Ventana Europea | Nº 110 Junio 2017
ENTRE C ULTURAS 28 VENTANA EUROPEA Junio 2017 HIST O RIAS DE LA HISTORIA > G abriela es mi nombre y nací en Buenos Aires. Crecí feliz en una gran fa- milia, con la música del acento italiano de mis abuelas, el testimonio de su fe incondicional y el sabor de la vida en la Valtellina gracias a tantas historias que mi padre contaba. Años más tar- de, recién casada con Olivier, partía- mos a Francia donde nacieron Alexan- dre y Bénédicte, quienes se consideran franco-argentinos. Nunca olvidaré mi alegría cuando descubrí la Misión en el barrio de Pa- rís donde vivíamos, Dios me hacía un regalo. Cuando los chicos crecieron, decidí continuar mis estudios de dere- cho en Derecho canónico. La Iglesia, sociedad sobrenatural, también es so- ciedad visible y posee una forma jurí- dica que me interesaba conocer, pero lo que me animó a estudiarlo es la con- cepción del Derecho de la Iglesia que, como enseñaba Pablo VI, “ha de jus- tificarse por la referencia al principio evangélico del amor que deberá per- mear toda legislación eclesiástica”. La vocación del Derecho canónico es ser instrumento que transparenta el víncu- lo de comunión y del amor en la Igle- sia. Concretamente, viviendo mi fe en una comunidad de inmigrantes, sur- gían algunas preguntas: ¿qué estructu- ras especiales prevé la Iglesia para su acogida y acompañamiento pastoral? ¿cómo esas formas jurídicas reflejan la comunión en el seno de la Iglesia dio- cesana? Pero, además, encarnada en una sociedad, ¿cómo esas estructuras permiten que la Iglesia sea espacio de solidaridad, puente en la integración de nuestros hermanos en la sociedad de acogida? Esta dimensión del acom- pañamiento de los migrantes nos es, en general, menos conocida, sin em- bargo, me parece importante porque si bien no son las estructuras las que dan vida, ellas podrían perjudicarla o al contrario, facilitarla, animarla. El De- recho así entendido es servicio. TESINA Cuando llegó el momento de la tesi- na, escogí por tema el marco canónico de mi comunidad, la Misión española de París. La preocupación de la Iglesia por el inmigrante es una constante en su historia. Sin embargo, es a raíz del fenó- meno migratorio que vive Europa desde mediados del siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX, que la Iglesia, desde el pontificado de León XIII, comenzó a dictar normas para organizar su acompa- ñamiento pastoral. En este periodo co- mezó a dibujarse la figura del misiona- rio de los emigrantes, sacerdote que ha- blaba la misma lengua de aquellos que acompañaba. Es en esta época cuando aparecen en Europa las primeras “Mi- siones católicas” en torno a los misio- neros que el obispo de Cremona, mon- señor Bonomelli, enviaba para acompa- ñar a los italianos que emigraban a Sui- za. Ellas serían una de las fuentes de la “Misión cum cura animarum”, figura de La Misión de La Pompe, objeto de una tesina La preocupación de la Iglesia por el inmigrante es una constante en su historia La historias de la historia no se refieren solamente a personas. Existen Misiones Españolas en Europa que por su trayectoria, su bien hacer y su empeño en la evangelización se convierten en objeto de admiración y estudio. Es el caso de La Pompe. “Nun- ca olvidaré mi alegría cuando descubrí la Misión en el barrio de París donde vivíamos, Dios me hacía un regalo”, dice Gabriela Pozzi, autora de una tesis sobre la Misión. Gabriela Pozzi. París
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