Ventana Europea nº 123

VENTANA EUROPEA 15 Febrero 2022 ca la reflexión teológica de la actividad pastoral, esto es, no separar la vida de la fe, y así no caer en la tentación de plasmar en la propia historia aquellas fugas espiritualistas, que se refieren a una fe sin conexión con el evangelio; y un vivir plenamente la con- vicción a favor de la prácti- ca del discernimiento, perso- nal y eclesial, como medida sincera y honesta de una vi- da entendida como respuesta a Dios. En salida Todo este legado biográ- fico aterriza en Roma y de ahí llega a nuestro momento presente, dando vida a unas aportaciones específicas para la vida de la Iglesia, la más repetida es la necesidad de un cristianismo «en salida», comprometido con los hom- bres y mujeres de las perife- rias; la más sugerente es la apreciación de un cristianis- mo que escucha para tener cuidado de la casa común, de la humanidad herida y, de tantos y tantos cristianos que viven la fe con profundidad, santamente, en «la puerta de al lado»; la más eclesiológi- ca es la invitación a la sino- dalidad, esto es, a descubrir que nuestra pertenencia ecle- sial debe ser una presencia que incremente el deseo por la misión, la participación y la comunión. La sinodalidad, algo esencial La sinodalidad, afirma el papa Francisco, es lo que es- pera Dios de la Iglesia para el tercer milenio. Este ejercicio de ponerse en camino afecta a todos los cristianos, y no se plantea como algo pasajero o puntual en la vida de la Igle- sia, sino que se trata de algo esencial, constituyente. So- mos sinodales, y debemos serlo, obviamente. La Iglesia desea fortalecer la comunión entre todos los fieles, entre todas las Iglesias locales y entre todos los obispos, que por su ordenación reciben la misión de guiar al pueblo santo de Dios por caminos de esperanza y unidad, sin redu- cir el pueblo al uniformismo. Hablamos de una sinodali- dad interna y también exter- na. Esto es, interna porque este ejercicio de conversión, «¿Señor que nos pides en es- te momento de la historia?», afecta a todas nuestra parro- quias, comunidades, grupos y realidades eclesiales, para escucharnos con atención, y huir cuanto antes, de nues- tros prejuicios. La sinodali- dad a nivel interno debe lle- gar a una práctica del discer- nimiento habitual, frecuente, cotidiano. Nadie debe quedar excluido. Todas nuestras rea- lidades están llamadas a una profunda conversión. Habla- mos también de una sinoda- lidad externa, haciendo men- ción a esa comprensión de acercarnos a los más aleja- dos, a los más heridos, a los que viven lejos de la fe y del evangelio, para escucharles, para integrarlos, para enten- der que Dios quiere que toda la humanidad conozca y ame a Jesucristo, «este es mi Hijo, escuchadlo». El ejercicio de la sino- dalidad no debe reducirse a un ejercicio de parlentaris- mo acomodado a los intere- ses propios, o de un grupo determinado. Percibimos que el ejercicio del discernimien- to es urgente y necesario para no reducir la Iglesia, ni nues- tras expresiones eclesiales, a un tipo de democracia mal entendida y mal planteada. Desde otra perspectiva, acor- de con este peligro de reduc- ción del misterio eclesial, la sinodalidad debe a su vez, no caer en la autocracia, ya que la conversión forma parte siempre de la propuesta que nace del Evangelio. Y final- mente, la sinodalidad no es algo pasajero, fruto de una moda, como si se tratara de algo accidental u ocasional; al contrario, el ejercicio de diálogo, de escucha, de con- frontación nos debe acercar más, y mejor, a la percepción de la complementariedad en- tre los fieles, esto es, entre los laicos y los sacerdotes, entre los sacerdotes y los obispos, y entre los obispos respecto al obispo de Roma. Es aquí donde observa- mos la importancia de alcan- zar un verdadero consenso. En este objetivo puede ver- se no solo la dificultad de la sinodalidad, sino también el reto, y la oportunidad de ser, aún más, la Iglesia que Dios quiere que seamos. Es opor- tuno distinguir entre el proce- so que nos conduce a la de- cisión, y la toma de decisión, propiamente dicha. Según el papa Francisco, la sinodali- dad no debe ser vivida con prisas, sino valorando positi- vamente cada pequeño paso, y observando la importan- cia del proceso, este es más importante que el resultado final. Esta concepción pro- cesual de nuestra vida ecle- sial nos sitúa claramente an- te la importancia de ser una Iglesia influida por el Espíri- tu Santo, sin descuidar nun- ca que es el Espíritu el verda- dero protagonista de nuestro presente.    

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