Ventana Europea nº 124
VENTANA EUROPEA 21 Junio 2022 olvidar el sentido de la hospitalidad como total apertura y responsabilidad ante el “otro”, traigo a colación una constante que se repite en el relato de los tres religiosos y que se expresa de diferentes maneras, por ejemplo pa- ra Sofía es muy claro que “el cambio es llegar a entender que nadie sobra, todos sumamos”; Juanba lo expresa así: “seamos comunidades de puer- tas abiertas, nos necesitamos” y Ana desde su experiencia comparte que “ojalá seamos apoyo, hogar de puer- tas abiertas, así pasaremos de extran- jero a hermano”. Parece evidente que la invitación a “vivir juntos” es mu- cho más que un discurso repetitivo, es, por el contrario, una llamada ur- gente y necesaria. Hospitalidad Al hilo de estas certezas y de estas claras insinuaciones que tienen olor a comunidad, hospitalidad y acogida, proponemos recordar algunas cues- tiones. El término “hospitalidad” que viene del griego “filoxenia” signifi- ca amor o afecto a los extraños; pero al mismo tiempo desde su raíz latina “hospitare” significa recibir como in- vitado. El Diccionario de la Lengua Española define hospitalidad como la “virtud que se ejercita con peregri- nos, menesterosos, desvalidos, reco- giéndoles y asistiéndoles en sus ne- cesidades”. Por tanto, la hospitalidad es una “actitud” amable por parte del que acoge hacia el desconocido/ex- tranjero visitante. En el mundo antiguo, tanto en Oriente como en Occidente, acoger en casa a los “extraños/extranjeros” fue una virtud cotidiana, signo de ci- vilidad, o en su caso, de religiosidad. Acoger y practicar la hospitalidad era incuestionable. Diversos son los rela- tos del Antiguo Testamento que pre- sentan el deber de la práctica de la hospitalidad, esta era una actitud de obligado cumplimiento entre los is- raelitas porque “no olvidéis que fuis- teis extranjeros en la tierra de Egipto” ( Ex 22, 21) y “cuando un emigrante se establezca entre vosotros, no lo oprimiréis. Será para vosotros como el nativo: lo amarás como a ti mismo, porque emigrantes fuisteis en Egipto” ( Lv 19, 33-34). El Nuevo Testamento también po- ne en valor la virtud de la hospitali- dad, de hecho, la relaciona con una de las actitudes de Jesús, nos basta re- cordar el juicio de las naciones que nos relata el evangelista Mateo “era extranjero y me acogisteis” ( Mt 25, 35). Así pues, es evidente que para el pueblo elegido la práctica de la hospi- talidad era sagrada, el extranjero era sagrado y acogerlo era una respues- ta que denotaba sentido de responsa- bilidad. Por otro lado, la filosofía también se ha hecho cargo del término “hos- pitalidad”. Es relevante mencionar a tres autores en particular, Kant, Lévi- nas y Derrida. El filósofo alemán tra- ta la hospitalidad en el famoso texto de la Paz Perpetua , en el que Kant presenta dos acepciones del término: por un lado, la presenta como una vir- tud necesaria para la convivencia y, por otro, como un derecho y un de- ber; por su parte Lévinas, filósofo li- tuano de origen judío, aborda el tema de la hospitalidad como la total aper- tura al rostro del otro que denota al mismo tiempo total responsabilidad; finalmente Derrida, discípulo de Lé- vinas, abordará el tema de la hospita- lidad condicionada (deber y derecho) y la hospitalidad incondicional (an- terior al deber, la total hospitalidad). No es asunto de este artículo detener- se en este ámbito; sin embargo, no viene mal apuntar algunas considera- ciones sobre el tema en el marco del pensamiento filosófico a partir de los autores mencionados. En definitiva, la hospitalidad de- nota responsabilidad, invita a la aper- tura, es donación y nos posibilita ese “vivir juntos”. De esto dan fiel testi-
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