Ventana Europea nº 120

ENTRE C ULTURAS 28 VENTANA EUROPEA Marzo 2020 HIST O RIAS DE LA HISTORIA > L iana Luis Bernal tiene ac- tualmente 54 años, cubana crecida en una ciudad del centro de Cuba, en Santa Clara. No tu- vo una infancia fácil pero luchó hasta conseguir una buena cualificación pro- fesional. Nos lo dice con sano orgullo: “consigo hacer en Cuba mis carreras de contabilidad, técnicas de farmacia y control de almacén y a los dieciocho años entro a trabajar como recepcionis- ta en una clínica. Después de la recep- ción, trabajo en la logística del almacén de medicamentos y finalmente llego a ser administradora de la clínica”. Por el tono de su voz, por la firmeza con la que se expresa nos damos cuenta que estamos ante una persona firme en sus convicciones, con capacidad de lu- cha, que no vale “para ser sumisa”. Afi- nales de los ochenta ya ronda por su ca- beza la idea de salir de Cuba, cuando su país vive un período especial en el que la gente sufre carencias extremas. Con firmeza, nos asegura: “Salí de Cuba por no estar de acuerdo con su régimen po- lítico. Considero que el pueblo cubano vive sumiso y yo no valgo para eso; no tengo medias tintas, parece que esto no les gusta a los dirigentes cubanos”. LOS MOTIVOS Y LA OCASIÓN Si bien la idea de dejar Cuba ya le había rondado en más de una ocasión, el detonante no fue otro que la situación insufrible de acoso y abuso de poder que tuvo que padecer. Lo recuerda con do- lor: “Cuando llevaba un tiempo en la ad- ministración de la clínica, un buen día llaman a mi puerta dirigentes del go- bierno instándome a afiliarme al par- tido, bien sea en el comité central o en las juventudes comunistas. Me cae co- mo un jarro de agua fría, no entra en mis planes pertenecer al partido, solamente quiero trabajar y hacerlo bien. Pero mi puesto requiere la afiliación. Mi negati- va provoca el enfado de los dirigentes y comienza mi calvario laboral, sufriendo todo tipo de mobbing y abuso de poder, hasta llegar al despido”. La ocasión para romper con tal si- tuación se presentó después de un año como desempleada. Uno de sus her- manos se casa en Suiza. Hay que deci- dirse. Hay que hacer una opción. Y así fue: “Llega la invitación y aprovecho la ocasión para solicitar el visado y salir del país. ¡Ya tengo claro que nunca más regresaré!”. Liana era muy consciente del pre- cio que pagaba, un precio que solamen- te las madres saben qué intensidad tie- ne. Pero había un sueño detrás, un sue- ño que hablaba de reunificación fami- liar…Un sueño que, en algunos tramos de su recorrido como exiliada llegaría a parecerle imposible de cumplir. Al- go de ese dolor podemos intuir cuando nos lo narra: “Dejo dos hijos en Cuba, un chico de 20 años ya casado que vive en la casa de al lado, y una hija de ca- si 17 años que se queda al cargo de su padre. Nunca me casé, mi pareja y yo nunca lo creímos necesario. Mi mayor dolor ha sido dejar mi bien más precia- do en Cuba –mis hijos– pero salgo con la esperanza de poder traérmelos a Sui- za lo antes posible”. Ya en tierra helvética, con la ilusión a flor de piel, comienza la cadena de Liana Luis Berna, colaboradora en el ropero de la Misión de Zürich tesón y resistencia de una cubana Millones de personas en el mundo dejan sus casas en busca de un futuro mejor. Las razones por las que las personas se desplazan son complejas. Algunas son migrantes. Otras son refugiadas. La peripe- cia vital y la ardua travesía de Liana desde su Cuba natal hasta la regularización de su ciudadanía en Suiza nos cuestiona. Maite Leitón y Juan Carlos Rodríguez. Zürich (Suiza)

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