Ventana Europea nº 122
VENTANA EUROPEA 23 Enero 2021 familiar. Con su trabajo con- tribuyeron al desarrollo de los países de acogida, pudie- ron ayudar a sus familias y ayudaron también a mejorar la economía de España con las aportaciones que envia- ban a sus familias. Además, los españoles que fueron en búsqueda de una vida me- jor fuera de nuestro país, re- presentaron mucho para los países de acogida. V. E: ¿Nos puede seña- lar algún principio orien- tador para la acogida real a los emigrantes evitando los peligros que corren en sus largas travesías? J. J. O.: Es necesario que los países europeos, y todos los demás, actúen en origen formando a las personas pa- ra que puedan emigrar, si lo desean, sin riesgo a Europa con la formación necesaria para poder trabajar e inte- grarse en las comunidades que les acojan. Europa ne- cesita trabajadores, pero los necesita con un cierto grado de formación que se podría dispensar en origen, asegu- rando de este modo unas migraciones más humanas y dignas. Solo con presencia y formación, Europa podrá así acabar con las mafias de la trata y el contrabando de personas, asegurando corre- dores humanitarios legales, sin arriesgar las vidas y evi- tando la ruina económica de las personas que lo intentan. V. E: Usted vivió algún tiempo en contacto con la emigración española enBél- gica. Se daría cuenta de que el factor religioso es un ele- mento claro de identidad y unión entre las personas es- tán fuera de su patria... J. J. O.: Ciertamente, la religión ha ayudado mucho a los migrantes a fortalecer la comunión y la esperanza. En mis años de estudiante en Bélgica acudía los fines de semana a una de las pa- rroquias de Bruselas (Notre- Dame aux Riches Claires) que acogía a inmigrantes es- pañoles. La gente se conocía, podía hablar en su lengua nativa, celebrar la fe y sus tradiciones con compatrio- tas que estaban en Bruselas, eso les daba fuerza ánimo y se sentían acompañados. Pe- ro era también muy hermo- so ver cómo poco a poco se lograba la integración con la comunidad belga que presta- ba los locales de la parroquia y compartían solidariamente lo que tenían. La caridad y la solidaridad crecían, aunque, es verdad que no siempre era así de hermoso y había algu- nas dificultades. El hecho de compartir la misma fe y de respetar las tradiciones reli- giosas que habían configura- do sus vidas de creyentes, les hacía superar muchas nostal- gias y enfrentarse con fuerza a los retos que se les presen- taban en esos países tan dis- tintos del suyo. V. E: Sabemos que par- te de su corazón ilusionado lo dejó en Manos Unidas. Ventana Europea lleva mucho tiempo haciendo difusión de esta causa. Desde esta y otras expe- riencias, ¿cómo mejorar el tratamiento migratorio? J. J. O.: Es indispensa- ble trabajar en origen para tratar de identificar y atajar las causas que provocan las migraciones. Hemos de aco- ger, pero sobre todo hemos de evitar que la gente ten- ga que abandonar sus países por la falta de unas condi- ciones de vida dignas. Se lo digo con el cora- zón en la mano. Creo que los países europeos podría- mos hacer más para garan- tizar el bienestar de las per- sonas migrantes. A veces los gobernantes caen en la tentación de la propaganda anunciando a bombo y plati- llo que son acogedores, pero la realidad muestra que una vez en el territorio nacio- nal las administraciones no cuentan con los recursos ni la estructura necesarios para una acogida digna. V. E: ¿Qué opina del papel de Europa en su tra- tamiento con la emigra- ción? J. J. O.: La Iglesia en los distintos países de Eu- ropa ha tomado como cosa suya la causa de los migran- tes y hace todo lo que puede por acogerlos, protegerlos e integrarlos. Está muy en contacto con las Iglesias de los países de origen de los migrantes, especialmente con las del Norte de África y del Oriente Medio, que es por donde vienen muchos de ellos. Siempre se podría y se debería hacer más. Pe- ro no cabe duda de que con- cienciar a la sociedad para acogerlos es también una buena labor, así como pe- dir a las administraciones públicas de los países de Europa que no miren ha- cia otro lado y trabajen con- juntamente para acoger con humanidad a esos herma- nos nuestros que llaman a las puertas de Europa. Hay muchas personas que están muriendo en el Mediterráneo y en el Atlán- tico. Esta situación no nos la podemos permitir. Tene- mos que convertir el Me- diterráneo y las aguas en- tre África y Canarias en un espacio de colaboración y de entendimiento entre re- giones, no en una fosa en la que ya han muerto miles de personas. Lo que significa esa fosa lo dejó dicho bien claro do- nuan José Omella hace poco más de mes y medio en su cuenta de Twiter. Lo hacía a propósito de una de tantas tragedias en el Mediterráneo central:“Con nuestras ora- ciones nos unimos al dolor de los familiares de las víc- timas del naufragio en el Mediterráneo Central ocurrido ayer, entre ellas un bebé de 6 meses” afirmaba el presi- dente de la CEE, que continuaba así: “Es una dramática noticia que demuestra, una vez más, que nuestra socie- dad también está naufragando”.
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