Ventana Europea | Nº 111 Octubre de 2017
26 VENTANA EUROPEA Octubre 2017 PUNTO DE VISTA > P ero, si durante medio si- glo mi bienvenida se ha ido profundizando, es es- pecialmente este año de 2017 cuando me estoy dando cuenta de que debe ser puesto en tela de juicio no solo mi sa- ludo sino más bien toda mi promoción del turismo en mi vida. En 2017 escucho palabras, leo reportajes y veo protestas que rechazan lo que yo he ido promo- viendo toda mi vida. en los años sesenta Empecé a interesarme por el turismo cuando necesitaba dinero. En la pasto- ral de migraciones nos dimos cuenta –ya muy pronto– de que los emigrantes eco- nómicos ( Gastarbeiter ), ni los refugiados políticos o humanitarios venían a Am- sterdam para conocer prácticas litúrgicas. Cualquier migrante necesita antes de na- da, y lo busca en primer lugar, lo que per- dió o no encontró en su patria, a saber: te- cho y pan por su tranquilidad y acompa- ñamiento para descubrir perspectiva. Al concluir esto los pastores cerramos –aun- que no del todo– la fábrica del templo e inauguramos una casa abierta para hospi- talidad, y empecé yo a trabajar como guía turístico para asegurar la financiación de la hospitalidad; aunque contando con la Providencia durante los largos meses sin turismo en aquellos tiempos. La idea de ganar dinero como guía me la dieron compañeros estudiantes de español en la universidad cuando tuvimos que concluir que en Holanda la separación de la Igle- sia y el Estado no da subsidio a trabajos sociales que organice un agente pastoral. Pero nada más que entrar, ya vi que en el mundo del turismo luce mucho más que solo dinero. mis primeros contactos con turistas Ya a los pocos meses de hacer excur- siones con turistas hispanohablantes por Amsterdam y cercanías, me quedó cla- ro que los turistas no son ni se compor- tan como los emigrantes, pero que pre- cisamente por ser diferentes en aspira- ciones y conductas los unos te ayudan a entender a los otros. Desde el principio de trabajar como guía me di cuenta de que me estaba enriqueciendo de mucho más que solo de dinero: el turista espa- ñol con dinero me ayudaba a compren- der a su compatriota en la migración, co- mo el militar latinoamericano en ropa de viajero a entender mejor al refugiado de su continente con permiso de residencia en un país europeo. Era fácil notar que eran distintos, que en su patria no siem- pre se entenderían, pero ocurría, aunque no siempre, que los unos me hablaban de los otros y que tantos los unos como los otros me completaban o también co- rregían la idea que yo tenía del país de su procedencia. Los migrantes sabían que yo trabajaba en el mundo turístico, y ha- cían sus preguntas y comentarios sobre los compatriotas que podían permitirse un viaje turístico. Cuando los mismos turistas me pre- guntaban si había aprendido hablar es- pañol estando algún tiempo en España o Latinoamerica, contestaba que solía ha- cer visitas largas a sus países hispanoha- blantes “por mis estudios”, mencionan- do algún lugar, a veces a propósito, el de su domicilio de origen, y ellos me com- pletaban con detalles mis conocimien- tos. En alguna ocasión confesaba que daba clases de holandés a hispanoha- blantes residentes en Holanda o que era intérprete, pero no más; no me olvidaba que el turista no viene a Holanda para hablar de su patria, sino para conocer lo de los Países Bajos y sus habitantes: la Mi bienvenida a los turistas El mundo turístico puede cambiar la faz de la tierra Desde finales de los años 60 del siglo pasado doy anualmente la bienvenida a cientos de turistas hispanohablantes que visitan Holanda. Y pienso seguir dándoles la bienvenida mientras mi edad me lo permita. Theo Beusink. Amsterdam Fotos: Nancy Yael
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