Ventana Europea nº 118
14 VENTANA EUROPEA Octubre 2019 BARRIO AMÉRICA E n términos de actualidad migratoria, seguimos co- mo siempre, estacionados en la urgencia. Una ur- gencia que no cesa porque no hay una previsión por parte de los Estados en términos de vías legales para asegurar la llegada de inmigrantes y refugiados. Seguimos intentando que la inmigración se enmarque en una cuestión segura, ordenada y regular. Es como si la vida de las personas y ese orden de estado conteni- do en políticas públicas, no consiguieran casar todavía, aunque en el discurso estén presentes. Desde esta lejanía con el continente americano, asistimos juntos a presenciar unas caravanas migran- tes, al sufrimiento de los menores no acompañados y de adultos a punto de ser deportados en los ICE cubes de los EEUU, a los momentos de transmisión en directo de deportación en frontera, a la amenaza de la subida de aranceles, a los acuerdos sobre manejo de flujos y a unas declaraciones sobre el muro que es México y la “protección” de este país hacia los EEUU. Y nos lleva- mos las manos a la cabeza. En este caso, quienes llegan a España no lo hacen en pateras o cruzando un desierto, sino por avión. A su llegada, algunos solicitan protección internacional, otros no lo hacen y prefieren la ilegalidad antes que arriesgarse a un procedimiento que en algunos casos les desgastará tremendamente. Pero el reto no debería estar centrado en el debate de las llegadas, sino en la generación de vías que faci- liten la entrada de aquellas personas que huyen de la violencia y que se encuentran en un sinvivir constan- te. El reto de pensar en políticas públicas que puedan tener un calado social y una duración a largo plazo es un deber para quienes nos mantenemos en la línea de pensamiento sobre una Iberoamérica unida. Las dinámicas migratorias han ido modificándose a lo largo del tiempo; sin embargo, las políticas públicas no se han actualizado a la misma velocidad. Los retos migratorios que sufren los latinoamericanos en España deben verse suavizados por medidas que permitan una integración sin sobresaltos fronterizos. El cruce de fronteras es constante. Sin embargo, la frontera física no es la única frontera que los migrantes y refugiados deben cruzar. Está, después de haber cru- zado, la frontera de los papeles; sin estos, están des- tinados a las orillas de la ciudadanía y de los derechos que les devuelvan la dignidad y les reconozcan como iguales. La siguiente frontera es la de la integración socio laboral. Ese es el último reto antes de ser verda- deramente parte de la sociedad. Es necesario, pues, un punto de encuentro entre la agenda pública y la civil de los 21 países. La diversidad debe ser la marca de identidad de la región, pero tam- bién la atención a la misma. El desarrollo del capital humano en Iberoamérica se está desarrollando de manera más lenta de lo que se requiere. Las proyecciones que se hacen son inquietan- tes, porque si esto continúa así, se perderán 5 millones de puestos de trabajo en la región. Por ello, se requiere enfrentar prioridades como: edad, género, diversidad, educación y condiciones so- cioeconómicas. Edad, porque hay que diferenciar a quienes van a iniciar una trayectoria educativa y laboral y quienes están al final de esta. Género porque, entre otras cosas, las mujeres re- presentan entre un 60% y un 80% de los egresados uni- versitarios en la mayoría de los países de la región. Pero no sucede lo mismo en maestrías y doctorados, sobre todo en carreras científicas, donde hay que po- ner énfasis. Atender a la diversidad es importante porque las lenguas indígenas deben ser integradas dentro del ima- ginario colectivo de las naciones e incorporadas como lenguas nacionales, de forma tal que la educación esté incorporada a todos los lenguajes. La educación y la formación deben estar en el cen- tro de las políticas de desarrollo así como en las migra- torias. No se debe perder el objetivo de extender el conocimiento a quienes se desplazan como no se hace para los que no lo hacen. Las condiciones socioeconómicas y el gran reto por superar es el que debemos introducir. Que las bajas condiciones no se conviertan en un reproductor de vul- nerabilidad. Que las administraciones conviertan la lle- gada de personas a la sociedad en una inercia positiva. El flujo migratorio va, pues, en ambas direcciones: España y América Latina comparten ese pasado común, pero también deben de comprometerse a encarar un futuro con nuevas oportunidades para sus ciudadanos. Una ciudadanía global es pues el reto. Una ciudadanía global que aporte unos matices, dado que pone en contacto comunidades y grupos, so- bre todo de comunidades escolares, jóvenes, profeso- res, maestros a un lado y otro del Atlántico; pero so- bre todo, que genere un espacio de convivencia como elemento único de conocimiento que busca la inte- gración y la convivencia entre ciudadanos de un mun- do cada vez más globalizado pero también, más ibe- roamericano. Cecilia Estrada Villaseñor OBIMID – Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones Universidad Pontificia Comillas. Negar lo evidente
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