Ventana Europea nº 122
VENTANA EUROPEA 31 Enero 2021 sociedad holandesa. La oferta de or- ganizaciones que presten atención, servicios a la comunidad migrante se ha incrementado en estos últimos 20 años. Aparecen más colectivos, gru- pos de migrantes que se han organi- zado por alguna causa en común. Una de las maneras de enriquecer, de potenciar la integración de los mi- grantes a la sociedad holandesa es re- conociendo sus propias potencialida- des, sus aportes a esta cultura, la posi- bilidad de poder “sacar la voz”, “visi- bilizarse” como distintos, pero com- plementarios. CASA MIGRANTE Para Fabiola, la labor de Casa Mi- grante es de suma importancia para la comunidad hispanoparlantes en Ho- landa. Es un referente, un punto de partida para muchos y un hogar para otros. Al mismo tiempo es un referen- te para diversas instancias holandesas que también trabajan con migrantes. Piensa que una de las cosas que for- talecería aún más el trabajo de Casa Migrante es la profesionalización y más capacitación. La constante rotación (aunque menos últimamente) de voluntarios puede ser un factor en el momento de dar información al público o de dar a conocer cuál es el funcionamiento en la organización. El espíritu de Migrante, la aper- tura, la flexibilidad, el vivirse el mo- mento son características que hacen muy funcional a Casa Migrante tra- bajando con una población bastante fluctuante, móvil. El espíritu festivo, cultural, ha si- do muy importante en la trayectoria de Migrante y una de las cosas más hermosas es el profundo amor por el prójimo que ha sido pilar en la orga- nización. Uno de los desafíos de la organi- zación es mantenerse muy “atentos”, “despiertos” en no caer en el paterna- lismo y crear relaciones de dependen- cia desde los usuarios. Muchas veces Casa Migrante se transforma en una “zona de confort” y eso puede hacer que las personas no busquen “salir” de ahí y buscar otras y más posibili- dades de desarrollo personal. Para Fabiola, a nivel de creci- miento personal y espiritual, una de las mejores experiencias fue el traba- jo con su ego. Viniendo de una fami- lia de profesionales, universitarios y de un país en donde si uno no va a la universidad, no tiene las mismas oportunidades por lo cual el ser uni- versitario se transforma en una me- ta familiar, social, personal, Fabiola se da de cara que a los tres meses de estar viviendo en Holanda, tenía que aportar para el alquiler por lo cual co- menzó a trabajar en cosas que jamás se hubiera imaginado. Hizo el cami- no de cualquier migrante: cuidando niños, limpiando casas, limpiando hoteles, trabajando de modelo para pintores y escuelas de arte. Recuerda que lloraba cuando llegaba de regreso del trabajo de limpieza con olor a clo- ro en las manos y con frustración re- cordaba todos los años invertidos en educación y trabajando como psicó- loga. ¿El qué dirán? El qué pensarán en su país de origen, la atormentaba. Todas estas experiencias la hicieron cuestionarse qué es lo que define a un ser humano, qué es lo importante. Fabiola reconoce que una de las más amargas experiencias fue el vivir en diferentes niveles la discriminación y los prejuicios. Recuerda que cuando llegó y le preguntaban qué hacía y de- cía que era psicóloga, ¡no le creían! O hacían comentarios al respecto como, por ejemplo,: “pobre de tu marido” (suponiendo que era holandés), “debe tener la billetera vacía”, “seguro huis- te de tu país”, etc. Un millón de pre- juicios y supuestos en relación al ser mujer, latina y migrante. Con estas experiencias Fabiola comenzó a observar un doble discur- so en la sociedad holandesa. La aper- tura, tolerancia, no discriminación y, por otra parte, los prejuicios, discri- minación. Un consejo que da a Casa Migran- te y a los migrantes en general, es: ser flexibles (que no es sinónimo de de- bilidad sino todo lo contrario). Fluir con los cambios y no pelear con ellos. Cada vez que se siente que se pierde el horizonte, la confianza ya sea des- de una organización, en este Casa Mi- grante o en uno mismo como indivi- duo, uno debería ir a lo esencial: bus- car el latido del corazón, escucharlo. Qué es lo que nos mantiene vivos… el corazón. Sentir, conectar con ese latido nos recuerda que ahí estamos, no importa que esté pasando… ahí estamos, existimos. Desde Casa Migrante, escuchar el latido del corazón es ir a la vocación de servicio, estar para los otros y es- cuchar esas necesidades. El vivir todos estos años para Fa- biola ha significado mucho. El inte- ractuar con diversas culturas, realida- des ha sido una riqueza enorme pa- ra ella. Reconoce dentro de su expe- riencia lo fundamental que es la em- patía y al mismo tiempo el autocui- dado. Aprender desde ser adultos a ser nuestras propias madres y padres de una manera nutritiva nos facilita las relaciones interpersonales en esta hermosa experiencia de vivir en una multiculturalidad.
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