Ventana Europea | Nº 110 Junio 2017

VENTANA EUROPEA 23 Junio 2017 ba comiendo el solar cercano a las ba- rracas. Es paradójico, doblemente pa- radójico, que Emiratos Árabes Unidos contribuya con armas y dinero a una conflicto que les echa de sus casas y condena al exilio, y por si fuera poco, apresure el desalojo de las naves donde vivían más de mil personas refugiadas, para construir sobre ello, un gran com- plejo de viviendas y tiendas de lujo. El poderoso caballero don dinero no les ha dado tregüa. Y ese caballero tiene una doble cara: la de los petrodólares y los euros. A los migrantes que vivían en las barracas les han instado a trasladar- se a campos oficiales en autobuses. Rápidamente y con mínima informa- ción, mediada por los colectivos que quedaban en tal desastroso momen- to; ya que el Comisariado para Refu- giados y migraciones no se hizo car- go de ello de forma correcta y huma- na. En cuatro días desde el anuncio ofi- cial del desalojo, los barracones esta- ban vacíos y los empezaban a derruir con grúas. Alrededor de 2.000 perso- nas residentes en Belgrado fueron re- partidas por todo el país, en diferentes campos. Muchos de los campos ya es- taban al completo de su capacidad; en otros, familias enteras llevan vivien- do meses. En ellos, los servicios dejan mucho que desear, comida deplorable, hacinamiento en habitaciones, baños embozados, y nada que hacer durante el día... en contraposición con lo que ofrecía primeramente el gobierno. Mu- chos de los campos están lejos de la ciudad o no tienen transporte accesible para trasladarse a ella, lo que supone una limitación de la libertad de movi- mientos, mayor aún, si cabe, de la que ya estaban sufriendo. Muchos de ellos no desean estar allí, pero no tienen otra alternativa si no quieren ser detenidos en campos cerrados o incluso, depor- tados. Otros, intentan esconderse en el bosque y quemar el último cartu- cho para cruzar una casi infranqueable frontera. las barracas, un hogar “digno” Las barracas no era un terreno don- de quedarse para siempre, pero desde luego era un hogar mucho más digni- ficante y liberador que las estructuras de lona en las que están condenados a vivir ahora, sin saber hasta cuándo ni para qué. Cada día que pasábamos en las ba- rracas, tuvimos el privilegio de apren- der sobre acogida, sobre la acogida que ellos nos daban a nosotros. Sobre el apoyo que nos proporcionaban cuan- do se te caía el mundo a los pies. Sobre las sonrisas que te regalaban por estar, estar allí, en su improvisada casa, com- partiendo un té. Sobre la generosidad de compartir lo material y el corazón con cualquiera que bajara de las nubes y mi- rara de tú a tú. De persona a persona. La “Europa-fortaleza”, los países involucrados en este conflicto, el Esta- do Serbio y el capitalismo han borrado de un plumazo, los nombres propios y las caras reales de la guerra. Las en- mascaran con cifras económicas y se justifican con argumentos xenófobos y racistas, que en realidad tienen un tras- fondo aporofóbico, de aversión y re- pugnancia al pobre y desamparado. Realmente, esto es lo que está pasan- do ahora mismo en Serbia, aunque no so- lo allí. Está pasando en Grecia, en Sudán del Sur, en Turquía, Siria, Irak, Palestina, Eritrea, Ceuta y Melilla, Sáhara… y un largo etcétera. Está pasando. Se están vulnerando los Derechos Humanos fundamentales. Sabemos que los de arriba no tie- nen vergüenza, pero nosotros no pode- mos darles la espalda y dejarnos enga- ñar por sus argumentos. La responsa- bilidad civil está llamando a nuestra puerta de muchas maneras. Necesita- mos redes de solidaridad y apoyo que traspasen el color de la piel, las creen- cias religiosas y cualquier frontera. La asistencia directa que podemos ofrecer sobre el terreno no es suficien- te. La concienciación sobre las cau- sas reales de la situación, la participa- ción ciudadana real en cualquier tipo de crisis social, es esencial. No pode- mos solucionar un problema si no co- nocemos por qué se produce. Pero po- demos informarnos y movilizarnos, creer en nosotros, como ciudadanos amables y comprometidos que no quieren fomentar un juego de violencia, miedo y enrique- cimiento injusto. Podemos organizarnos y prepararnos para ganar la partida, a través de la solidaridad, el amor y la lu- cha real a favor de las personas, de to- das, que tenemos cara, tenemos nom- bre y, todavía, mucha fuerza.  < La “Europa-fortaleza”, los países involucrados en este conflicto, el Estado Serbio y el capitalismo han borrado de un plumazo los nombres propios y las caras reales de la guerra. Las enmascaran con cifras económicas y se justifican con argumentos xenófobos y racistas. >

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