Ventana Europea nº 116

VENTANA EUROPEA 21 Abril 2019 patía y sentido de vida que padece nuestra cultura. Pérdidas que no depen- den de ninguna interpreta- ción pues se manifiestan dramáticamente en el día a día. ¿Cómo podemos exigir a los dolientes que sean re- silientes cuando el contex- to no lo es; no lo permite o peor aún, exige sin la con- sistencia necesaria? Una persona herida no es sino la concreción en es- cala personal de una huma- nidad herida. migración forzada Para comprender y apo- yar a miles de personas que viven el duelo por mi- gración forzada necesa- riamente tenemos que en- tender el duelo global que atraviesa la humanidad. Los datos de los últi- mos años nos dejan ver su magnitud: 68,5 millones de personas abandonaron sus hogares en 2017 de ma- nera forzosa, 2,9 millones más que en el año anterior, 44.400 personas al día fue- ron obligadas a huir y hoy tenemos alrededor de 40 millones de desplazados internos y 3,1 millones de solicitantes de asilo. En 2016, más de 12 mi- llones de niños de todo el mundo vivían como refu- giados o eran solicitantes de asilo, mientras que se estima que 23 millones de niños vivían en situación de desplazamiento interno. La Unicef determinó que en todo el mundo 1 de cada 8 migrantes es un niño y 1 de cada 3 es un refugiado. Es fácil advertir a qué me refiero. Las cifras ha- blan por sí mismas. La hu- manidad atraviesa por múl- tiples pérdidas. La huma- nidad vive un duelo como Celia y como ella tiene que afrontarlo de una vez por todas. clamar por la resiliencia Las cifras nos hablan de una humanidad que clama por resiliencia. El lema de “cada uno con lo suyo” no ha funcio- nado. De hecho, tal men- talidad debería ser el foco de reflexión profunda. Un lema individualista bajo los criterios de rendimien- to, funcionalidad y exclu- sión no puede ser resilien- te. El imperio del egoísmo y la codicia no pueden pro- vocar contextos resilientes porque crean muros en vez de puentes. Un lema que, paradó- jicamente, va en contra de todos los valores modernos de la supuesta globaliza- ción. Un lema que ha deja- do solos a muchos dolien- tes y que, en escala mayor, deja solos a pueblos ente- ros considerándolos “focos problemáticos”. Si las manifestaciones del dolor de Celia se con- sideran disfuncionales pa- ra su integración y se me- dicalizan o patologizan, otro tanto sucede con na- ciones enteras que también se consideran “disfuncio- nales” y se estereotipan. ”cada uno con los suyo” La pregunta surge in- cluso desde la misma lógi- ca: ¿ha funcionado el lema de “cada uno con lo suyo”? ¿Funciona tal mentalidad a la hora de generar procesos de integración y de afron- tar la migración forzada? Quizá en la respuesta a estas preguntas encon- tremos la clave para com- prender el duelo global de la humanidad. Quizá en la misma respuesta, podamos advertir que el duelo de Celia no es un tema indivi- dual y, por tanto, no puede ser tomado como una cues- tión “privada” y ajena a la comunidad de acogida y sus políticas públicas. Celia no es distinta de todos. La humanidad es una abstracción pues la ha- cemos cada uno de noso- tros. Todos compartimos el síntoma de indefensión, de desconfianza e impotencia ante las múltiples pérdidas que vamos observando ca- da día. El colectivo de mi- grantes forzados es qui- zá la ejemplificación más evidente del duelo huma- nitario y, por tanto, de la posibilidad de convertir la adversidad y el sufrimien- to en un aprendizaje posi- tivo. Al igual que Celia, to- dos requerimos de diálogo honesto enfocado en lo que “es” y no en lo que “de- bería ser”; concentrado en afrontar los hechos y en la ceguera dominante que in- siste en interpretar el mun- do por su funcionamiento. Al igual que Celia, to- dos debemos confiar en nuestras habilidades y re- significar nuestros dolores. Una mirada transcultural y respetuosa de nuestra natu- raleza vincular, quizá, pro- duce esa resiliencia que el mundo necesita. Está en nuestras manos comprenderlo y actuar. Ce- lia y millones de personas están dispuestas.  nnn + < El colectivo de migrantes forzados es quizá la ejemplificación más evidente del duelo humanitario y, por tanto, de la posibilidad de convertir la adversidad y el sufrimiento en un aprendizaje positivo. >

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