Ventana Europea nº 118
VENTANA EUROPEA 25 Octubre 2019 sentido discurso en el momento de la acción de gracias. Salieron sonrisas en mi boca el es- cuchar el ritmo de las canciones de un coro multicultural de distintas proce- dencias con letras en chino, inglés, árabe, francés, italiano, español y di- versas lenguas del continente africano, entre otras. Coloridas ofrendas y es- pontaneidad en los ritmos y miradas. Tras la conclusión de la eucaristía, el papa Francisco presentó una nueva escultura en la Plaza de San Pedro que representa a un grupo de migrantes y refugiados de diferentes lugares del mundo dentro de una balsa. La obra es del escultor Timothy Schmalz y es- tá inspirada en un pasaje de la carta de de san Pablo a los hebreos que dice: «no se olviden de practicar la hospi- talidad, ya que gracias a ella, algunos, sin saberlo, hospedaron a los ángeles». En su recorrido hacia la estatua, el papa Francisco fue saludado por José Aumente, misionero de la Misericor- dia que iba al frente de la Delegación de la CEM de España de la que for- maba parte también Ventana Euro- pea por medio Mari Fran Sanchez, del Consejo de Redacción de la revista. También participó en la eucaristía Mi- guel Blanco, elegado de las Misiones en Suiza y colaborador de Ventana Europea. Una Jornada Mundial de la que es- ta crónica se hace eco con las activi- dades en Roma y en España y que es no solo recuerdo sino interpelación: «Quienes padecen las consecuencias son siempre los pequeños, los pobres, los más vulnerables, a quienes se les impide sentarse a la mesa y se les de- ja solo las migajas del banquete», afir- mó el pontífice, que denunció cómo los países en vías de desarrollo siguen agotando sus mejores recursos natu- rales y humanos en beneficio de unos pocos mercado privilegiados. < «Quienes padecen las consecuencias son siempre los pequeños, los pobres, los más vulnerables, a quienes se les impide sentarse a la mesa y se les deja solo las migajas del banquete». > Del Mensaje de los obispos de la CEM ... “Los migrantes no son un peli- gro, sino una ayuda que nos enriquece. «Hemos de reconocer también hoy lo mucho que estos hermanos aportan a nuestra sociedad, a nuestra Iglesia y a nuestra cultura» (Conferencia Episco- pal Española, Iglesia, servidora de los pobres , n. 9). Donde otros ven solo un emigrante, los cristianos tenemos que ver a un hermano, evitando así que nuestros miedos, prejuicios y estereo- tipos injustos los hagan responsables, como a veces sucede, de los males so- ciales, dando pábulo a la exclusión, ya sea social o territorial. «Jesucristo nos pide que no ceda- mos a la lógica del mundo, que justifi- ca el abusar de los demás para lograr nuestro beneficio personal o el de: ¡primero yo y luego los demás! En cam- bio, el verdadero lema del cristiano es “¡primero los últimos!”» (Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2019 ). Nuestra vieja Europa, pionera en la formulación y en la práctica de los Derechos Humanos, necesita recupe- rar los valores que le dieron origen. Es inaceptable humanamente y resulta de lo más ajena al Evangelio la men- talidad que contribuye a cosechar vo- tos en las elecciones políticas favore- ciendo librarse de lo que consideran el lastre de las migraciones. Y es más lamentable aun cuando tal mentali- dad encuentra eco favorable en algu- nos miembros de nuestras comunida- des cristianas. No nos gusta que las personas vengan en situación irregular. Y no nos gusta por todo lo que ello com- porta de riesgo, de dolor y sufri- miento; pero nos gusta mucho me- nos la falta clamorosa de equidad en nuestro mundo, las situaciones de hambre, de violencia, de guerra, de persecución, la falta de perspec- tivas de vida y de futuro que expul- san de su tierra y hacen ponerse en camino a tantas personas, víctimas, en no pocos casos, de la extorsión y el contrabando mafioso. ¡Cuántos han muerto caminando o cruzando el mar! Las heridas de tantos her- manos emigrantes o víctimas de la trata solo se curan con el amor y la misericordia. Son el egoísmo y el in- dividualismo los que llenan los cami- nos del mundo de soledad, de des- amparo y de muerte”.
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