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Un hombre bueno, con mala suerte

Un hombre bueno, con mala suerte

hdh94-272x300-1774012Victoriano García Granado es un hombre bueno, aunque mal empleado. No tuvo suerte, mala época, hambre, postguerra, franquismo. Nació en un pueblo extremeño, cerca de Plasencia, y llegó a Bélgica, vía Asturias, en 1963. Trabajó 32 años en una fábrica de papel. Operado de corazón hace ocho años. Perdió a su mujer hace cinco meses.

Me llamó en seguida la atención. Estábamos hablando de su mujer que acababa de morir. “Hemos estado como el perro y el gato, me dice, pero hemos dormido siempre en la misma cama. No éramos una pareja en mucha armonía. Ella era muy dura, nunca me llamaba por mi nombre, me decía cabeza pequeña, pero su agresividad era inocente. Nos necesitaba, pero no sabía cómo decirlo y descargaba de esta manera”. Y se emociona y se tapa la cara. Sigue un silencio. Espero. Veo en él un hombre entero, íntegro, sincero. Me parece admirable.
“Conocí a Nieves en un baile, en Oviedo. Bailé con ella y quedamos para el otro domingo”.
EXTREMEÑO DE NACIMIENTO
Victoriano nació en un pueblo pequeño de Extremadura, a pocos kilómetros de Plasencia. Eran muchos en casa. Él dormía con su abuelo. Había otra cama para sus padres y otra para sus dos hermanas. “Pasábamos muchas calamidades. Con solo cinco años yo tenía que cuidar cerdos en el campo. Lo primero que gané fueron 50 céntimos y la meriendilla: un cacho pan y otro de morcilla. Todo lo que ganaba de pastor y de cuidador de cerdos, se lo daba a mi madre. Yo nunca he tenido dinero. Entonces, no había paga”.
Su tío Julio le enseñó a contar hasta 100, y con cuatro años que tenía, ya presumía de saber contar. Había mucha miseria entonces. El campo era mejor que la capital, porque en el campo había moras, higos…
“Yo nací el 6 de marzo del año 1935. Mi padre no tuvo mucha suerte. Eran ocho hermanos. Las primeras zapatillas que se puso en los pies creo que fue a los 12 años”.
Fue a “párvulos” de 5 a 7 años, pero estuvo poco tiempo, pero es donde más tiempo estuvo porque la “escuela grande” apenas la pisó.
“Hice la Primera Comunión a los 11 años porque cuando me tocaba, a los 10, no teníamos para comprar el traje. Además había que ir a la doctrina y yo tenía que cuidar los cerdos y no podía ir. El día de la primera comunión fui solo con mi madre. A mí me gustaba la carrera de cura, pero la pobreza me lo impedía. Antes, para ir al seminario, se tenían que llevar seis pares de todas las prendas y yo no tenía nada. Mi madre me cosía remiendo sobre remiendo”.
Con 14 años empezó a estudiar radio por correspondencia. Todo lo hacía por la noche, solo, porque ya entonces trabajaba en el campo. Iba con su padre. Cuando la siega, se hacían diez horas seguidas y más.
“Recuerdo que cuando iba al campo, por los años 48 y 49 yo me compraba libros de mecánica. Tengo el título de mecánico de coches por correspondencia. Desgraciadamente no pude terminar los de electricista porque trabajaba mucho y necesitaba la noche para descansar.
CAMINO DE ASTURIAS
A los 21 años deja el pueblo y se marcha a Asturias. Empieza de peón en la RENFE, aunque pronto pasa a ser encargado del economato. Había que escribir todo lo que se necesitaba para cada día y lo que se gastaba. Lde dieron ese puesto porque los demás obreros eran analfabetos. Pero luego, se iba a trabajar a la vía.
El 8 de febrero del año 1958 se casa con Nieves. Pronto tendrán un hijo. Él cambia de trabajo y pasa a una fundición de cobre, y al terminar su turno, aún se escapa al muelle del puerto para cargar y descargar barcos, “todo a mano, sobre los hombros”. Entonces, para poder hacer las dos cosas y llegar a tiempo, se compra una Vespa, “la primera que llegó con el motor en el centro a Oviedo”.
EN HOLANDA Y…
“Pero yo soy muy volandero, me entiende usted”, y al decirlo levanta sus brazos y los convierte en alas de pájaro. Mi mujer y yo nos apuntamos en muchas embajadas. Me inscribí en Australia, Argentina, Brasil…, pero donde me salió el trabajo fue en Rótterdam, otro puerto. Allí fui conductor de una apaleadora.
Me encontraba muy solo y decidí llamar a Nieves, algo prohibido por una cláusula del contrato: los contratados con hijos no podían traer a su familia hasta pasado un año. Nieves pasó a ser clandestina, y se puso a trabajar en negro en la casa de un ingeniero venezolano”.
Una mañana llegó la Interpol a la fábrica y buscó a Victoriano. “Póngase la chaqueta”, y lo llevan a a la comisaría. Le preguntan: ¿Dónde está la mujer? No sé. ¿Dónde duerme? En la estación…
“Cuando la policía encontró a la mujer, nos echaron a los dos de Holanda. El Cónsul de España en Rótterdam miraba más por la empresa que por los emigrantes”.
… POR FIN EN BRUSELAS
El 11 de febrero de 1963, a las ocho de la noche, llegaba Victoriano a Bruselas por primera vez. Su mujer lo había hecho en tren, pero él lo hizo en la moto, con tres trajes puestos, uno encima de otro, para defenderse del frío. A pesar de todo estaba congelado cuando descubrió el brillo del Atomium, estrenado hacía cinco años, en la Exposición Universal de Bruselas. Para hacer solo 120 km. había empleado 4 horas.
El lugar de encuentro era la estación de Midi, punto central y conocido para tantos emigrantes españoles en aquellos años.
Al ver a su mujer, se abrazaron. Nieves tenía 29 años y él 28.
Muy pronto, ya estaba trabajando en Vilvoorde, ahora de conductor de camión, en una fábrica que elaboraba 20.000 kilos de papel todos los días. La mujer, también se colocó en seguida.
“Vivíamos modestamente; primero en un piso con dos habitaciones, y después ya en una casa muy pequeña. Llamamos a nuestro niño de cinco años, que lo cuidaban los abuelos. Como pasaba el tiempo y no me concedían la tarjeta A, decidí cambiar de empresa y entré en un almacén de papel. Hacíamos muchos paquetes para el Congo, que salían en barco para allá, desde Amberes. En cualquier sitio donde he ido a trabajar, me han querido. En Bélgica estuve trabajando en el papel más de 32 años y nunca me dejaron de lado. Siempre he tenido buenos amigos. Pronto nacería la hija.
A mí lo que más me han gustado son los libros. Mi hija era muy estudiosa; murió de cáncer a los 44 años, y un hijo que ha salido trabajador, pero nada estudioso. Le compré los siete tomos de la Historia de España, pero, ¿quién los ha leído? Aún tengo por casa la colección de Lo sé todo; también se la compré a mi hijo, pero no los ha leído nunca. Y la Historia Sagrada en dos tomos, que solo me la he leído yo.
Yo voy todos los domingos a misa a la parroquia, en Uccle. Todo el mundo me conoce allí. Yo creo en Dios, para mí es el significado de todo, así lo entiendo según mis posibilidades. Yo soy abierto y pienso que cada uno debe creer en lo que piense. En la guerra de España venían los moros y se ponían delante de las ametralladoras para que los mataran y poder ir lo más pronto posible al paraíso. Yo me llevo bien con todo el mundo”.
Poco a poco, la voz calla y medita. Ya no sabe qué decirme. Han pasado tres horas. Nos volveremos a ver. Me mira a la cara y me da un abrazo.

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