Ventana Europea | Nº 110 Junio 2017

VENTANA EUROPEA 11 Junio 2017 BARRIO EUROPA E l preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos es uno de los textos sobre los que a menudo vuelvo para releer y admirar la lucidez con que fue escrito y la firme determina- ción que en él subyace de que no se volvieran a re- petir las atrocidades cometidas tras la II Guerra Mun- dial. Se trata de un preámbulo esperanzador para un tiempo de paz que se abría y del que se esperaba que fuera duradero. Lo que es menos conocido es que durante todo el proceso de elaboración de la Declaración hubo presiones muy intensas de las potencias vencedo- ras para que el texto no llegara a ver la luz. Fue la insistencia de organizaciones de derechos civi- les, principalmente en Estados Unidos y en los te- rritorios del entonces imperio británico junto a la influencia de líderes mundiales proclives a la des- colonización, y el buen hacer de pequeños estados como Filipinas o Ecuador los que lograron que fuera aprobado el texto tal y como se conoce actualmen- te. Al frente de la comisión encargada de su redac- ción estaba Eleanor Roosevelt, cuyo papel en todo el proceso fue crucial. La Declaración se aprobó en un momento históri- co en el que comenzaba la Guerra Fría y en el que los países que habían derrotado al Eje (principalmente Estados Unidos, la Unión Soviética y, en menor medi- da, el Reino Unido) estaban volcados en repartirse el mundo de acuerdo con sus intereses geoestratégicos. En este contexto, la existencia de una declaración de carácter universal que afirmara la existencia de unos derechos inherentes a la persona dondequiera que se encontrase y pusiera estos derechos por enci- ma del principio de soberanía territorial, resultaba francamente incómoda. Y eso que todavía estaban recientes las imágenes de los campos de concentra- ción nazis que demostraban hasta dónde un Estado al que no se ponían límites era capaz de hacer. Casi setenta años después, existe un "Derecho in- ternacional de los derechos humanos". Hay organis- mos internacionales ante los que los Estados rinden cuentas y también entidades que denuncian en los distintos foros las violaciones que se producen. Poco a poco, con grandes dificultades y mucho esfuerzo se va construyendo una jurisdicción internacional que intenta poner límite a estos abusos que siempre tie- nen en sus raíces el temor y la miseria. Dos elemen- tos que subyugan a la persona y merman su dignidad. El miedo hoy vuelve a estar fuertemente presen- te en unas sociedades europeas crecientemente pre- carizadas, en las que la incertidumbre ante el futuro es moneda común. El “miedo líquido” del que ha- blaba Bauman que hace a la persona aferrarse a sus pequeñas seguridades laborales, económicas, cultu- rales, mientras que el “otro” (sea vecino, compa- ñera o compañero de trabajo, extranjero) y su cir- cunstancia (sea la que fuere) pierde todo carácter de referente ético. Es deshumanizado, convertido en un ser amenazante e incluso peligroso. A más preca- riedad, más temor; a más temor, más vulneración de derechos y más connivencia de los precarizados ha- cia esa vulneración. La aceptación de la miseria fru- to de la precariedad y la resignación ante el discurso del miedo genera más acumulación del poder en los que ya lo tenían y somete aún más a los que ya se en- contraban sometidos. Es necesario que la ciudadanía en Europa rom- pa con este círculo vicioso que ya está generando conflicto y se haga oír, fuerte y decididamente: en las urnas, en las plazas, en las universidades, en los mercados, en los parques, en las concentraciones, en las iglesias. Es necesario que grite su voluntad de acabar con el miedo y la miseria, con la precariedad y quien la genera a través de leyes austericidas. Con el miedo y quien lo alienta en los medios difundiendo mensajes apaciguadores hacia unos (los que deten- tan el poder) y estigmatizadores hacia otros (los de fuera, los “antisistema”, los distintos). Es necesario reivindicar que, como bien dice el Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Humanidad no puede vivir en paz si no es liberada del temor y de la miseria.  Emilio José Gómez Ciriano Universidad de Castilla-La Mancha. Miembro de los grupos de trabajo de migración y asuntos exteriores de la COMECE. Liberados del temor y de la miseria

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