Ventana Europea | Nº 110 Junio 2017
ENTRE C ULTURAS 24 VENTANA EUROPEA Junio 2017 > P or qué cuento todo esto? Porque todo empezó en una conversación de sobre- mesa con mi familia. Déjenme decirles que estoy casada con un italiano de se- gunda generación y tengo dos hijas, de 20 y 23 años. La conversación se de- sarrollaba en torno a la nueva ley que se aprobó aquí en Suiza en febrero para facilitar los trámites de la nacionalidad a la tercera generación. A mis hijas les afecta de lleno ya que es su caso, y la conversación se fue expandiendo hasta llegar al tema de los emigrantes y refu- giados. En un punto de la conversación familiar, yo comenté que iba a asistir a la presentación de los proyectos en co- mún entre asociaciones suizas y asocia- ciones extranjeras en la Casa del Pue- blo de Zürich y mi hija mayor, Inés, me propuso algo: “Mamá, te acompaño a ese evento si tú vienes conmigo el do- mingo a visitar a los refugiados en la casa de acogida”. La propuesta me pi- lló por sorpresa, primero porque no sa- bía que mi hija era asidua del centro de acogida y además porque lo que yo co- nocía hasta ahora era otra cara muy di- ferente de la emigración. Acepté la propuesta y me embarqué en una nueva experiencia, feliz por ver a mi hija tan sensibilizada con el tema y curiosa de conocer a esa nueva “emi- gración” tan desconocida para mí. en el terreno de mamá El Volkhaus era un hervidero de mi- grantes. Los responsables del Departa- mento de Integración de la ciudad de Zürich, una vez presentada su nueva directora, dieron a conocer al auditorio las líneas maestras de cada uno de los siete proyectos comunes entre suizos y extranjeros: “Construyendo Puentes“. Mi hija estaba fascinada al ver cómo, por ejemplo, un grupo de somalíes se encontraba semanalmente con otro gru- po suizo para organizar talleres o cómo madres albanesas con madres suizas or- ganizaban programas para niños... (Es- to por nombrar alguno de los siete que se presentaron). Como broche de la presentación, un coro de lo más pinto- resco compuesto por un montón de na- cionalidades, interpretó sobre el esce- nario una canción elaborada por ellos mismos, titulada: “Mi barrio“. El even- to concluyó con un estupendo aperiti- vo y la oportunidad de conocer más de cerca los diferentes grupos. Inés estaba encantada: “Mamá, ¿has visto ese grupo que tiene como princi- pal objetivo la violencia de género?”. Mamá, ¿te has fijado qué bien cantan los suizos en español?...”. “Mamá, ¿sa- bías que los albaneses organizan cam- pañas de prevención?…”. Sus comenta- rios se extendieron los cuarenta minutos que nos separan de Zürich a nuestra ca- sa. También me mostró el montón de fo- lletos que se llevaba y me habló de los contactos que hizo. Fue llamando a to- dos sus amigos extranjeros para hablar- les de esta construcción de puentes que existe en el cantón de Zürich. en el territorio de inés Llegó el domingo y me tocó el tur- no a mí. Mi hija se levantó y preparó unas bolsas con cosas que no iba a usar más para llevarlas al centro de acogida. No hablamos mucho por el cami- no, yo no sabía bien cómo afrontar el tema (como otras muchas personas, quizá estoy llena de prejuicios). Cuan- do ella me preguntaba algo, solamen- te contestaba: “Bueno, Inés, me voy a dejar sorprender.” Llegamos a una casa vieja en un complejo industrial. Apenas nos apea- Construir la cultura del encuentro construyendo puentes En 2015 la ciudad de Zürich creó una plataforma para que todas las asociaciones extranjeras, incluidas las misiones, pudieran intercambiar cualquier tipo de información. Una de las ideas era promover proyectos conjuntos con las asociaciones suizas. Dicha iniciativa es ya una realidad. De los 13 proyectos que es- tán en marcha, en noviembre del pasado año se pudo asistir a la presentación oficial de siete de ellos en la Casa del Pueblo (Vo- lkhaus) en Zürich. Maite Leitón. Zürich
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