Ventana Europea | Nº 110 Junio 2017
VENTANA EUROPEA 27 Junio 2016 negativos”, apuntan los obispos espa- ñoles, quienes apelan a la Convención sobre los Derechos del Niño para re- cordar “el derecho a ser protegidos por la sociedad y el Estado cuando se en- cuentran en situación de vulnerabili- dad”, o la obligación a los gobiernos de “tomar medidas para proteger a los niños de la violencia, de toda clase de explotación, de la trata de personas y de toda aquello que pueda dañar su de- sarrollo humano integral”. Las leyes internacionales y nacio- nales están muy claras respecto a la protección de los menores frente a to- da agresión. Entonces “nos pregunta- mos –dice la Iglesia– ¿por qué exis- ten en estos momentos, según las ci- fras que facilita UNICEF, 1,8 millones de niños víctimas de la explotación se- xual, 300.000 niños víctimas de la vio- lencia y de la guerra, 168 millones so- metidos al trabajo infantil?”, subraya el mensaje. respuesta contundente La respuesta es contundente: “la irrelevancia política de los niños en situación de exclusión y, por tanto, que no sean tenidos en cuenta por los gobiernos a la hora de las decisiones políticas”. Frente a esta realidad, los obispos llaman a “tomar conciencia de que los niños migrantes son una par- te de esos menores de edad que sufren las consecuencias de la injusticia, de la falta de respeto a sus derechos fun- damentales y de la indiferencia de la sociedad”. “Un niño migrante no acompaña- do no tiene nada más que el día y la noche. Pensemos, por un momento, las penurias que tiene que sufrir cuan- do sale de su país con lágrimas en los ojos mirando hacia atrás donde deja a sus padres porque no le pueden dar un futuro digno”, apuntan los obispos, quienes describen cómo cada menor “se une a los adultos que huyen de la hambruna, de la guerra o de la falta de libertad. Sufre las penalidades propias del camino migrante sin el calor del hogar, sin poder estudiar y jugar, con hambre y con sed. Sus almas laceradas por la injusticia se reflejan en sus ros- tros trises, inmóviles y sin expresión”. En todas las diócesis españolas se celebró este día con multitud y variedad de actos: exposiciones, manifestaciones públicas, semanas culturales, conferen- cias, misas del mundo, trabajos escola- res, revistas, y liturgias apropiadas, etc. En muchos de ellos se preguntaban lo que el Papa decía en su mensaje: ¿Cómo responder a esta realidad? Como señala el Papa : En primer lu- gar, siendo conscientes de que el fenó- meno de la emigración no está separa- do de la historia de la salvación, es más, forma parte de ella. Está conectado a un mandamiento de Dios: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque foraste- ros fuisteis vosotros en Egipto». Y tam- bién es necesario centrarse en la protec- ción, la integración y en soluciones es- tables. Ante todo, se trata de adoptar to- das las medidas necesarias para que se asegure a los niños emigrantes su pro- tección y defensa. un grito silencioso Un grito silencioso, que no es es- cucha en los medios o los parlamen- tos, según denuncia la Iglesia españo- la. “Alguien ha de gritar con ellos y en su nombre. Alguien ha de prestar su voz para que su situación llegue a oí- dos de quienes tienen la posibilidad de solucionar sus problemas”. ¿Quién? “La Iglesia quiere estar al lado de es- tos menores migrantes y hacer todo lo posible para sensibilizar a la sociedad sobre esta dramática situación que es- tán viviendo millones de niños que no tienen futuro porque la injusta socie- dad humana se lo niega”. Porque, como asegura Francisco, “nadie es extranjero en la comunidad cristiana, que abraza «todas las nacio- nes, razas, pueblos y lenguas». El pa- pa y los obispos españoles piden algo fundamental y estructural: “Es absolu- tamente necesario un nuevo orden eco- nómico internacional basado en el diá- logo, la cooperación y la solidaridad entre los pueblos para que el mundo sea casa común de todos los hombres”. < Los obispos llaman a “tomar conciencia de que los niños migrantes son una parte de esos menores de edad que sufren las consecuencias de la injusticia, de la falta de respeto a sus derechos fundamentales y de la indiferencia de la sociedad”. >
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