Ventana Europea | Nº 110 Junio 2017
VENTANA EUROPEA 13 Junio 2017 31 de marzo a una reforma de la legislación relativa a la construcción, que ofrece ma- yor flexibilidad a los ayunta- mientos para el aprovecha- miento del espacio urbano, permite edificar viviendas en zonas industrializadas y en terrenos baldíos, transformar edificios vacíos o mal apro- vechados en lugares habita- bles y construir más alto y más compacto en el centro de las ciudades. También se mo- difica el nivel de tolerancia al ruido para que tengan cabida en estas nuevas “Zonas Ur- banas”, instalaciones depor- tivas. El objetivo es crear una estructura social favorable donde vivir, trabajar y reali- zar actividades de tiempo li- bre, sin necesidad de largos desplazamientos. REDUCIR LA DESIGUALDAD De cara a las elecciones generales del próximo mes de septiembre, diversas or- ganizaciones humanitarias y formaciones políticas coin- ciden en exigir un cambio de rumbo en la política so- cial del país y acometer re- formas fiscales que permi- tan reducir la desigualdad y la pobreza en Alemania, que alcanzó un nuevo récord y afectaría al 15,7 por cien- to de la población, según el Informe de Pobreza de 2017 de la asociación paritaria de organismos de beneficencia (Paritätischer Wohlfahrtsver- band). El número de pobres habría aumentado en los län- der del oeste de Alemania y se habría reducido en la zo- na oriental del país, excepto en Berlín. Además, vivirían en pobreza oculta entre tres y cinco millones de personas que, por vergüenza o desco- nocimiento, no solicitan ayu- da social aunque tengan de- recho a ella. MÁS PERSONAS SIN HOGAR Desde 2010, se observa en las ciudades alemanas un au- mento paulatino de gente sin domicilio fijo que, a falta de mejor opción, viven en la ca- lle. No se sabe cuántos son exactamente, ya que en este país, en el que se realizan es- tudios de casi todo, falta una estadística oficial que recoja el número de las personas sin ho- gar que pueblan sus ciudades. No deja de sorprender que aunque las personas sin recursos tienen derecho a prestaciones sociales y ayu- das a la vivienda, haya gen- te que carezca de ella. Las causas habría que buscarlas en graves problemas perso- nales, el alcohol o las drogas, la pérdida de empleo, el des- ahucio, la ruptura de la fami- lia, la violencia doméstica o enfermedades físicas o men- tales. Entre los sin techo se encuentran también personas que viven ilegalmente en el país; jóvenes que abandona- ron su hogar y no quieren que se les identifique; antiguos reclusos o personas que estu- vieron internadas en centros psiquiátricos y perdieron la capacidad de adaptarse a las reglas sociales “normales”. La Asociación Federal de Personas sin Hogar infor- maba en un comunicado a la prensa, el pasado mes de abril, que su número sería de unas 335.000, aproxima- damente, 37.000 no alcanza- rían los 26 años y un veinte por ciento entre estas últimas serían menores de edad. Ge- neralmente, los más jóvenes volverían a la vida normal tras episodios cortos en la ca- lle. La mayoría de las perso- nas sin hogar son hombres, pero cada vez hay más mu- jeres y niños que pierden la vivienda por desahucio. So- lo en Hamburgo se llevaron a cabo 1.431 desahucios el pa- sado año. Las causas son, por lo general, deudas de alquiler. VIVIR Y MORIR EN LA CALLE Las personas sin hogar duermen en centros de aco- gida, viven sin contrato en viviendas que ocupan ile- galmente, pasan la noche en casas de amigos o parientes por carecer de alojamien- to propio o tienen su lugar habitual para dormir en lu- gares públicos, como las en- tradas del metro o los par- ques y jardines urbanos. Es- tas personas están expuestas a numerosos peligros y pa- decen, con mayor frecuen- cia que otras, trastornos psí- quicos y enfermedades co- mo la tuberculosis, la hepa- titis C y el sida, son drogo- dependientes o sufren enfer- medades crónicas. Su espe- ranza de vida es menor que la de las personas con hogar estable, además, corren ma- yor riesgo de ser víctimas de actos de violencia que, a veces, les cuestan la vida. Uno de los casos espectacu- lares de violencia contra una persona sin techo tuvo lugar la pasada Navidad en Ber- lín, donde un grupo de jóve- nes refugiados de entre 15 y 21 años puso fuego a las ropas de un indigente mien- tras dormía en un banco de una estación de metro. La intervención de algunos pa- santes evitó los peor, pero la noticia consternó a todo el país y agudizó la animosi- dad contra los inmigrantes. Otro caso semejante, pero en el que murió quemado un hombre de 44 años, tuvo lu- gar en Hessen (Groß-Gerau) a mediados del pasado mes de abril. No son casos aisla- dos. El pasado año murieron 17 personas sin techo vícti- mas de actos de violencia y se registraron por lo menos otros 128 casos de agresio- nes de todo tipo. Las personas indigentes encuentran apoyo en los ser- vicios sociales estatales, en las instituciones eclesiásticas que ayudan a personas sin hogar, (Katholische Arbeits- gemeinschaft Wohnungslos- enhilfe, Evangelische Obda- chlosenhilfe, Diakonisches Werk der EKD), y otras mu- chas agrupaciones benéficas, como la organización fede- ral de ayuda a personas sin hogar (“BAG”), Cáritas o la Cruz Roja alemana. n n n
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