Ventana Europea nº 116
VENTANA EUROPEA 29 Abril 2019 sistema dual. Al principio era solamen- te un parlamento y después contó con un sistema ejecutivo y un sistema le- gislativo. El ejecutivo se denominaba al comienzo “la Comisión Central” y el legislativo “el Sínodo”. Ahora es exac- tamente igual pero la Comisión Central se conoce como Consejo Sinodal. Esto nos llevó a organizarnos de manera que los responsables del tema pastoral tengan suficiente tiempo para ocuparse de los temas pastorales y no tengan que asumir ni las responsabili- dades administrativas ni las financieras. Ahora, tanto los protestantes como los católicos, pagamos impuestos y pode- mos decidir qué hacer con ellos. En fin, gracias a que fuimos recono- cidos jurídicamente y tenemos una de- mocracia directa gozamos de este pri- vilegio. Después de 50 años todo esto está claramente definido: el sacerdote es responsable de todos los temas pas- torales (celebraciones religiosas, ca- tequesis, etc). Por regla general, el sa- cerdote es el presidente de la funda- ción eclesiástica que -a su vez- es la propietaria de los edificios de la igle- sia. Todo lo administrativo lo deciden los responsables de la Kirchegemeinde (Consejo Administrativo de la iglesia) y la Asamblea General. La Kirchefple- ge presenta en la Asamblea General su presupuesto para tratarlo y discutirlo. El sacerdote por supuesto está presente pero no tiene derecho al voto. –¿Cómo viven los sacerdotes que vienen de otros países este sistema? Franziska. Para los sacerdotes que vienen de fuera no es fácil, ya que es todo nuevo. Tenemos que explicarles mucho y se tienen que acostumbrar so- bre todo a no tener que ir a buscar las ayudas financieras. Tampoco es fácil asumir, por ejemplo, que un laico le pueda pedir explicaciones sobre la ad- ministración que llega del dinero del que dispone. Ambas partes tienen que tener muy claro lo que pueden hacer y lo que no. Y esto no está exento de con- flictos aunque las cosas estén habladas por ambas partes. –¿Cómo valoras el sistema? Franziska. Creo que el sistema es genial porque involucra a mucha gente y muchos pueden participar. Por ejem- plo, en las reuniones del presupuesto económico de las Misiones están pre- sentes algunos representantes de gru- pos o personas muy cercanas a la Mi- sión que pueden dar su opinión y deci- dir conjuntamente. Creo que es bueno que el sacerdote no tenga todo el poder. Es bueno tener un órgano administrativo que lo super- vise, no para controlarlo sino para que sepa que ciertas cosas no las puede de- cidir él solo. Estoy convencida de que este mecanismo de control ayuda a que nos encontremos mucho mejor aquí en Suiza. Es super importante que los dos órganos de la iglesia trabajen juntos. -¿Cómo podemos acoger mejor a los emigrantes que llegan? Franziska. Hay que tener presen- te que una emigración masiva en Suiza provocaría una crisis financiera. Por el momento aquí se vive bien y tenemos que dar una oportunidad a los que se ven obligados a dejar su patria. Las personas que vienen aquí llegan por diferentes motivos. Con mayor re- levancia están, por una parte, los expa- triados, que llegan para un año o dos y después se van y naturalmente están contentos de poder asistir a los oficios religiosos en su lengua o a enviar a sus hijos a la catequesis. Después están los refugiados. Obli- gados a dejar sus países, sus familias, amigos porque no ven un futuro. Esta realidad es ya bastante dura como para ponernos a discutir si pueden entrar o no aquí, independientemente de las ra- zones por las que han tenido que dejar sus países. Y por último, están las personas que vienen para buscar trabajo. Aquí nos encontramos con otra problemática, con emigrantes que llevan aquí media vida pero no han aprendido el idioma y no están totalmente integrados. Por todo esto creo que las Misio- nes son esenciales para la acogida de los emigrantes. Les pueden ofrecer un hogar religioso, social y cultural. Gra- cias a las Misiones estamos orgullosos de poder decir que aquí, en la parte ale- mana de Suiza, tenemos servicios reli- giosos en más de 20 idiomas y eso es de vital importancia para los migrantes. He experimentado que la hospitali- dad que uno da, le viene recompensada doblemente. Yme gustaría hacer un lla- mamiento a los emigrantes que llevan aquí muchos años y piensan que ellos eran mejores que los que están llegan- do ahora. Es muy peligroso creerse me- jor que el otro. Todos estamos sobre el mismo suelo y todos tenemos una mis- ma tarea. Trabajemos pues para que los nuevos que están llegando se sien- tan acogidos, respetados y pensemos: “a mí me han ayudado, ahora ayudo yo a los otros”. Es lo que estamos ha- ciendo ahora con el reconocimiento de las otras comunidades religiosas (orto- doxas, judías, musulmanas) en su pro- ceso de integración, de la misma ma- nera que nosotros fuimos apoyados, en su momento, como iglesia católica.
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