Ventana Europea | Nº 111 Octubre de 2017
EURONOTICIAS ALEMANIA 12 VENTANA EUROPEA Octubre 2017 > A nte la falta de suficientes pro- fesionales de la salud para atender a la deman- da de cuidados de una pobla- ción cada vez más longeva, el Gobierno acaba de reformar las directrices para la forma- ción profesional en los ámbi- tos de atención y cuidados sa- nitarios, con el fin de hacerla más atractiva para la gente jo- ven.Al mismo tiempo, recluta personal sanitario en el exte- rior para los puestos vacantes que no puede cubrir con sus propios recursos humanos. Entre las profesiones más buscadas en estos momentos en Alemania, la de cuidado- res de ancianos ocupa el ter- cer puesto y médicos y perso- nal sanitario, el décimo, una oportunidad para trabajar en este país en el sector de la sa- lud. Para ello se necesita, ade- más de la formación adecua- da, conocimientos de alemán a nivel “B2” o “B1 Pflege”. Pero, ¿cuáles son las condi- ciones de trabajo? una asistencia real Era un fin de semana. En la consulta de cardiolo- gía de un hospital de una ciu- dad del norte deAlemania ha- cía guardia un médico asis- tente procedente de un país de América Latina que, con las prisas, quería sacar san- gre a una asombrada pacien- te en una silla del pasillo. Al lado de las puertas de las ha- bitaciones, varías luces rojas indicaban cuáles enfermos esperaban ser atendidos. En- tre los internados, había dos mujeres mayores dementes. Dos o tres enfermeras iban de una a otra habitación con pa- so rápido y un gesto de can- sancio, disgusto o resignación en el rostro, cuando por ené- sima vez acudían a la llama- da de una de ellas, que pulsa- ba el timbre cada diez minu- tos porque quería saber dónde estaba, dónde vivía, cuando la venían a recoger y porque la habían llevado allí. Al mismo tiempo, enfermos recién ope- rados esperaban la visita del médico, que no llegó. A la ho- ra de comer, los pacientes que podían moverse tenían que re- coger ellos mismos la comida y las bebidas en un carro en el pasillo. Una mujer se que- jaba de que tenía la sábana de la cama manchada de sangre desde hacía tres días y no se la cambiaban. La empleada que hacía la limpieza el fin de se- mana, miraba desde la puerta y donde le parecía que no era necesario, no limpiaba. Entre las enfermeras de tur- no reinaba un clima de nervio- sismo y descontento por falta de tiempo para atender a todos. La situación en las resi- dencias de ancianos es, por lo general, todavía peor. Los da- tos de numerosos estudios y publicaciones testifican que en muchas de ellas se vulne- ran los derechos de de la per- sona mayor, a lo que se atribu- ye la sobrecarga de trabajo del personal, que tiene que aten- der a demasiados ancianos a la vez, pero también a los pro- longados horarios y guardias nocturnas, a la insuficiente remuneración y a la falta de seguridad y perspectivas que ofrecen los contratos tempo- rales con los que muchos tra- bajan en el sector de cuidados. Según cálculos del Centro de Investigación Social de la ciudad de Bremen, aproxima- damente un cuarto millón de los mayores ingresados en re- sidencias son tratados con fár- macos tranquilizantes sin in- dicación médica, con el fin de hacer más fácil el trabajo a los cuidadores; a otros les atan a la cama o a una silla, descui- dan su higiene personal y has- ta les pegan. Habría también bastantes que pasan hambre y sed por falta de tiempo de los cuidadores para ayudarles a comer o a beber. En septiembre del pasado año trabajaban aproximada- mente un millón de personas en la atención de enfermos, además de los 611.000 que trabajaban cuidando a perso- nas mayores, más de la mitad lo hacían a tiempo parcial, la mayoría eran mujeres. ¿Una oportunidad laboral en Alemania? Trabajar en hospitales y residencias de ancianos El sistema sanitario alemán sufre un déficit crónico de personal en hos- pitales, centros geriátricos y servicios asistenciales a domicilio para per- sonas dependientes. Según los últimos datos sobre la dependencia de la Oficina Federal de Estadística –diciembre de 2015– unas 2,86 millones de personas eran dependientes en aquel momento; de ellas, 1,4 millones recibían atención en sus propios domicilios, una tendencia ascendente. Josefa Castro. Alemania
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