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«Me siento muy agradecida por haber llegado hasta aquí»

«Me siento muy agradecida por haber llegado hasta aquí»

ent94-300x199-2099077Toos Beentjes, teóloga por la Universidad Catolica de Amsterdam, es trabajadora pastoral para la Parroquia de Hispanohablantes en Haarlem-Amsterdam y directora de Casa Migrante en Amsterdam. 40 años en el ministerio pastoral, trabajó 9 años en Chile y continúa trabajando en Holanda con migrantes hispanohablantes. Una vida dedicada al ministerio del cuidado a los migrantes.

Desde niña su sueño era estar al servicio de las personas en cualquier parte del mundo, con la ilusión de salir de Holanda. En el año 1973, estando trabajando en un hogar de niños, cuyo objetivo era la protección de menores conoció una institución misionera y de esa manera retomó su anhelo de trabajar para las personas.
Ventana Europea: ¿Por qué salir de Holanda para ir a África y por qué abandonar posteriormente África para ir a Chile?
Toos Beentjes: No sé si es algo que está en mis genes, ya que por más que intento sacarlo no lo puedo hacer, lo llevo muy dentro de mí, tampoco me puedo explicar el por qué me siento en casa cuando estoy en cualquier lugar del mundo, yo creo que tiene que ver con mi manera de ser.
V. E.: ¿El pertenecer a una comunidad religiosa favorece la motivación para el trabajo con los excluidos?
T. B.:
Como yo soy misionera laica, también es una forma de estar libre, no tengo votos en ese sentido, pero por esa razón el compromiso no es menor; yo siento el apoyo de un grupo de personas que están trabajando bajo la misma línea, lo cual ayuda a sentirme parte de una organización.
V. E.: ¿Cuál es su texto bíblico preferido?
T. B.:
Es difícil decir cuál es mi texto bíblico preferido, hay uno que me gusta “no se preocupen de que decir, de que ropa ponerse», este es un texto que me ayuda en los momentos en que se presentan en la Casa del Migrante personas con muchos problemas. También, son una ayuda para mí misma las palabras “haz lo que puedes pero no debes cargar con toda responsabilidad, confía en lo que pueden hacer otras personas y también hay que dejar las cosas en manos de Dios”.
V. E.: ¿Dónde se ha sentido más útil y necesaria como pastora?
T. B.:
Es difícil seleccionar un momento, pero hay muchos inesperados, entre ellos una experiencia que viví hace poco. Un día me llamaron porque en Holanda se había matado un colombiano y vino su madre de España, su esposa de Colombia y debíamos preparar la despedida. En el momento de la despedida estábamos las tres, fue un tiempo casi sagrado, cuando uno siente el dolor de una madre, de una esposa y la forma como se expresa su cariño hacia el hijo, hacia el esposo. No obstante, lo que ha hecho o dejado de hacer, eso no es lo importante; ese es un momento de tristeza pero también de gratitud porque se pudo compartir desde la intimidad. Otro momento fue el día de la ascensión cuando me pidieron bautizar un bebé y el padrino del bebé fue el hermano mayor del niño, a quien yo había tenido en el grupo de primera comunión y en el grupo de confirmación.
V. E.: ¿Qué piensa sobre el sacerdocio y la mujer?
T. B.:
Yo soy partidaria del sistema comunitario, en donde las personas son las que tienen más voz y voto frente a los ministerios. En cierto modo, yo me he sentido confirmada dentro de mi ministerio por la comunidad, por la gente, por el contacto que he tenido, por el proceso que he vivido. Yo creo que es un elemento muy importante dentro de cualquier ministerio y más en el mio que es de diaconía y de servicio.
V. E.: ¿La Iglesia católica en Holanda (la jerarquía), es suficientemente sensible con el problema de la migración?
T. B.:
No creo, honestamente hablando, en comparación con España yo creo que hay muchos vacíos en Holanda, una parte es debido a que muchos pastores que trabajan con los migrantes lo hacen con su comunidad y para su comunidad, lo cual conlleva a que casi no hay contacto con otras comunidades que trabajan con migrantes. En otros casos la Iglesia dice que nos apoya, pero debe haber más representación multicultural dentro del trabajo, porque la mayoría de personas que trabajan dentro de la diócesis son holandesas. En este sentido, debería haber una representación real de la sociedad multicultural. La Iglesia debe reflexionar sobre hacia dónde vamos teniendo en cuenta que las comunidades migrantes, sobre todo en Amsterdam, son las parroquias más grandes que hay en estos momentos. Por lo tanto, se debe ver reflejada dentro de la dirección de la iglesia, considerando que hay mucho trabajo por hacer.
V. E.: ¿En qué le ha beneficiado más su preparación pastoral (teología) para el ejercicio de su ministerio?
T. B.:
Yo siempre he sido una mujer que he tratado de combinar la práctica con la teoría y el haber trabajado en América Latina me ha ayudado a combinar los dos aspectos y a crecer teológicamente. En especial la teología de la liberación, con algunas observaciones, de la cual lo que más llama la atención es la opción por los pobres. Cuando todos los obispos de América Latina se juntaron en su primera conferencia en Medellín, ahí estaba bien definida la opción por los pobres, esa fue inicialmente y ha sido una motivación constante para mi trabajo pastoral.
V. E.: ¿Qué es lo que, según usted, los holandeses deberían aprender de los migrantes?
T. B.:
Algunas veces da la impresión que algunos holandeses siguen pensando en el Neocolonialismo, estamos viviendo en el año 2013 en donde el mundo está globalizado y la migración hace parte de la globalización. Holanda, a veces, quiere aprovechar las cosas buenas que son consecuencia de la globalización, pero los efectos como la migración no los quiere; cuesta entender que la migración hace parte del mundo actual y no se quiere aceptar este hecho. Hace falta trabajar en el cambio de mentalidad de los holandeses.
V. E.: ¿Cómo se siente en estos 40 años de ministerio?
T. B.:
Me siento muy agradecida por haber llegado hasta aquí, a pesar de las preguntas que en ocasiones me hice sobre a dónde voy; a veces me siento un poco triste porque creo que más personas podrían haber realizado este tipo de trabajo. A nivel de la Iglesia, como mujer, siento que es muy importante trabajar con migrantes y no solamente los hombres deben hacer este tipo de trabajo. A nivel pastoral es muy importante porque muchos migrantes atraviesan momentos de vulnerabilidad, y en cierto modo, la intuición de mujer me ha ayudado a entender a las personas.

V.E.: A su entender ¿qué necesitan más los migrantes?
T.B.:
Yo creo que lo que los migrantes más necesitan es tener la posibilidad de poder experimentar en algún momento “Estoy en mi casa, a pesar de no haber nacido aqui”. La necesidad es más bien de acogida, de relaciones humanas, de esa manera no sentirán que los están mirando como bichos extraños. Muchas veces los holandeses se sienten superiores y si hablamos de la sociedad intercultural no lo vamos a lograr de esa manera.
El espacio para expresarse es muy importante, que alguien les entienda cuando no pueden hablar bien en holandés. Cuando las personas llegan necesitan, casa, trabajo, pan, y es muy difícil, teniendo o no teniendo un pasaporte de la comunidad europea, buscar trabajo en este país, por lo que les resulta muy dificultoso es comenzar su vida en otro país. Por este motivo, no pueden faltar centros como estos y parroquias que les ayuden, sin que les estén preguntando qué hacen, de dónde vienen o para dónde van.

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