Ventana Europea | Nº 110 Junio 2017
ENTRE C ULTURAS 22 VENTANA EUROPEA Junio 2017 tan denigrante en su conjunto, tan ver- tical y poco respetuosa… que no hay tanto espacio para mi indignación de privilegiada, en estas líneas. MSF se preocupaba de la Salud Pú- blica con grandes y pomposos proyec- tos de exterminación de sarna y piojos, que llegaban tarde y con una escasísi- ma información para los residentes. A lo que tenían que responder sanitarios y sanitarias independientes que sí te- nían presencia en las barracas. Las grandes, las poderosas, las que más opción y rango de movimiento pueden llegar a tener, agachan la ca- beza ante las autoridades en privado y proclaman a los cuatro vientos su des- contento, en público. No es coherente. ¿Así se lucha de forma real? AYUDA DE LOS COLECTIVOS PEQUEÑOS Desde los colectivos pequeños que trabajábamos de forma independiente, se les ofrecían servicios que pensába- mos que les vendrían bien, así era en algunas ocasiones. Pero la actitud pa- ternalista y colonialista es difícil sacu- dírsela. Y la necesidad de preguntar y ofrecer antes de actuar es esencial, y no siempre lo hacíamos correctamen- te. Invitábamos a las asambleas de los grupos en los que trabajabamos, a los residentes, no venían muchos, nos fa- llaba el poder de convocatoria. Claro, es que las asambleas de europeos deci- diendo y debatiendo sobre las barracas, donde no vivíamos, tenían que ser un tanto graciosas. Los egos por los que se rigen este tipo de actividades vo- luntariosas no están aún dominados y aun así, no nos retirá- b a m o s , h a c i e n - do frente a una au- t o c r í t i c a necesaria pero, a ve- ces, insuficiente. Y todo esto, ellos eran los que lo soportaban. Y a pesar de todo ese hu- mo, que ensombrecía la mente y re- ventaba los pulmones, allí tenían la libertad que no querían perder en los campos, y más posibilidades de viajar a la frontera para cruzar a Europa. La vida de las barracas, gracias a ellos, era un clima comunitario, un micro siste- ma, que desde fuera nunca llegamos a conocer del todo. Tenían su propia for- ma de colaboración y muchos de ellos, eran partícipes y gestionaban las acti- vidades de cocina, enfermería, distri- bución… eran palpables formas de so- lidaridad, participación y organización colectiva que dotaban a las barracas de una dignidad propia, de esa que se cue- la por debajo de la puerta y te ilumina poco a poco. Eran individualidades hechas co- munidad, que cada día tenía que hacer frente a la desesperanza, a la extorsión de las mafias, a las políticas separatis- tas, a la búsqueda de nuevas oportuni- dades día a día, mientras echas en falta a tu familia, mientras no tienes recur- sos, mientras te pones enfermo, te pe- gan en la frontera, te detienen, te ro- ban, mientras has ido perdiendo a com- pañeros por el camino… Pero sobre todo, hacen frente a un gigante indomesticable, que cada vez se está empoderando más. Un gigante en el que nosotros, los “con papeles” nos sentimos falsamente protegidos. La UE, que financia conflictos arma- dos, convierte las fronteras en jaulas electrificadas, publicita la calidad de un sistema de acogida que no es real y que nunca tuvo intención de serlo. Y Serbia no se está quedando atrás. Si quiere formar parte algún día de la UE, tiene que cargar ahora con el muerto. demolición de las barracas Hace unas semanas, las barracas han sido desalojadas y demolidas. Son varias las razones por las que el des- alojo se ha producido ahora: ya lleva- ban demasiado tiempo merodeando, ya eran más de los que podían contro- lar; en la primera semana de abril hu- bo elecciones generales en el país y se esperaba que el nuevo presidente tenía que dar respuesta a un problema que había estado evitando durante más de un año; se estaban construyendo más campos en Serbia y el gran proyecto de especulación urbanística de Emira- tos Árabes Unidos (EAU) que ya había desalojado un barrio de casas bajas y vecinos humildes en Belgrado, se esta- < Las grandes (oenegés), las poderosas, las que más opción y rango de movimiento pueden llegar a tener, agachan la cabeza ante las autoridades en privado y proclaman a los cuatro vientos su descontento, en público. >
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