Ventana Europea | Nº 111 Octubre de 2017
8 VENTANA EUROPEA Octubre 2017 > REP O RTAJE en alta mar. «Tuvimos que decidir quién vive y quién muere», nos contaba des- pués Óscar Camps, el alma del dispositivo de rescate financiado con sus propios ahorros y, más tarde, con la solidaridad de miles de ciu- dadanos de todo el mundo ante la incapacidad e inac- ción manifiestas de los go- biernos de Europa. «Lo más duro era tomar a los niños de los brazos de sus padres sabiendo que era muy posible que nunca más se fueran a ver». Los barcos de los guardacostas griegos y del Frontex europeo, que no están preparados para faenas de rescate sino poli- ciales, se mostraron total- mente ineficaces para salvar a las más de cuarenta perso- nas muertas o desapareci- das, muchos de ellos niños. Dos niñas y dos niños de unos siete años son encon- trados vagando por el puer- to. Buscan a sus padres per- didos en el mar unas horas antes. Una voluntaria los acompaña al local donde se hacinan docenas de super- vivientes. Los niños atisban desde la puerta con la espe- ranza de que sus padres es- tén entre los rescatados. En- tre los murmullos y sollozos que llenan la sala, la volun- taria grita su apellido. Una mujer se levanta. La niñas saltan entre los cuerpos cu- biertos de mantas y se abra- zan a ella. Cuando el fotope- riodista abandona la sala un rato después, los dos niños están sentados en una esqui- na, solos. Sus padres siguen sin aparecer. En los días siguientes, a los fotoperiodistas nos co- rresponde la labor de buscar por las playas los cuerpos de los ahogados para documen- tar lo que no se quiere ver. Emociona ver a una mujer griega llorar desconsolada mientras abraza el pequeño cuerpo de un bebé ahogado que acaba de encontrar cer- ca de su casa”. los nadies Está claro que Javier Bauluz es un fotoperiodista de causas perdidas. O mejor dicho, extraviadas. De las causas con rostro humano que son fiel reflejo de aque- llos “nadie” de los que ha- blaba Eduado Galeano: “… los hijos de nadie, los due- ños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, murien- do la vida, jodidos, rejodi- dos: Que no son, aunque sean. Que no hablan idio- mas, sino dialectos. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, si- no folklore. Que no son se- res humanos, sino recursos humanos. Que no tienen ca- ra, sino brazos. Que no tie- nen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata”. A estos nadie son a los que Javier pone rostro. Y, también, historia. Como ha- ce cuando descubre las per- tenecias de un refugiado ya cadáver con su maleta al la- do. La abren y descubre que ese cadáver, “llevaba en su maleta un disco de Bob Marley, un retrato del Papa, un cepillo de dientes, un pei- ne, 5.000 pesetas. O sea, que le gustaba tener los dientes limpios, ir peinado, era cató- lico y le gustaba Bob Mar- ley. Parece una tontería, pe- ro ya convierte a ese cuerpo en algo más, en una perso- na. Y sobre todo llevaba un arma de destrucción masi- va, supongo que para atentar contra todos nosotros, que debía ser este metro de me- dir… debía ser, yo qué sé, carpintero o algo, por algu- na razón llevaría el metro”. El citado Galeano ya lo decía: “Desde siempre, las mariposas y las golondri- nas y los flamencos vue- lan huyendo del frío, año tras año, y nadan las balle- nas en busca de otra mar y los salmones y las truchas en busca de su río. Ellos viajan miles de leguas, por los libres caminos del aire y del agua. No son libres, en cambio, los caminos del éxodo humano. En inmen- sas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposi- ble. Les han robado su lu- gar en el mundo. Han sido despojados de sus traba- jos y sus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos más huyen de los salarios exterminados y de los suelos arrasados. Y pe- regrinan inventando cami- nos, queriendo casa, gol- peando puertas: las puertas que se abren, mágicamen- te, al paso del dinero, se cierran en sus narices. Al- gunos consiguen colarse. Otros son cadáveres que la mar entrega a las ori- llas prohibidas, o cuerpos sin nombre que yacen bajo la tierra en el otro mundo adonde querían llegar”. Foto 7
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