí al autobús de Ventana Europea en el verano de 1996, la primera vez que pasaba por delante de mi parada. Y desde ese primer viaje supe que me iba a enganchar para siempre. Mis pronósticos no fallaron.

 

En ese verano Julián del Olmo era el redactor jefe de la revista y Pepe Magaña desempeñaba las tareas de coordinador internacional. Fue él quien me propuso hacer un publirreportaje para Ventana Europea de la empresa ALSA. La empresa ofrecía viajes desde España a Europa con unos precios muy ventajosos para los emigrantes españoles. Y no pude decir que no. Así que preparé mi maleta y me subí en Madrid en un autocar de ALSA, del cual me apeé treinta horas después en Londres. Por cierto que en ese trayecto mi compañera de asiento fue una joven que posteriormente ganaría el Premio Planeta de novela, la escritora Espido Freire. En esos momentos era una estudiante que viajaba de au pair a Londres. La Misión Católica de allí fue la primera con la que contacté, así como los españoles que vivían y trabajaban en la capital inglesa fueron para mí los primeros emigrantes españoles con los que me relacioné. Además del publirreportaje, recogí material para publicar seis o siete cosas más en la revista. Y a partir de ahí ya no paré. Me convertí en una colaboradora habitual y tres años después, en 1999, cuando Julián del Olmo decidió emprender otros retos profesionales, yo asumí la jefatura de la redacción por tres años.

 

Recuerdo con emoción profunda todos y cada uno de los viajes, la programación de los números siguientes, su elaboración, el contacto con los colaboradores, los textos que tardaban en llegar, tanto, que incluso parecía que no corrían.… Tantos años después me parece una experiencia inolvidable todo aquello, siento el honor de haber conocido a personas como José Antonio Arzoz, Vicente Riesgo, Alberto Torga, Sánchez de Muniaín, Eduardo Lorenzo, Carlos Latorre… Auténticos referentes en la emigración y en las misiones españolas.

 

Y en 2002 retomé mi papel de colaboradora algo menos habitual. Desde entonces no he dejado de interesarme por la revista y de aportar mi granito de tinta siempre que me lo han pedido. Y es que fui proventana, soy proventana y creo que mientras Ventana Europea exista tendrá en mí una de sus defensoras más convencidas. Adoro el proyecto y celebro que haya podido ver la luz al menos cien veces. Brindo por los cien números siguientes.

Besos a todos los lectores.

 

Nieves Arroyo

Redactora-jefe de Ventana de 1999 hasta 2002

 

El alma de Ventana Europea

 

Cien números de Ventana Europea reflejan casi un cuarto de siglo de una mirada particular sobre la historia de la emigración hispanohablante en Europa que me ha tocado vivir muy de cerca. Como miembro del consejo de redacción desde los inicios de la revista, fui testigo y admirador de los esfuerzos de su primer redactor jefe, Julián del Olmo, para promover debates sobre la realidad vivida por los emigrantes, identificar las cuestiones de fondo que marcan el discurso y la política migratoria en cada país de residencia y dotar así a la revista de un “alma” propia.

No era fácil, en aquellos momentos iniciales, hacer confluir en una línea común expectativas diferentes, y a veces divergentes, sobre lo que debería ser un órgano escrito compartido de las Misiones Católicas de Lengua Española en Europa. Los que nos reuníamos (residentes principalmente en Alemania, Bélgica, Francia, Holanda y Suiza) veníamos marcados por experiencias migratorias, enfoques pastorales, contextos políticos, institucionales y eclesiales variados que, aunque compartían muchos elementos comunes, se diferenciaban –y se siguen diferenciando– en aspectos fundamentales. No es lo mismo ser emigrante español en Bélgica que en Suiza así como tampoco la Iglesia tiene el mismo tipo de presencia institucional y pública en Francia que en Alemania o en Holanda.

¿Debe ser Ventana Europea predominantemente una revista sobre temas religiosos para emigrantes o una revista de la Iglesia que enfoca la realidad socio-política de la emigración desde la perspectiva del Evangelio? ¿Conviene hacer una única revista para todos los países o mejor sólo unas pocas páginas comunes para todos y una especie de separata específica para cada país? ¿Debe parecerse Ventana Europea a la Hoja Parroquial, priorizando las informaciones de interés local, o más bien buscar temas que puedan ser también de interés para los lectores residentes en otros países? ¿Debe la revista “tomar parte”, poseer un carácter reivindicativo o más bien evitar los temas conflictivos?

El espíritu abierto, crítico y discursivo que animó los debates sobre estas controvertidas cuestiones permitió a la revista encontrar su camino y convertirse en testimonio y memoria – entre tanto ya imprescindible – de la andadura de los emigrantes hispanohablantes en Europa, identificando y articulando en experiencias diferentes intereses comunes. Así Ventana Europea, iniciada con la vista puesta en los emigrantes españoles, supo hacerse bien pronto eco y portavoz de los problemas de la emigración procedente de los países hispanoamericanos y levantó su voz de forma muy especial contra el trato dado a las personas sin residencia legal en la Unión Europea.

También la historicamente tan relevante transformación de España en país de inmigración -que coincidió temporalmente en gran medida con el propio desarrollo de la revista- encontró interés y amplio espacio en las páginas de Ventana Europea. Con la organización de las dos Jornadas de Estudio, en 2007 en León y en 2011 en Madrid, Ventana Europea quiso presentar la experiencia y la reflexión de la emigración española en Europa como elementos válidos y necesarios para articular en España una política de inmigración que incluya el punto de vista del inmigrante.

Y precisamente ahora que llega abundante una nueva emigración española hacia el centro de Europa, se puede percibir mejor la importancia de haber mantenido vivas la memoria, las experiencias y las instituciones de la vieja emigración, que nunca dejó de existir, ni siquiera en los largos años de la bonanza económica, en los que España –en actitud propia del “nuevo rico”– voluntariamente la ignoró. Como sismógrafo fiel de la realidad social de la que surge, Ventana Europea intenta ahora reflejar también las vivencias de esa nueva emigración –tantas veces negada y voluntariamente ignorada por las autoridades españolas– y se ha convertido ya en puente de encuentro entre nuevos y viejos migrantes.

A mi modo de ver, el “alma” de Ventana Europea ha sido su fidelidad a la realidad, reflejo de una acción pastoral abierta al mundo, que parte de las necesidades vitales de las personas, sale “a la periferia” y se empeña en construir una sociedad respetuosa de los derechos inalineables de la persona, más justa y más fraterna. “Cuanto hicistéis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mat. 25,40). En este sentido, cabe desearle a Ventana Europea que siga fiel a su alma y muchos años más de vida.

 

Vicente Riesgo Alonso

Colaborador de Ventana en Alemania

 

 

Un sueño hecho realidad

 

En primer lugar, mi más cordial felicitación a todos los responsables de la revista Ventana Europea que va a celebrar su número 100.

 

Quiero hacerme presente en esta celebración que considero muy importante. Mi larga historia en la emigración, llegué en septiembre del año 1981, me da pie a seguir participando en actividades importantes que quieren ser punto de apoyo para todos aquellos que viven en situaciones un poco difíciles al estar fuera de sus países y encontrarse, muchos de ellos, sin apoyos para poder organizar sus vidas.

 

Justo el año que yo llegaba a Zürich, en septiembre del año 1981, se dio por terminada una de las revistas que marcó época en la emigración, “Buho”. Durante 10 años (del 1971-1981) fue estandarte y guía en el desempeño de mantener lazos, raíces y marcar tendencias en la emigración. A menor escala continuó “Papel”, más centrada en la Misión de Zürich. Por aquel entonces cada Misión tenía importantes medios de comunicación. Destacamos algunos de ellos: “Nuestro caminar” en la zona Flawil, St Gallen; “Hoja Informativa” de Kloten Winterthur; “Compartir” (Berna) y otras hojas que circulaban por las Misiones.

 

En la Asamblea de Misioneros de 1988, en Einsiedeln, se llega a un acuerdo de publicar conjuntamente una revista nacional, “VENTANA”. Posteriormente alcanzaría el rango internacional, Ventana Europea. Lo que inicialmente se propuso de querer ser órgano de opinión sobre la problemática de la emigración, abierta de par en par para hacer cercana la vida a los hombres, se comenzó a realizar en el año 1991. Se realiza la fusión de las revistas más notables. Se entra en la “casa común” sin fronteras, Europa. Un sueño hecho realidad entre las diversas comunidades emigrantes y puente de comunicación con todas las personas. Ventana abierta por donde entre la luz y el oxígeno a sus lectores.

 

Veintitrés años manteniendo el empeño de las Misiones Católicas de Lengua Española en Europa para seguir siendo cauce de comunicación entre españoles residentes en europa y promover e incrementar su propia cultura, dar a conocer y promover modelos de convivencia humana, colaborar con nuestros conciudadanos europeos y acercarnos a los problemas y realidad de los países latinoamericanos que en estos momentos son un número notable de conciudadanos.

 

Animo y alabo el interés manifestado por las entidades responsables de esta andadura: Departamento de Migración de la Comisión Episcopal de emigración de España; a los Delegados Nacionales de las Misiones Católicas; a los colaboradores y lectores de la revista para que sigan apoyando a Ventana Europea.

Mi más cordial felicitación.

 

Pedro Gil Ruiz

Misionero en Zurich

 

Ventana, una joven centenaria

 

Creo que fue a finales del 2004 cuando Pepe Magaña me invitó a asistir por primera vez a una reunión de Ventana Europea. Iba con pies de plomo y estaba a la expectativa. En tanto que mujer y laica, me encontraba en minoría (entonces solo Pilar Samames representaba el género femenino). Afortunadamente ahora las cosas han cambiado… un poco. La acogida fue amical y lo que allí vi y escuché me convenció. Unas cuantas “gachapás” más tarde, ya me sentía en mi elemento. ¡Iba “de paso” y ya han pasado diez años!

 

Ventana me ha permitido profundizar en el mundo de la inmigración española de otros países europeos, y compararlos con los de Bélgica. Aunque los problemas de base que se presentan a cada persona que decide emigrar (desarraigo, dificultades de aprender un nuevo idioma, alejamiento de la familia, etc.) son los mismos, cada país de acogida tiene su propia especificación, sus exigencias legales y sus dificultades culturales más o menos concordes con las del inmigrante. No es lo mismo para un andaluz llegar al norte de Alemania que al sur de Francia.

 

Ha sido enriquecedor para mí conocer las raíces de la inmigración española. El camino recorrido por los que hace más de medio siglo, llegaron con sus miedos, sus esperanzas y su coraje dentro de una maleta de cartón. Y sobre todo he podido valorar el enorme trabajo de las Misiones y de sus delegados, no lo olvidemos, ellos también confrontados con las diversidades y dificultades del país que les corresponde abarcar.

 

En las reuniones, cada representante expone la situación económica, social y las actividades culturales del momento en la región que les corresponde. Las dificultades que se presentan a los actuales y a los nuevos llegados así como la evolución de la actualidad del país en relación con la situación europea. Todo esto permite tener una visión de conjunto que se reflejará luego en el nuevo número que se prepara y que dará a los lectores de la revista, la oportunidad de salir de los límites de su barrio, región y país para conocer otros horizontes y estar al tanto de lo que pasa fuera y dentro de España.

Felicidades a Ventana Europea por sus 100 números, llevados con garbo, energía y la curiosidad propia de una joven centenaria.

 

Maritxu Landa

Colaboradora de Ventana en Bruselas

 

Ventana, compañera en mi actividad humana

 

 

Desde su nacimiento Ventana Europea ha sido y es compañera en mi actividad humana, social y religiosa en este país y más en particular en Friburgo, donde ejerzco mi sacerdocio.

Una compañera de ruta a la que estimo y deseo larga vida.

Mi gratitud a los progenitores, a los que la ayudaron a crecer y a lo que la sostienen ahora.

Miguel Blanco

Delegado nacional de misioneros en Suiza

 

Sensaciones y pareceres

 

Ventana Europea lleva ya cien números. Los míos son muchos menos. Llegué a Bruselas hace siete años. Pisé la ciudad con respeto, y las calles de mi zona como una misión. Y una misión porque así es.

Conocía la emigración a través de la literatura, la prensa, las revistas sociales. Era más bien oyente, teórico, no practicante. Pero el contacto con la gente, primero con los asturianos y luego con los latinos, y con los misioneros (capellanes de otros países) poco a poco he ido descubriendo la vida de muchos emigrantes y de gente que les ayudó mucho. Como por ejemplo Eduardo que había sido su párroco muchos años. Cura obrero, abogado para defenderles, cercano y remedio para muchos, popular en los corrillos, divertido en el bar de El Cabraliego.que esperaba a los emigrantes con sor Fabiola en el andén de la Gare du Midi. Les buscaba un sitio para pasar la noche. Y al día siguiente, llamando a muchas puertas, para encontrar trabajo. Bien merecería una calle ese hombre, ese dominico serio e inteligente. Después llegó Pepe. Otro hombre, otro estilo, con la misma dedicación y sabiduría. Pero al cabo de tres años, Pepe se va y allí caigo yo.

 

Desde el año 2008, las tradiciones siguen: mismo número de bautizos, funerales y comuniones. Con todo, hay algo que me sorprende, y es que en la misa del domingo somos constantes y fieles. Tenemos conciencia de lo que celebramos todos. Y aprendemos a valorar esa hora como el tiempo mejor empleado de la semana.

 

Uno de los medios que me han servido para esto ha sido la revista Ventana Europea y las reuniones que tenemos para preparar la revista. En ellas lo he pasado francamente bien: hay diálogo, comunicación, alegría, empatía,… Es un viaje y un encuentro al que nunca he puesto pegas, ya que siempre voy con muchas ganas.

Agradezco mucho a todos los que iniciaron la revista, a los que la han mantenido y a los que siguen (seguimos) el esfuerzo de mantener un proyecto común entre todos. Creo que es un medio que sirve (y mucho) a los emigrantes y a los misioneros.

 

Jorge Puig.

Misionero en Bruselas

 

 

“Y que cumplas muchos más…”

 

 

Cuando celebramos un cumpleaños cantamos “y que cumplas muchos más”… El cumpleañero vive momentos de especial emoción al constatar que otros comparten también con mucho gozo sus años de vida. Celebro especialmente los 25 últimos números de Ventana Europea, pues desde el año 2008 formo parte del equipo de redacción. Pero también felicito y celebro con todos los que hicieron posible el nacimiento de esta “Ventana”.

 

En estos cien números hay mucha vida con nombre y rostro propios. Asomado a esta ventana me he encontrado con gentes de diferentes edades y orígenes, hombres, mujeres y niños, algunos no nacidos. He visto llorar de impotencia y agotamiento a causa de los sufrimientos y fracasos ocasionados por nuestra terrible injusticia social.

 

Al tiempo y, siempre desde esta ventana, he visto saltar de alegría, llorar de alegría, porque “genta justa y solidaria” ha estrechado la mano de quienes buscaban un mundo mejor y han hecho realidad los valores del Reino. Desde la ventana de estos cien años entonamos un himno sinfónico a la esperanza, porque son muchos los que han querido responder positivamente al “¿Qué estás haciendo de tu hermano extranjero”? y se han tomado al pie de la letra el texto de Mateo 25: “Fui forastero y me acogiste”. Estar en el equipo de redacción desde París me ha ayudado a mantenerme al día sobre las directrices de la pastoral de los migrantes en la Iglesia de Francia, así como de otros tantos colectivos y asociaciones: La Cimade, Gisti, Secours Catholique,… Esto me ha comprometido a estar alerta de las políticas y leyes que sobre extranjería y migración han ido anunciando los diferentes gobiernos de la república francesa: N. Sarkozy, F. Hollande con sus respectivos primeros ministros y ministros del interior. Todo ello me hecho más sensible a este mundo, compartiendo alegrías y penas con nuestros emigrantes hispanohablantes, participando en algunas manifestaciones hasta la Plaza de la Bastilla, o ante los diputados de la Asamblea Nacional en Paris, incluso ante el mismísimo Parlamento Europeo de Estrasburgo. Es tarea de Iglesia, es signo de solidaridad, de cercanía, de humanidad. Es convivir en las periferias. Y todo gracias a que “la Iglesia es una madre sin límites ni fronteras que acoge al inmigrante”, como acaba de decir el papa Francisco durante la audiencia que concedió el pasado 21 de noviembre en el Vaticano a los participantes del VII Congreso Mundial de la Pastoral de los Migrantes.

 

No me queda sino un agradecimiento para los amables y generosos lectores, para aquellos que han apostado continuamente por esta revista –a pesar de las muchas dificultades– y a todo nuestro equipo de redacción. Y, mientras brindamos, cantamos el “y que cumplas muchos más”…

 

Carlos Tobes

Misionero en París

 

 

Felicidades por los 100 números

 

 

Queridos amigos de Ventana Europea: Felicidades por los 100 números de la revista. La he seguido con atención. La hemos apoyado firmemente desde la Comisión Episcopal de Migraciones. El proyecto merecía –y merece- la pena. Para mí, junto con el encuentro con los Delegados Nacionales de las Misiones Católicas de lengua española en Europa, es un medio imprescindible para acercarme a la realidad de nuestros queridos emigrantes españoles en Europa.

Convivió durante unos meses con el llamado “Boletín informativo “ de la Comisión Episcopal de Migraciones, que era el órgano de comunicación que se ofrecía desde 1971. Y luego, tras 247 números del Boletín, Ventana Europea cogió el relevo. Como una hija hermosa, nacida de buenos padres, fue creciendo y recogiendo con fidelidad y creatividad muchas de las claves que la Iglesia ha ido ofreciendo en su tratamiento sobre las migraciones.

Escribo estas letras justo cuando el Santo Padre acaba de pronunciar un profético discurso ante el Consejo de Europa reclamando la necesaria revitalización de lo mejor de la identidad de Europa. Una identidad y unos valores a los que han contribuido tanto y tan bien los emigrantes españoles. Ventana Europea contribuyó a destacar las aportaciones de nuestros emigrantes y denunció cuando estos no eran bien tratados. Deseamos que lo siga haciendo.

Doy gracias a Dios por el gran servicio que ha realizado. A su director, D. Jose Antonio Arzoz, al redactor-jefe D. Ramon Ajo, a la empresa editora “Arts Press” y a todos los corresponsales, colaboradores, etc. Quiero agradecerles su entregado, generoso y fiel servicio

Deseamos que siga creciendo. Y así se lo pido al Señor.

“¡Ad multos annos!”.

 

Ciriaco Benavente.

Presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones

 

 

Asomado a Ventana…

 

He llegado hace poco. En septiembre de 2011 me incorporé al equipo de la Misión Católica de Lengua Española de Zúrich. Y, desde entonces, tengo la suerte de formar parte de este proyecto que se llama Ventana Europea.

Sin lugar a dudas, no es simplemente una revista. Aquí hay, sobre todo, un hermoso empeño por hacer circular la vida y las inquietudes del mundo migrante, una tribuna para crear conciencia de las situaciones, los problemas, los desafíos; un altavoz que se hace eco de miles de hombres y mujeres en cuyos corazones anida el anhelo de una vida mejor, de un futuro más digno y justo.

 

Asomarme a esta Ventana me ha permitido conocer mejor la realidad, indignarme ante las mentiras ideológicas que circulan alentadas por intereses partidistas, conmoverme con las historias de superación de tanta buena gente, saludar con esperanza tantos proyectos concretos que han ido viendo la luz gracias al esfuerzo de misioneros, laicos e instituciones que creen en la justicia y en la dignidad de cada ser humano… Asomarme a Ventana, número tras número, me ha aportado más lucidez, más determinación, más ganas de seguir sirviendo a cuantos, con papeles o sin ellos, sea cual sea su país de origen, queremos hacer de Europa un hogar para todo.

 

Juan Carlos Rodríguez

Misionero en Zurich

 

Ventana Europea. Mis recuerdos

 

 

Mi contacto con la revista Ventana Europea comenzó en la Misión Católica de Lengua Española de Zürich, Suiza.

Desde sus comienzos la revista contó con el apoyo de la Misión, que renunció al propio Boletín para hacer causa común con las Misiones de emigrantes de otros países europeos. Se vio en este proyecto la mejor opción para apoyar a los emigrantes de lengua española en Europa a través de la mejor coordinación de las distintas Misiones: La revista se convertía así en una ventana de apertura a nuestros vecinos europeos.

A mí me pareció en aquel momento una decisión acertada. Y así, cuando en 2001 asumí la dirección de la Misión de Zürich, la apoyé en todas las reuniones del Consejo de Administración, para que los emigrantes que lo desearan, la pudieran recibir en sus domicilios por correo.

Encontré en la revista un espacio de información y opinión sobre lo que estaban viviendo los emigrantes en otras naciones de Europa y la oportunidad de ir conociendo los nuevos caminos que se iban abriendo para solucionar sus problemas. Dicen que las penas, compartidas disminuyen y las alegrías, se multiplican.

La publicación en la revista de las entrevistas a personas que yo consideraba significativas me apareció un medio excelente para reconocer sus servicios en favor de la comunidad emigrante. Han pasado los años, pero sigo recordando las palabras de D. José Rubio, ya fallecido, que al indicarle lo interesante de sus opiniones me respondió: “¡Es que yo admiro mucho a los misioneros!”. Yo también le admiraba a él, pues desde sus opciones políticas había sido siempre un gran luchador en favor de los emigrantes de Zürich.

Los encuentros periódicos de la directiva de la revista para preparar cada número, merecen un subrayado especial. Yo los esperaba con ganas por lo que suponían de intercambio de ideas y conocimiento de cómo se iban desarrollando las actividades y proyectos en las distintas Misiones. Valoré especialmente la buena acogida y la libertad con que cada uno exponía sus puntos de vista y el buen humor.

Pienso que estos encuentros ayudaron a hacer nuestra VENTANA más EUROPEA, conocíamos in situ cómo se desarrollaba la vida de cada misión y saludábamos a sus colaboradores.

Sigo recibiendo la revista en mi nueva residencia de Barbastro (Huesca), España, muy cerquita de los Pirineos; naturalmente, lo primero que hojeo al recibirla son las páginas de Suiza.

 

Carlos Latorre

Fue misionero en Zurich

 

Ventana, testigo de la intrahistoria de las migraciones en Europa

 

Mi primer artículo para Ventana Europea se remonta a marzo de 2000, a petición de Nieves Arroyo, por aquel entonces compañera de trabajo en FAIN (Federación de Asociación Pro Inmigrantes). Sabedora de que andaba preparando mi tesis doctoral sobre cuestiones migratorias, me pidió que escribiera un reportaje sobre los ecuatorianos en Europa que acabé titulando “Del paralelo mayor al sueño del viejo mundo”.

Este primer artículo fue seguido de otros en 2002, 2004, 2009, etc. Casi siempre relacionados con las políticas europeas y la inmigración. A modo de anécdota recuerdo cómo Julián del Olmo, a la sazón redactor jefe de la revista, me solicitó, un día de 2002, un reportaje sobre las implicaciones para la política migratoria de la presidencia danesa del Consejo de la Unión y que titulé “La GiralDA en CoPENHAague”. Así, tal y como está escrito, con ese juego caprichoso de mayúsculas y minúsculas. Mi intención era buscar la complicidad del lector para que pudiera leer juntando las mayúsculas del título que se encontraban escritas en otro color, la frase DA PENHA (da pena). Una ocurrencia que, por lo que después pude saber, a Julián no debió gustarle demasiado.

Cuando mi relación con Ventana pasó a ser más formal y estable, fue a raíz de la inauguración de la sección fija “Barrio Europa” en abril de 2011. Un espacio de opinión que pretendía reflexionar sobre los temas europeos pero sin perder la perspectiva “a ras de suelo” y que desde entonces no ha faltado a su cita con los lectores.

A estas alturas del artículo uno empieza a constatar que son casi quince años y 59 números de relación. Quince años en que he sido testigo de una revista construída con grandes dosis de dedicación y que es todo un referente de la intrahistoria de las comunidades migrantes de lengua española en Europa. No existe en la actualidad un medio de comunicación comparable a Ventana por el modo de abordar los temas y la sensibilidad con lo que lo hace. Espero poder celebrar también la publicación del número 200.

 

Emilio José Gómez Ciriano

Colaborador de Ventana desde hace 15 años