Ventana Europea nº 123
8 VENTANA EUROPEA Febrero 2022 > REP O RTAJE y que en Europa sigue ha- biendo personas que persis- ten en tratar el problema co- mo un asunto que no les in- cumbe... Es triste escuchar que el uso de fondos comu- nes se propone como solu- ción para construir muros. Ciertamente, los temores y las inseguridades, las difi- cultades y los peligros son comprensibles. El cansan- cio y la frustración, agudi- zados por la crisis econó- mica y pandémica, se perci- ben, pero no es levantando barreras como se resuelven los problemas y se mejora la convivencia, sino unien- do fuerzas para hacerse car- go de los demás según las posibilidades reales de ca- da uno y en el respeto de la legalidad, poniendo siem- pre en primer lugar el valor irrenunciable de la vida de todo hombre”. ¿Aumentará la migración hacia Europa? Lamentablemente, las causas que generan los mo- vimientos migratorios for- zosos son persistentes, co- mo los conflictos, los de- sastres naturales, la des- igualdad o el cambio cli- mático, entre otros. La crisis generada por la pandemia seguirá azo- tando especialmente a los más vulnerables, con las fuertes asimetrías en la va- cunación. Muchas de estas causas castigan diversos puntos en los distintos con- tinentes, que seguramente seguirán cebándose con la herida abierta en Afganis- tán, los conflictos en Etio- pia, la violencia en Libia y en otros rincones del con- tinente africano, o la reali- dad de Centroamérica. 2022 seguirá siendo un año de inestabilidad, con grandes turbulencias en el mercado de la energía, cue- llos de botella en los abas- tecimientos comerciales, el impulso a la transición ecológica, un Irán cercano a la bomba nuclear, las ten- siones entre EEUU y Chi- na, y un Afganistán en ma- nos de los talibanes. Por estas y otras razo- nes, el año 2022 seguirá viendo estos flujos migra- torios, tan antiguos como la humanidad, en su éxodo hacia nuestras sociedades, también la europea. ¿Cómo vivir juntos? En este último tiempo tenemos puesto el foco en las fronteras, que, junto al miedo, es lo que parece dar rédito político. Hay como una gran cortina de humo que nos impide ver que lo verdaderamente importan- te y urgente es la acogida y la integración. La reali- dad con los datos en la ma- no, no lo que vemos en los titulares de las noticias, es que vivimos en una Euro- pa diversa en la que convi- vimos personas con distin- tos orígenes. La gran pre- gunta que nos deberíamos hacer es cómo gestionamos nuestra diversidad. ¿Cómo vivir juntos? En muchas ocasiones nos movemos entre dos ex- tremos. Los que ven en lo diverso una amenaza, y la única solución para la con- vivencia en un refuerzo de la identidad nacional y de las fronteras; y aquellos que descubren en la diver- sidad una oportunidad para nuestras sociedades plura- les, en las cuales el acen- to se centra en la acogida y la integración, sentando las bases de una verdadera co- hesión social. Hoy en día, este de- bate está a flor de piel en muchos rincones de nues- tro continente. El refuer- zo de nuestras políticas co- munitarias de seguridad, la construcción de muros, la presión de refugiados y migrantes en la frontera sur o este, los conflictos en algunos países africanos o de Medio Oriente, el éxodo del pueblo afgano o vene- zolano huyendo de la vio- lencia, del hambre y de una ausencia de horizonte vital, los conflictos en diversos barrios con alto grado de diversidad cultural de las grandes urbes, las maras y la violencia generaliza- da entre algunos colectivos en Centro América… todas parecen señales de que no podemos vivir juntos. Y, escudados en estas seña- les, sembramos de miedo y de odio nuestros contex- tos más cercanos, jugando el mismo juego de la vio- lencia y de cerrar filas, en lugar de preguntarnos por las causas, intentando re- vertirlas. De este modo, genera- mos mecanismos de exclu- sión que asocian al pobre, al extranjero, al que es dis- tinto a mí, como el terro- rista o violento; en el fon- do abriendo una brecha ca- da vez más acuciada entre ricos y pobres, entre “lega- les e ilegales”, y así un lar- go etcétera. Todo para per- petuar un sistema que man- tiene a un estrato social ca- da vez más pequeño, con- trolando el poder económi- co, político y de manejo de la información, entre otros. Pero, aunque no salgan en los titulares de los perió- dicos, hay personas que no buscan la fuerza y la violen- cia como el camino a seguir en contraposición al miedo y el odio, que descubrieron en el encuentro, en la inte- gración, en la construcción de puentes y de vínculos, en el amor, un camino sólido para la convivencia social, para la gestión de la diver- sidad y para el desarrollo de la humanidad.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy OTUyMTI5