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El crimen racista de Aravaca

El crimen racista de Aravaca

oyc1-92-201x300-4712633En 1992 se perpetró el crimen de una emigrante dominicana, Lucrecia, primera víctima de racismo reconocida en España. Ahora, a los veinte años, Tomás Calvo Buezas, catedrático emérito de Antropología Social en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la universidad Complutense de Madrid, ha publicado un libro que recoge la edición revisada de 1993, más una amplisima introducción sobre la evolución de la inmigración y el racismo en los últimos 20 años (1992-2012). Fue presentado en día 13 de noviembre, el mismo día que hace 20 años asesinaron vilmente a Lucrecia. En el acto de presentación estuvo la hija de Lucrecia, Kenia, que a sus 26 años está esperando su segundo hijo. El libro está editado por Movimiento contra la Intolerancia, llevando un prólogo de su presidente Esteban Ibarra.

Lucrecia pertenecía a una familia dominicana con 16 hijos, de los que sobrevivieron solo nueve. Su padre y su madre fueron de por vida trabajadores del campo. En su carné aparece como soltera, porque como tanta gente pobre en Latinoamérica, no se casa por la Iglesia ni por el juzgado, porque no tienen dinero para hacer la fiesta y la convivencia en común de hombre y mujer con hijos, es aceptada socialmente como matrimonio legítimo. El esposo de Lucrecia es Víctor Trinidad, también pobre como ella. Cuando se vino a España, no pudo despedirse de su marido, que trabajaba en el campo recogiendo tomates; ella tenía preparada la maleta desde hacía semanas y únicamente esperaba la llamada de los traficantes; cuando esta llegó, solo pudo despedirse de su hija Kenia (cariñosamente Abejita), quien desde que conoció la muerte de su madre, sufre de afonía.
Lucrecia Pérez, enferma y sin trabajo tras un costoso viaje, se refugió en una discoteca abandonada, Four Roses, en el barrio de Aravaca de Madrid. Era uno de los inmuebles vacíos de esa zona lujosa donde se cobijaban inmigrantes —sobre todo dominicanos— en busca de empleo, un barrio, también, donde algunos protestaban contra la presencia de inmigrantes. Allí la mataron una noche, la del 13 de noviembre de 1992. Allí comenzó un día que Kenia, su hija, nunca olvidará.

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