Ventana Europea nº 120
VENTANA EUROPEA 29 Marzo 2020 desengaños y se inicia una de las tra- vesías más largas de un proceso de exi- lio: 18 años hasta la regularización de su ciudadanía en territorio suizo. Lia- na hace memoria, tiene grabadas las fechas: “Llego a Suiza en febrero del 2001 con 36 años, y presento mi pri- mera solicitud de asilo, toda ilusiona- da pensando que me iba a suceder co- mo a mi hermana que se lo concedieron sin mayores problemas. Pero las cosas se tuercen y me lo deniegan una y otra vez, alegando que «Cuba no es un país en guerra»”. Y continúa: “Llevo alrede- dor de 20 recursos presentados por ma- nos de abogados, con ayuda de la ofi- cina de apoyo a los “sin papeles” hasta agosto de 2019, en el que me conceden mi permiso de residencia. Ha sido una lucha muy dura”. EN TIERRA DE NADIE Tras un año en Suiza, después de presentar la demanda de asilo, Liana pierde su pasaporte cubano en 2002, de acuerdo a las leyes de Cuba; es de- cir, se encuentra en tierra de nadie. Con los ojos muy abiertos, como queriendo compartirnos el desconcierto que supu- so, exclama: “¡Qué extraña situación, es como si no me sintiera persona!”. En esta etapa de su vida las difi- cultades y los tramos amargos parecen multiplicarse. En el 2004 encuentra tra- bajo en un restaurante pero las autori- dades suizas no se lo permiten porque la ley no lo autoriza. “¡El mundo se cae a mis pies!”, así sintetiza lo que para ella supuso esta situación dado que ne- cesitaba ese trabajo para ayudar a sus hijos en Cuba. “Tengo cinco nietos uno de ellos de 15 años que no conozco por los cuales he llorado amargamente. No entiendo cómo en el mundo puede ha- ber un tipo de política que te prohíbe ver a los tuyos si no haces lo que te di- cen que hagas”. Desde noviembre del 2016 vive du- rante tres años la atapa más dura, la que califica de “martirio y suplicio”. Tras ser detenida, se le retira la ayuda que recibía de la social como refugiada y pasa a ser una indocumentada. Con la obligación de “presentarme todos los martes puntualmente en las oficinas de migración para poder mantener mi se- guro de enfermedad. Nunca imaginé que mi vida de refugiada fuera a ser tan dura y tan larga”. LA SEÑORA ELVIRA Y LA MISIÓN A pesar de tantas dificultades, dolo- res y amarguras Liana ha podido con- tar con apoyos que siempre aportan ali- vio y consuelo. Califica como una suer- te el contar aquí con familiares: “Tuve la gran suerte de tener varios hermanos en Suiza y no he tenido que pasar por ninguna casa de refugiados”. Sin em- bargo, cuando se le enciende la mirada es al recordar a esa persona tan querida de la Misión, a la que popularmente lla- mábamos “la Madre Teresa de Zürich”: es decir, a la señora Elvira Pineda (toda una institución por tantos años en estas tierras). Aquí, el relato de Liana, se lle- na de cariño y de ternura, de profunda gratitud: “Un 9 de diciembre conocí a Elvira, gran colaboradora en la Misión, que vivía en una casa de monjas retira- das. Con ella fui hasta allí solicitando una habitación que, gracias a Dios, has- ta el día de hoy todavía conservo. Des- de el día que conocí a Elvira hasta el día que se fue para España, ella ha sido mi ángel de la guarda. Me cuidaba en mis depresiones y frustraciones. Todas las mañanas llamaba a mi puerta para re- cordarme que el pan estaba en el horno o que mi sopa estaba caliente. Cuando estaba enferma, me acompañaba y me recogía en el hospital. Me ha cuidado como una madre y ha sufrido lo que yo he sufrido. ¡Cuánto la echo de menos!”. Al cariño con el que nos cuenta su relación con Elvira, añade una confiden- cia muy personal y nos abre su corazón para hablarnos del tema religioso: “Cre- cí sin un Dios en el que creer, pues a pe- sar de ser católica no tuve la oportuni- dad de practicar la religión, este era un tema tabú en casa. El pueblo se dedica- ba a la santería e infinidad de ritos pro- cedentes de África, hasta que por prime- ra vez nos visita un papa, Juan Pablo II, en 1998 y se abrió una vía para que el pueblo pueda asistir con frecuencia a las iglesias”. Y, como quien comparte algo sagrado, continúa diciendo: “Hace ape- nas unos años, gracias a Elvira, tuve mi primer encuentro personal con Dios. No te puedo decir que yo tenga una religión concreta, pero con certeza puedo asegu- rar que Dios existe y desde ese encuen- tro hasta el día de hoy me siento bende- cida por el Señor”. regresar como turista Al salir de Cuba, Liana, en su fuero interno, tomó la decisión de no volver, a pesar del costosísimo precio de dolor que le suponía. Ahora sigue convencida de que nunca regresará a Cuba si no es como turista. En sus planes está conse- guir un trabajo y contar con la ayuda de sus hermanos. Con un objetivo muy cla- ro: “Reunir el dinero necesario para po- der regresar a mi Cuba natal y finalmente poder abrazar a mis hijos y mis nietos”. Las palabras finales de Liana son una sentida y sincera expresión de gra- titud: “Agradezco de todo corazón que lean este relato y aprovecho esta opor- tunidad para expresar un agradecimien- to especial a todas las personas que me han brindado su apoyo incondicional, en particular a todos los miembros y hermanos de nuestra Misión Católica. ¡Bendiciones para todos!”.
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