Ventana Europea | Nº 111 Octubre de 2017
VENTANA EUROPEA 25 Octubre 2017 Y los domingos, aún hay una co- munidad fiel y creyente, a veces no tan pequeña, pero muchos no se sien- ten invitados. Y sin embargo, son buena gente, son sacrificados y fieles a sus ideas. Trabajan con ahínco por los suyos y entienden de renuncias. Y es que son realmente buenos y cuando por algu- na razón nos conocemos, hay más que respeto y nace la confianza. Guardo en mi memoria momentos entraña- bles, palabras verdaderas que salieron de esos ratines, tal vez en días muy tristes, en los hospitales y en el cre- matorium. ayuda a quien necesita Pero ellos se dividen y se juntan, se tratan y se distancian, se reconocen y se descuentan, y a la vez hacen por respetarse y, sobre todo, se ofrecen a ayudar a aquel que lo necesita. Las tradiciones pierden sentido. La Santi- na tiene menos fiesta, pero sigue que- rida y hay días en que el lamparero se llena de velas. Igual que sus padres, estas gene- raciones nuevas son gente buena, que tienen ojos que miran con humani- dad. Todos hacen algo por los otros, y cuando los necesitan, ellos acuden. Dan de comer al perdido, guardan la maleta y su saco al que llegó a la ven- tura y no sabe qué hacer. Escuchan las penas del recién llegado. Ofrecen un sitio para pasar la noche. Son buena gente, aunque no pisen la iglesia. Desde niños alguien les ex- plicó la parábola del buen samarita- no y milagrosamente quedó fija en su memoria. Y por eso, da gusto estar a su lado, conocer su vida y su interior, servirles en lo que se pueda, sin exi- girles nada, sin hacer uso de una au- toridad que no tengo, ofreciéndoles mucho por si desean entrar de nuevo en la casa de Dios. iglesia más modesta Ahora, nuestra iglesia de la co- munidad de emigrantes es más mo- desta, más humilde, yendo y vinien- do donde haga más falta. Así nos movemos. No somos autoritarios ni señores. Escuchamos más y ser- vimos más. Todos hacemos lo que se puede. Conozco quien lo da todo sin pedir nada a cambio por el fa- vor que les hace. Me encuentro con los que lloran en los días tristes. Si tu caes enfermo, ellos se preocupan y se interesan. Nos trataremos a lo mejor menos, pero nos queremos. Nos une la cultura, la palabra, la vi- da, y también la fe. Porque cuando hay humanidad, la fe en Aquel que se hizo hombre, no ha muerto. Y Dios aún no ha muerto entre nues- tra gente. ¿por qué eliminar las comunidades Entonces, ¿por qué eliminar de un plumazo la comunidad que aún se reúne en el nombre de Jesús y da testi- monio? ¿Por qué suprimirla? ¿Quién gana en el decreto y qué se gana con la decisión? ¿A quien le interesa y le aprovecha? Serán comunidades de origen ex- tranjero, pero cada día alimentan la Iglesia de Bruselas y dan testimonio ante los pobres...
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