Ventana Europea nº 120
VENTANA EUROPEA 13 Marzo 2020 BARRIO EUROPA P arecía que después de la llamada “crisis de los refugiados” de verano de 2015 que evidenció la fragilidad de la Unión Europea como bloque para abordar la llegada de las personas que venían huyendo del conflicto de Siria –conflicto en el que la Unión Eu- ropea sigue poniéndose de perfil– se habían contenido los flujos migratorios. Bruselas respiraba, al fin, tran- quila gracias al “multimillonario” trato con Turquía, a los acuerdos con Egipto, Túnez, Argelia, Libia o Ma- rruecos (haciendo, eso sí, oídos sordos a las denuncias de violaciones de derechos humanos de Naciones Uni- das, Human Rights Watch) al aumento de la dotación presupuestaria a FRONTEX, a la multiplicación del nú- mero de guardias de frontera, al esfuerzo denodado por reducir al mínimo la actuación de entidades como “Proactiva Open Arms”, “Maydayterraneo”, “Caminan- do fronteras” o “Sea watch”. Todos los intentos de contener, reprimir, obstaculi- zar o invisibilizar la migración se han demostrado, sin embargo, vanos y la Unión Europea vuelve a pagar el precio de tanta miopía, de tanta obsesión por el con- trol. La guerra de Siria no ha dejado de estar presen- te, pero ante su recrudecimiento en estos días con el asedio a la provincia de Idlib, los refugiados vuelven a estar en primera línea y vuelven a ser percibidos como una amenaza. Recientemente, una activista griega, investigadora de la Universidad de Gante me hacía llegar el siguiente testimonio desde el terreno: “La situación es caótica. Tanto en las fronteras terrestres como en las marinas. En Lesbos, el personal de las ONG´s está abandonando las islas después de ser atacados por simpatizantes de la extrema derecha. En Evros, los guardias de frontera están utilizando armas de fuego y gases lacrimógenos contra la gente que intenta pasar. El Gobierno (griego) ha dejado de tramitar solicitudes de asilo y está em- pujando fuera de sus fronteras a miles de personas. La situación está enloquecida”. En España, mientras tanto, las entidades de apoyo a inmigrantes y refugiados y las organizaciones de de- rechos humanos no se han recuperado del “shock” tras la sentencia de la Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo en la que se respal- daban las devoluciones “en caliente” desde Melilla de dos personas subsaharianas en 2014 por parte del Go- bierno español. El caso es que La realidad de la Unión Europea en la primavera de 2020 muy poco tiene que ver con la que había en la primavera de 2015. Hay nuevos líderes, hay menos estados miembros, la extrema derecha gobier- na en cinco países y está representada en 21 de los 27 parlamentos de los Estados. Hoy día es poco previsible un movimiento como el de “refugees welcome”. A ma- yor abundamiento, la irrupción del coronavirus ame- naza con teñir la realidad de miedo, con encerrarnos física y mentalmente en nosotros mismos, con poner en funcionamiento con nuestros vecinos un tremendo y descarnado “sálvese quien pueda” que no es sino una versión “casera” del cierre de fronteras que aplicamos a los inmigrantes. Si todos los tiempos son “tiempos de gestos” este lo es más que nunca. Siempre puede estar en nuestra retina la imagen del padre llevando a su hijo en bra- zos y corriendo a pesar de las zancadillas que le ponía la periodista ¿recuerdan? o aquella otra del padre ju- gando con la niña a reírse de las bombas y desafiando el miedo de la explosión, o esa imagen de “la vida es bella” en la que Guido, el protagonista, cuenta un re- lato a su hijo para disimular el horror de los campos de Auschwitz, o la de tantas madres cuidando a sus bebés mientras viajan en patera. Todas esas actitudes nos re- flejan que hay, a pesar de todo, esperanza. Emilio José Gómez Ciriano Universidad de Castilla-La Mancha. Miembro de los grupos de trabajo de migración y asuntos exteriores de la COMECE. Tiempos fulgurantes
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy OTUyMTI5