Ventana Europea nº 124

VENTANA EUROPEA 25 Junio 2022 lo esta protección no está anclada en nuestro sistema legal, sino que además vemos a estos seres vivos como nues- tros inferiores. Según mi experiencia, es fácil reírse de esto. ¿Cómo se puede ser misericor- dioso con un chimpancé, y mucho me- nos con un trozo de liquen? Podría decirse que es una pregunta irrisoria. Sin embargo, es una pregunta que debemos hacernos, si somos since- ros sobre el estado en que nos encontra- mos. Estamos en una ola de extinción, la sexta de esta tierra. Estamos destru- yendo la creación a un ritmo sin prece- dentes. Dejar a la selva en paz ¿Qué significa eso? En 60 años, el 70% de lo que quedaba de la naturaleza ha sido destruido, convertido en plan- taciones para el consumo. Cada diez segundos desaparece un trozo de selva del tamaño de un campo de fútbol. En los últimos años he llegado a ver esto como un acto despiadado. ¿Cómo se puede ser misericordioso con una selva tropical? He hecho esta pregunta a varias personas. A una co- lega artista, boliviana. Dijo: “al darse cuenta de que Dios es la selva tropical”. Le hice esta pregunta a un biólogo. “Muy sencillo, dijo, dejando la selva en paz. Ese es el genio de la naturaleza”, exclamó. Las selvas tropicales hacen esto, pa- ra tanta vida. Alimentan, proporcionan sombra, vida, oxígeno. Y no tenemos que meternos en medio de eso. Pero es precisamente lo hacemos todo el tiem- po. Cortando esos bosques. Hace unos meses, entrevisté al es- critor Richard Powers. Es un escritor estadounidense que lleva treinta años escribiendo libros. Me contó que un día se paró frente a un árbol, unase- cuoya –un árbol muy viejo y grande– y quedó impactado. Que había escrito durante treinta años sin incluir la ma- yor parte de la vida en la tierra en sus historias. Lo llamó el camino de Damasco y dijo: “Debemos encontrar el camino de vuelta a nuestros vecinos. Debemos ampliar nuestro círculo de empatía”. El Talmud dice: no vemos las cosas como son, sino como somos. Y ahí es- tá el quid de la misericordia. Si se da el caso de que solo vemos las cosas tal y como son, también significa que no po- demos ver las cosas que no son como nosotros en absoluto, y mucho menos ser misericordiosos. Poco a poco se va comprendiendo. En la ley, el ecocidio –la destrucción de la naturaleza– será punible a partir de ahora, en nuestra política, y eso co- mienza con una forma de ver las cosas. Y eso empieza aquí. El hecho de que hayamos podido destruir tanto de la naturaleza solo es posible si ves la naturaleza como algo que está ahí para ti, que puedes explo- tar, igual que antes creíamos que había gente para que la explotáramos. Debemos llegar a considerar la ta- la de los bosques tropicales como una injusticia. Como inmisericorde. Como una violación fundamental del derecho a la vida y a una vida privada no pertur- bada, dos derechos consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero que no deberían estar reservados solo a los humanos. Si se nos permite hablar aquí des- caradamente de misericordia, creo que deberíamos hacernos la siguiente pre- gunta: ¿cómo somos misericordiosos con lo fundamentalmente incognosci- ble y no con lo que es como nosotros? Proteger lo que no se entiende ¿Cómo se puede proteger algo que no se entiende? Siempre he pensa- do que es perfectamente lógico que la Iglesia cristiana, los partidos políticos cristianos, se preocupen por la conser- vación de la naturaleza. Siempre pensé: si la tierra nos fue dada por Dios, en- tonces hay que cuidarla. Y ahí radica quizás un problema fundamental. Con la misericordia, es- tamos acostumbrados a ocuparnos de algo. Llevar agua a alguien que tiene sed en la cárcel. Ayudar a alguien que está solo. Pero ser misericordioso con lo que no entendemos, no conocemos, es mucho más difícil. Yo misma lucho con eso. El hecho es que, por el momento, somos incapaces de proteger a nuestros hermanos más pequeños. Y creo que la resistencia que se pue- de sentir ante la idea de tener que mos- trar misericordia a un hongo es bastante similar a la resistencia que la gente so- lía sentir ante la idea de mostrar mise- ricordia a las mujeres o a las personas esclavizadas. Pero inténtalo. Se lo recomiendo a todo el mundo. Abre las puertas de tu cabeza y de tu corazón y plantea cues- tiones fundamentales sobre cómo ser humano en una época en la que la gen- te parece incapaz de proteger tanto a su alrededor. La lucha contra la injusticia nunca termina. Tal vez sea esa la razón por la que la gente dijo una vez en la iglesia que nos reunimos todos los domingos de cualquier manera. Cuando hago una gira teatral, esta termina en algún momento, pero estas preguntas se hacen todos los domingos. Yo no soy realmente una lega en la materia. Crecí en una familia que sí hablaba de misericordia, gracia y vida eterna. 

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