Ventana Europea nº 120

6 VENTANA EUROPEA Marzo 2020 > REP O RTAJE este punto de arranque, para compreder su vida, que nos preguntemos no solamente por qué vienen sino para qué. Los datos relativos a la criminalidad de los ME- NAs no son relevantes. Así se expresaba al respecto el fiscal de la sala coordi- nador de menores, Javier Huete, a Europa Press el 13 de noviembre de 2019 para okdiario.es: “Yo no detec- to en las memorias de las fiscalías, que son los da- tos que puedo utilizar, que haya un aumento ni que comentan más delincuen- cia que los nacionales”. Estos datos muestran una realidad diferente a la que percibe la opinión pública en general, que no tiene su fundamento en los datos reales, sino en la difusión que se da a los actos delic- tivos puntuales que algu- nos de estos niños puedan cometer, ya que en el caso de estos jóvenes cualquier acción grave tiene una gran repercusión mediática que genera una gran alarma so- cial y sensación de insegu- ridad. Quizá el miedo a lo desconocido avive la llama del rechazo mientras mu- chos de sus comportamien- tos, que para nada hay que justificar sino condenar con la compasión que me- rece el delincuente, no son diferentes de los que come- ten los jóvenes autóctonos. Majid Majid, un hombre que llegó a España procedente de Marruecos con tan solo 14 años y que ahora, pa- sados unos cuantos años, tiene una clara vocación de entrega y ayuda a quie- nes pasan por situaciones difíciles, trabajando en un albergue para personas sin hogar. Su vivencia nos permitirá acercaremos a la humanidad de quienes han vivido demasiado rápido y demasiadas cosas en su corta vida, intentando cam- biar la mirada, ajustando el enfoque que nos permita ponerle al mismo nivel que los niños de su edad en nuestro país. Nuestro relato comien- za acompañando a Majid. Utilizamos para ello pa- labras textuales suyas que expresan no solamente las vivencias, sino también los sentimientos y emociones que se derivan de las mis- mas. “Quiero decir que du- rante este recorrido a todos nos pasa lo mismo (los que llegamos hace unos años y los que llegan ahora), en el camino se van quedando muchas ilusiones y sueños por lo duro del viaje. Y aunque solo nos separan 14 kilómetros, no se nos hace nada fácil”. Majid dejó su pueblo Nadie en este mundo decide donde nacer, así como tampoco elige a sus padres. Esto es común a todos y cada uno de los seres humanos. En cambio sí está en nuestras manos, cuando lo estimamos ade- cuado, tomar la decisión de emprender un camino ha- cia otro lugar, con todo lo que esto entraña de aban- dono y de duelo. La migra- ción ha existido siempre, el ser humano es un ser en movimiento, migrante por naturaleza y, por lo tanto, la migración es un derecho. Majid dejó su pueblo para buscar una vida me- jor en la ciudad cuando tan solo contaba con 13 años, “en busca de un mundo mejor o para alejarme del mundo en el que esta- ba”. Cuando salió de casa rumbo a lo desconocido se enfrentó a muchos obs- táculos, pero quizá el más sangrante y desgarrador fue que nadie se molestó en buscarle, ni siquiera su propia familia. Un joven que no sabía lo que que- ría pero que muy bien sa- bía, a su temprana edad, lo que no. En Tanger sufrió la discriminación por el hecho de proceder de una zona rural, sobreviviendo durante seis meses buscán- dose la vida como podía. Con ilusiones y también con dolor comenzó una aventura que le llevó a Es- paña. Llegó con 14 años a nuestro país escondido en los bajos de un camión desde Tanger, sin nada que perder pero con la confian- za de que merecía la pena. Cuenta que a los tres años de llegar a España llamó por primera vez a su ma- dre, quien se asombró de escucharle porque pensaba que estaba muerto. Aunque establezcamos un perfil orientativo de es- tos niños y niñas, es obvio que no todos son iguales, cada uno tiene una realidad muy concreta y no pode- mos permitirnos el lujo de generalizar. Majid nos pide Foto: Fundación Hogar de San José de Gijón < “Quiero decir que durante este recorrido a todos nos pasa lo mismo (los que llegamos hace unos años y los que llegan ahora), en el camino se van quedando muchas ilusiones y sueños por lo duro del viaje. Y aunque solo nos separan 14 kilómetros, no se nos hace nada fácil”. >

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