Ventana Europea | Nº 110 Junio 2017

VENTANA EUROPEA 31 Junio 2017 eclesial local, de tal manera que que el obispo de lugar se convertía también en su autoridad. Así, el gobierno de la con- gregación quedaba bien distribuido y las hermanas vivirían en armonía con los obispos respectivos. primeras dificultades La incipiente congregación enfren- tará una dolorosa pérdida: la muerte del fundador quien legaba a la Iglesia una congregación hasta entonces un tanto minoritaria con casas en España y en Cuba. Como era de esperarse, el obispo de Zamora designó la nueva superiora: la hermana Mariana Torello. La Guerra Civil en España (1936- 39) y la persecución obligaron a las her- manas a buscar trabajos alternativos pa- ra subsistir y a sobrellevar una existen- cia clandestina. La situación no mejoró y se vieron así en la necesidad de emi- grar hacia Francia y a Portugal. Aún con dificultades, al terminar la Segunda Guerra Mundial y para confir- mar el adagio “no hay mal que por bien no venga”, la congregación asistió a una primavera : las vocaciones empezaron a multiplicarse y las nuevas fundaciones no se hicieron esperar: Cabo Verde, Angola, Mozambique, todas ellas desde Portugal. Desde España se abrieron caminos hacia México, Bolivia, Perú y Chile. Enseguida Puerto Rico, Santo Domingo y más tarde en Guatemala. La provin- cia portuguesa fundó también en Brasil. Puede afirmarse, pues, que después de la guerra hasta los años 60 del siglo XX, las Hermanas del Amor de Dios vivie- ron su apogeo. llegada a alemania Y ¿cómo llegaron a tierras teutonas? Esta vez la fundación no vendría ni des- de España, ni desde Portugal. Tocó el turno al así llamado “Continente de la esperanza”, para hacer justicia a la ex- presión del conocido papa polaco. A través del arzobispo de la Paz en Bolivia, el cardenal Frings, por entonces obispo de Colonia, conoció la congrega- ción y pensó que era oportuno con ellas remediar la carencia de vocaciones reli- giosas en esta parte de Alemania. El obispo pensaba, desde luego, en la atención pastoral a las recientes olea- das de emigrantes de origen español. Comienza así la nueva contextualiza- ción del carisma de la educación inte- gral y desde entonces las Hermanas del Amor de Dios han estado unidas al es- fuerzo de la Conferencia Episcopal Es- pañola por atender las necesidades pas- torales de las comunidades católicas que iban multiplicándose a lo largo y ancho de este país. La madre Cruz Rodríguez fue la primera responsable. Mientras tanto, Fidel Castro llegaba al poder en Cuba y con ello la congrega- ción fue obligada a dejar la isla y las casi cien hermanas que ahí habitaban fueron distribuidas por toda América Latina y Europa. adaptación del carisma ¿Al llegar a Alemania cambiaron de carisma o se puede decir que hubo una evolución, adaptación? Tanto Magda- lena como Rosario coinciden en que la congregación, siendo fiel al carisma le- gado por su fundador, se adaptó a la nue- va situación. Así, el 2 de diciembre 1961 llegó el primer grupo de ocho hermanas a Colonia. “Una nueva necesidad que atender y una nueva forma de salir ade- lante para la congregación” puntualiza Magdalena. Sin renunciar al carisma original, las hermanas supieron adaptarse y res- ponder a los signos de los tiempos en la Iglesia local: atender integralmente a los emigrantes. De este modo hicieron ho- nor al párrafo 55 de sus Constituciones que reza: “Y acudiremos con una res- puesta encarnada a donde la congrega- ción crea que se realiza su carisma fun- dacional”. Desarrollo en Alemania Al inicio en Colonia algunas de las hermanas se dedicaron a trabajar en hospitales y guarderías ( kindergarten) . Otras se dedicaron con entusiasmo a la catequesis y la liturgia en las misiones circunvecinas. Una parte de su apostola- do se concentró también en la recepción de los emigrantes, buscándolos en la es- tación del tren hasta adentrarlos el nueva lengua y cultura, que no siempre les gus- taba. “Impresionante era recibir los tre- nes llenos de gente cuya única identidad era un número colgado en su ropa”, pre- cisa Rosario con nostalgia. Las nuevas fundaciones en Alema- nia no se hicieron esperar. En 1962 se establecieron en Auersmacher en la dió- cesis de Trier y en Essen para la atención de los muchos mineros que buscaban fortuna en la cuenca minera del Ruhr. De ahí se extendieron a Geselkir- chen y Münster donde están presentes hasta hoy, como en la residencia para jó- venes trabajadores en Düsseldorf y, ade- más, entre otras tantas como Wuppertal, Odendorf, Dortmund. Atendían a los españoles que venían en masa a trabajar atendiendo a los ni- ños, pues las agrupaciones familiares aún no existían y no era posible dejarlos sin lengua y sin religión. El obispado en

RkJQdWJsaXNoZXIy NTQ2OQ==