Ventana Europea nº 118
30 VENTANA EUROPEA Octubre 2019 ÁRE A DE SERVICIO > A sturias, patria querida. Asturias aquí, escondi- da en esta Bruselas múl- tiple y diversa. Todos los años desde hace ca- si cincuenta, el segundo sábado de septiembre, los asturianos que emi- graron en aquellos duros años y aho- ra sus hijos y sus nietos, ponen toda su gracia para felicitar a La Santina, recogida en su iglesia de El Rastro, la iglesia que les abrió las puertas cuando llegaron y donde encontra- ron cobijo y abrieron sus tiendas y sus bares en este barrio popular de Marolles, entonces mayoritariamen- te ocupado por españoles. las cosas han cambiado Hoy las cosas han cambiado. El barrio ha pasado a ser marroquí o africano porque los hijos de aquellos primeros emigrantes asturianos han buscado otros sitios más amplios, le- jos del centro urbano. Y este sensible alejamiento de la iglesia que les había recibido, don- de se bautizaron, hicieron la primera Comunión y se casaron, lo reparan todos los años acudiendo a felicitar a su Patrona, en ese sábado de fiesta. Es cierto que antes la iglesia es- taba llena aquella tarde y que la pro- cesión que paseaba a la Virgen era más larga, más ruidosa y especta- cular. Ahora lo hacemos con mayor sencillez pero con el mismo aprecio. gaitas y banderas La iglesia luce banderas de Astu- rias, de España y de Europa que caen de los grandes muros blancos del templo, gracias a Manolo y a Víctor que la víspera se las ingenian para que queden fijas en las desnudas pa- redes. Y la Virgen, una imagen copia exacta de la que se venera en Cova- donga, sale de su capilla y engalana- da se sitúa en el altar mayor para ver mejor a sus hijos que van llegando. Se oyen el sonido de las gaitas de José y de Azucena y de todo el grupo de “Tierra Astur”. Y los can- tos pausados de Eva con la coral del “Centro Asturiano” que nos ayudan a creer. Con paso lento, con senti- miento, gaitas y voces avanzan por el pasillo central de la iglesia, y la gente, a cada lado, les mira y se emo- ciona. Oír las gaitas y la canción po- pular del “ramu” despierta añoranza y nostalgia. Parece que se está allá. Antes de la celebración se can- ta el himno a la Virgen de Covadon- ga, se baila y se aplaude, se reza, se agradecen favores, y al final se sale en procesión y de regreso, más fies- ta, se toman unos pinchos y empana- das con unos vasos de sidra. las cosas han cambiado Este año fue más bonito. Lucía el sol y hacía bueno. Y hasta la misma gente, para los que Asturias es una desconocida, sacaban fotografías y aplaudían. A veces miraban la ima- gen con esa expresión delicada del que no sabe si cree en algo, pero que quisiera entender lo que está viendo. El barrio hoy marroquí y africa- no, volvía a ser asturiano. Cuando terminó la fiesta, la Vir- gen obedeció y volvió a su capilla. Se apagaron las grandes luces, y al- rededor del altar de la Virgen lucían significantes llamas de muchas ve- las, que alejaban tanto las tinieblas como los pesares. recordando viejos tiempos Siempre hay planes para hacer más pero no hay fuerzas. Sería urgente mantener un grupo de consejo duran- te todo el año para que este se ocupase del cuidado y culto de la Santina. Este año tuvimos suerte y todo salió bien. Estábamos más y se per- cibía mucha alegría en los rostros. Algunos recordaban aquellos prime- ros tiempos, cuando la procesión era larga y festiva y eran tiempos de so- lidaridad y de amistad, cuando los que habían venido primero espera- ban a los recién llegados en el andén de la Gare du Midi. Y allí sin cono- cerse todavía, se abrazaban, se son- reían y ofrecían lo que se tuviese a mano, fuese orientación segura, tra- bajo pronto, y hasta algún sitio pro- visional para pasar la noche y darse a conocer. Bruselas LA SANTINA Y LOS ASTURIANOS Jorge Puig. Bruselas
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