Ventana Europea nº 120
VENTANA EUROPEA 31 Marzo 2020 Recogido el material, la directora aprovecha la técnica “found footage” que se traduce literalmente al español como metraje encontrado. Es un mate- rial audiovisual presentado fuera de su contexto original: imágenes “encon- tradas” –a diferencia de “creadas” ex- presamente para una obra– y que pue- den ser tomadas de archivos de cual- quier tipo o incluso de películas case- ras como es en este caso. Esta técni- ca es considerada por muchos como fuente de “verdad”. Ahí está su gran valor y por eso re- cibió el premio en la categoría de do- cumental cinematográfico. Estamos ante una película de metraje encontra- do, con grabaciones tan valiosas como la primera aparición televisiva del jo- ven prodigio, tocando en Tele Líbano, o su decisiva actuación en el Concurso Internacional de Violín Pablo Sarasa- te de 1995, que le abrió las puertas de Europa. Y todo ello con el hilo con- ductor de la voz del músico en off que apuesta, pese a todas las adversidades, llámense guerras, desesperación, so- ledad, exilio, migración, búsqueda de otros hogares por un arte comprometi- do y transformador. Ya sea a través del cine o de la música. A todo ello se unen las reflexio- nes personales. Y como nos recuerda el gran crítico de Cinemanía Sergio F. Pinilla se une el gran valor que tiene su propuesta por “un arte autogestio- nado que debe devolver los géneros musicales (en este caso, la música clá- sica, aunque no solo) a su entorno más popular. Aquí, la labor de este atribu- lado músico y superviviente del exilio (y de la bestialidad humana), es titá- nica”. “fortuna” Poco tiempo antes, Peio Sánchez, que sabe mucho de cine y de parro- quias como hospital de campaña aco- gedora para migrantes y empobreci- dos, nos recomendaba una película que “ningún creyente debiera perderse y ninguna persona inquieta por el do- lor humano debiera desaprovechar”. Esa recomendación nos animaba a se- guir homenajeando a través de la pelí- cula “Fortuna”, la dignidad y fortaleza de los tres veces pequeños migrantes: por pobres, por niños y por estar aban- donados. Todo ello a través de una niña–jo- ven refugiada etíope de 14 años que encuentra el calor de la solidaridad en un monasterio de los Alpes suizos ha- bitado por una comunidad de monjes católicos. Se trata de Kidist Siyum que entró con sus padres por Lampedusa pero allí perdió contacto con ellos. Un autor, Germinal Roaux, quien, en de- claraciones a EFE, destacaba que la película es “una respuesta a la impo- tencia ante la crisis migratoria”. Una respuesta en blanco y negro para que nos dejemos empapar por las miradas y la solidaridad transida de evangelio. La niña, de vez en cuando, hace oración ante un icono de María-Ma- dre de Dios. Y ya sabéis que la fuer- za de los iconos está en que son ellos los que nos miran. Quizás está niña es icono cinematográfico no tanto para contemplarla, cuanto para que nos de- jemos mirar por ella. Y así, ¡cuantos más la veamos, mucho mejor! “Nuestra vida como niños refugiados en Europa” Eso hace un mes. Pero de nuevo en la gala televisada sobre los premios anuales de nuestro cine, otro agrade- cimiento por un premio también so- naba a gloria. Para nuestra sorpre- sa la consabida expectación ante un nuevo “…Y el ganador es…” se tra- ducía en renovada alegría. Se trataba del premio al mejor cortometraje do- cumental, también sobre niños mi- grantes, que fue premiado en los Goya “Nuestra vida como niños refugiados en Europa”. Nuevamente las palabras de agradecimiento también sonaron a sinceridad y verdad. Ser niños, ser emigrantes. Esta vez no con tres sino solo con dos suficien- tes razones para crear el mensaje cine- matográfico. Para muchos se trata de una pena doble: la de ser niño y ser emigrante. Esa era la causa por la que algunos niños no que querían ser gra- bados en la película. Tenían miedo de aparecer en pantalla. Menos mal que alguien, en vez de penalizarlos, los vi- sibiliza y los premia. Y se lo agradece precisamente en el rodaje de ese docu- mental por esas dos razones. Por ser niño. Por ser emigrante: “Gracias”. Lo dijo Silvia Venegas, autora del mejor cortometraje documental del último año según los Premios Goya 2020. “Gracias, continuaba diciendo Sil- via, a todos los niños refugiados que no dieron la cara en el documental porque tenían miedo a que sus solici- tudes de refugio se viesen afectadas por dar su opinión”.
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