Ventana Europea | Nº 110 Junio 2017
VENTANA EUROPEA 21 Junio 2017 dado estancadas en los países balcá- nicos, tratando de cruzar las fronteras europeas, y rebotando en sus sistemas de seguridad internacional y vallado. En concreto, en Serbia, hay unas 8.000 personas migrantes, refugiadas que no han podido entrar a Europa. La mayoría permanecen en los cam- pos que están desperdigados por to- do el país, unas 6.000 personas: mu- jeres, hombres, niñas y niños. Otros en pequeños asentamientos cerca de las fronteras. Aunque en su mayoría, en- tre 1.000 y 2.000 personas, se concen- traban en tres barracones, unas anti- guas naves militares, cercanas a la ac- tual estación de tren. Se concentraban, porque el pasado 10 de mayo, han sido desalojadas y derruidas. mayorÍa de jóvenes En estos barracones o “barracas”, se encontraban exclusivamente hombres y niños que viajan solos, provenientes de Afganistán (en su mayor parte), Pakis- tán y, puntualmente, de otros países. El flujo de personas es variable, pero su mayoría eran jóvenes, muy jóvenes… entre quince y veinticuatro años, aun- que también han pasado por allí niños desde los diez u once. El conflicto armado que lleva años azotando Afganistán, con presencia de tropas americanas, españolas y otros países europeos, la OTAN, talibanes, DAESH, demás grupos rebeldes y el ejército afgano, sume al país y a Pa- kistán en un estado de violencia física, explícita y estructural muy importan- te. Algunos de ellos, han sido amena- zados por diferentes grupos, otros han visto cómo han muerto amigos y fami- liares, otros no pueden desarrollar sus trabajos y vidas con normalidad. Po- demos llamarles refugiadas, migrantes forzosas, económicas, políticas… no somos quienes para juzgar las razones. Huyen, dejan atrás sus pueblos y fa- milias por necesidad. Y como hemos oído en varias ocasiones de sus bocas: “Nadie deja su casa para siempre, por gusto”. Algunos llevan en Belgrado casi un año, otros, varios meses. Yo, pasé, fugazmente, un mes. Al llegar en marzo, las barracas me sabían a polvo, olían a humo, pero no había punto de comparación con lo que habían pasado antes. Meses atrás, en pleno invierno, ha- bían estado a menos 20 grados, y solo se respiraba nieve, frío helador y mu- chísimo más humo. Las europeas que viajaban a “ayudar” no aguantaban más de media hora… ellos dormían, cocinaban, comían, hacían vida allí. Porque, claro, estas naves abando- nadas, no contaban con salida de hu- mos, ni agua corriente, ni sanitarios, ni electricidad, ni madera adecuada pa- ra hacer fuego, ni cocina, ni camas… eran suelo, techo, paredes, ventanas rotas, puertas medio abiertas, tiendas de campaña y mantas. alarma social A medida que la alarma social fue aumentando, mínimamente, respecto a la situación de estas personas, más ex- tranjeras nos acercábamos a tratar de entender y acompañar lo que allí esta- ba ocurriendo. Algunas personas ser- bias también se dieron cuenta de que algo pasaba… solo algunas. Así que se empezó a trabajar para mejorar las condiciones del lugar en el que los migrantes habían decidido que- darse, en colaboración con ellos. En las últimas semanas contaban con servi- cios de diferentes colectivos que trata- ban de cubrir necesidades básicas: de- sayuno, comida, cena, asistencia sani- taria, distribución de ropa, zapatos, ma- dera, chimeneas y estufas, limpieza, ejercicio mañanero, carga de móviles, actividades de ocio, ligas de cricket, pe- lículas, clases de idiomas, una pequeña mezquita, información y asistencia le- gal… No nos equivoquemos, no es pa- ra tanto. Allí, parece que se olvida que las condiciones son pésimas. Pero des- de aquí, no podemos pasarlo por alto. PENSAR POR ELLOS Grandes oenegés y “altos comisio- nados de expertos en el tema” hacían lo que mejor sabían hacer. Pensar y ac- tuar por ellos. Y, en muchas ocasiones, según protocolos y órdenes europeas o del mismo país, que recordemos no tienen ninguna intención de acoger realmente a estas personas. Los grandes grupos no guberna- mentales que estaban en Belgrado no trabajaban mano a mano con los resi- dentes de las barracas. En Serbia, la asistencia humanitaria en este conflic- to no es legal, en teoría, y ellos, no es- taban autorizados para pisar esta zona. ACNUR, MSF, Médicos del Mundo, Intermón Oxfam… en esto se escuda- ban para dar una asistencia tan pobre, < Al llegar en marzo, las barracas me sabían a polvo, olían a humo, pero no había punto de comparación con lo que habían pasado antes. >
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