Ventana Europea | Nº 110 Junio 2017
10 VENTANA EUROPEA Junio 2017 BARRIO AMÉRICA C entroamérica es, a menudo, comparada con el paraíso en la tierra. Sin embargo, la violencia, la inseguridad y la corrupción del sistema polí- tico no inspira a los ciudadanos a quedarse y apostar por un destino en sus lugares de origen. Los asaltos y los asesinatos son algunos de los acontecimientos que las maras han convertido en cotidianos. Si se es mu- jer, la situación de partida es todavía peor; a la vio- lencia estructural sumamos la de género, en un con- texto de total falta de apoyo por parte de los actores políticos y sociales. No es extraño que busquen nue- vos destinos, más seguros, con derechos. No es nuevo decir que las migraciones se están fe- minizando en Latinoamérica; en los últimos años los datos vienen apuntando hacia un balance igualitario en los movimientos. Según cifras del INEGI (Institu- to Nacional de Estadística, Geografía e Informática), en 2010 la población extranjera en México ascendía a 961.121 personas, la mitad mujeres. Las mujeres de El Salvador, Honduras y Guatema- la que son fuertes, luchadoras y personas imprescin- dibles en la construcción social de sus entornos huyen de estos sistemas generalizados y sistemáticos de vio- lencia, los cuales están relacionados con la influencia territorial de grupos delictivos armados. Hay barrios enteros bajo su control, donde las autoridades no se pronuncian. Hacia el año 2014, los gobiernos de América Latina y el Caribe, en cooperación con el ACNUR (Alto Comi- sionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), establecieron el llamado “Plan de acción de Brasil” para abordar el desplazamiento forzado y el fenóme- no apátrida en las Américas. En el programa se inclu- yó la prevención para reforzar la protección nacional y los mecanismos de asistencia para las poblaciones de los tres países antes citados, que forman el Trián- gulo Norte de Centroamérica. Los objetivos de esta iniciativa son: impulsar el desarrollo social y econó- mico, promover el asentamiento de las poblaciones migrantes en sus propias comunidades, e implemen- tar medidas a largo plazo para responder a las causas subyacentes de los desplazamientos. Los tres gobier- nos han comenzado a avanzar en el diseño de un plan de actuación estos términos, solicitando 2.857 millo- nes de dólares para financiarlo. Sin embargo, y a pesar de estos esfuerzos econó- micos, la población femenina sigue siendo víctima de la migración forzada; las principales causas del des- plazamiento deben ser atendidas con urgencia. Es im- perativo poner freno a las agresiones, extorsiones, asesinatos o desapariciones de miembros de los nú- cleos familiares, razones principales de la huida de muchas mujeres. También hay que trabajar en la lu- cha contra la violencia de género y el maltrato infan- til, para evitar que lleguen al momento en el que no aguantan más y deciden huir con lo puesto. Cuando deciden salir, muchas de ellas comienzan a tomar anticonceptivos con antelación. Aceptan que durante el viaje serán objeto de extorsiones y viola- ciones; no quieren sufrir más consecuencias con un embarazo no deseado. El paso del paraíso al infier- no las convierte en vulnerables con un eco de fondo. Tres de cada cuatro mujeres que huyen declaran sa- ber que el camino que les espera por delante es difí- cil, pero que a pesar de las perspectivas deciden huir porque al hacerlo por lo menos tienen la esperanza de salir con vida. La falta de dinero las obliga, en muchos casos, a subirse a lomos de “La bestia”, el tren de mercan- cías que atraviesa México de sur a norte. Desde él se enfrentan a las redes de asaltantes y narcotrafican- tes que controlan los trayectos, quienes las capturan y las esclavizan, prometiéndoles la liberación tras ejercer un determinado periodo de trabajos forza- dos. Con suerte, logran salir con vida; pero si no la tienen, sus cuerpos son hallados años después en fo- sas comunes, como las encontradas en 2010 en San Fernando, Tamaulipas. De los 72 cuerpos de migran- tes centroamericanos encontrados en la fosa común, 14 eran mujeres. Una de las declaraciones de la Cumbre de NN.UU. (Naciones Unidas) para Refugiados y Migrantes (2016) reconoce la necesidad de abordar la situación y la vulnerabilidad de migrantes mujeres y niñas, incor- porando la perspectiva de género en las políticas mi- gratorias y fortaleciendo las leyes nacionales, las instituciones y los programas para combatir la violen- cia-basada en género, incluyendo la trata y tráfico de personas y la discriminación. A la espera de que estas declaraciones se refle- jen en transformación social y seguridad para ellas en Centroamérica, uno de los eslabones vulnerables de la cadena de la migración, las mujeres que deciden ir en busca de mejores oportunidades o de reunirse con su familia fuera de sus países de origen, mientras si- guen sufriendo la descomposición de su entorno, tan- to en los países de origen como de tránsito. Cecilia Estrada Villaseñor OBIMID – Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones Universidad Pontificia Comillas. Centroamérica y sus mujeres: ellas se van
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