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Historia de papel de Ventana Europea

Historia de papel de Ventana Europea
Todo tiene un principio y, a veces, un final. Es el caso de Ventana Europea, aunque en esta ocasión no es el final del todo, sino el fin de la revista en papel. Las nuevas tecnologías y la economía dictan el futuro. ¡Cuánta vida ha pasado por sus páginas en estos 30 años! Penas, alegrías, ilusiones, sufrimientos, anhelos de los que estaban fuera de España (los emigrantes) y los que venían de otros países a nuestra casa (los inmigrantes). Hemos intentado reflejar su vida en estas páginas y creemos, sinceramente, que en algo hemos contribuido para que consigan sus ilusiones. Lo seguiremos haciendo, aunque sea desde “lo digital”.

E l 18 de octubre de 1990, en Bruselas, capital de la Europa comunitaria, se celebra el IV encuentro de responsables de pastoral de las Misiones Católicas Españolas de Europa, entidad que se constituye en editora responsable de la revista Ventana Europea. Estamos en el contexto del reforzamiento de la Europa tras la caída, el año anterior, del muro de Berlín y con la Alemania reunificada. El 3 de octubre se celebra el primer Día de la Unidad Alemana (en alemán, Tag der Deutschen Einheit) conmemorando el aniversario de la entrada en vigor de la reunificación alemana en 1990. Así se ampliaba el horizonte y las perspectivas de una nueva Europa, a la vista del crecimiento del número de personas migrantes al viejo continente desde países no comunitarios entre ellos los provenientes de América Latina que ahora están marcando –y mucho– la nueva identidad de Europa.

Esta nueva situación en Europa animaba a las Misiones Católicas españolas de Alemania, Bélgica, España, Francia, Holanda, Inglaterra, Luxemburgo y Suiza a la creación de Ventana Europea como su proyecto comunitario internacional de comunicación escrita. Una revista dirigida, fundamentalmente, a los emigrantes españoles en Europa (más tarde enfocada también a los emigrantes de habla hispana). Impulsada desde la Comisión Episcopal de Migraciones, presidida entonces por el obispo don José Sánchez González. Testigo de aquella reunión fue el entonces presidente de la Conferencia Episcopal Española, don Elías Yanes, que fue muchos años vicepresidente de la Comisión de Conferencias Episcopales de los países de la Unión Europea (COMECE).

Y hasta ahora: 122 números con treinta años del soporte en papel. A punto de dar el salto a la utilización de otros medios.

Los primeros pasos

El 14 de mayo de 1991, se celebró, en la sede de la Misión católica de París, una asamblea de constitución de la Asociacion Europeos (ASE) como soporte asociativo para su misión primera y fundamental de apoyo a la revista entre otros fines entre ellos la ayuda y promoción “para” y “de” los emigrantes. Con estatutos propios por la cuales debía regirse. Se nombró como presidente a Pedro Puente Fernández (España), a Eduardo Lorenzo (Bélgica) como vicepresidente, a José Antonio Arzoz (Alemania) como secretario y a Luis Rudé (Suiza) como tesorero. Dicha junta directiva fue ratificada el 8 y 9 de octubre de 1991 en Zurich tras la primera asamblea general de la asociacion cuyos socios eran los delegados nacionales de las Misiones Católicas citados, más el director nacional del Secretariado de la Comisión Episcopal de Migraciones de España. Los participantes en dicha asamblea fueron Pedro Puente y Julián del Olmo (Madrid). Jose Antonio Arzoz, Isidro Hernández, Vicente Riesgo y José Manuel Iparraguirre (Alemania). Eduardo Lorenzo, Juan Rodríguez, Angel Henares y Juan Diego Blanco (Bélgica). José Luis López y Jose Maria López de Ondategui (Francia). Angel Sánchez de Muniain (Luxemburgo). Luis Rudé, Vicente Capilla, Pedro Gil, Jacinto Simón y José Luis Sepúlveda (Suiza).

La siguiente asamblea se celebró el 29-30 de septiembre de 1992 en Londres y ahí se decide que las páginas centrales y más amplias sean sobre reportajes y documentos para aportar también más vitalidad periodística y contenido reflexivo a la revista (ya había aparecido el primer número en abril de 1991). El primer gran documento aparecido en el número inicial era de Juan de Dios Martin Velasco, en la sección “Haciendo Historia” apelando a la colaboración de los cristianos a un nuevo orden social en la nueva Europa.

Ya se ve por las distintas ciudades europeas nombradas la clara intencionalidad europea y los lectores hacia los que iba dirigida la revista.

Los objetivos de la nueva revista eran, entre otros, servir de cauce de información y opinión entre los españoles residentes en Europa, promocionar su propia cultura y sus derechos como minoría en las sociedades interculturales de los países comunitarios, dar a conocer modelos de convivencia en tolerancia y armonía, fomentar una mayor comprensión y acercamiento de los ciudadanos europeos a los problemas y la realidad de los países hispanohablantes de América, que cada vez lógicamente ocupan un más destacado papel como destinatarios y referentes de la emigración de habla española.

José Antonio Arzoz fue el primer director de Ventana Europea, Julián del Olmo, el primer redactor jefe de la revista y la producción estaba dirigida por Ramón Ajo y Juan Miguel Sánchez Quirós, de la empresa Arts&Press.

Esta misma empresa configuraría durante la primera década del siglo XXI un portal electrónico llamado “migracioneseuropeas” que ha prestado también su servicio a los migrantes de habla española en estos tiempos donde al gusto de pasar hojas con el tacto de la mano, y de reposarse en la lectura sosegada que toda revista produce, le acompañó la instantaneidad, versatilidad, inmediatez, mayor capacidad de contenidos etc que solo son capaces de albergar las páginas electrónicas y los blogs. Además de servir de herramienta para cursos de formación para agentes de pastoral via on-line, también, en esa misma página electrónica (pensada como almacén de recursos y noticias sobre las migraciones), tiene su hueco en la cabecera el PDF virtual de algunos números de Ventana Europea. Nuestro deseo será ahora articular algún medio similar que abarate costes y multiplique la difusión de los cerca de 3.000 ejemplares actuales en soporte de papel que llegan a muchos puntos del mundo donde haya huella de migrantes españoles.

El equipo de redacción lo formarían los delegados nacionales de las Misiones Católicas Españolas de Europa y el director del Secretariado de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española.

La cobertura económica quedó amparada en principio por distintas subvenciones de distintas Administraciones, cuotas de socio, donativos, etc. Con motivo de los 100 números de la revista quedó constancia el testimonio de Ramón Ajo, redactor jefe, al respecto: “Allá por el año 1995, creo recordar, en Luxemburgo, en una de esas reuniones que todos los años teníamos para revisar y programar Ventana Europea, se decidió la continuidad y supervivencia de la revista. La verdad es que, desde el punto de vista económico, siempre fue una enferma llena de salud. Después del encuentro de la mañana y un rato antes de comer, se reunieron José Antonio Arzoz, de Alemania, y Luis Rudé, de Suiza; en definitiva, quienes ponían las “perras”, para ver si había posibilidades de que la revista continuara. «Por lo menos para un año más habrá dinero» fue la conclusión de su reunión que nos transmitieron mientras les esperábamos para la comida. Fue un alivio para todos. Desde entonces, la contribución económica de Alemania no se ha resquebrajado, se ha aumentado la de España y aunque haya bajado sustancialmente la aportación de Suiza en el último año, hemos recibido con alegría la aportación de la Subdirección General de Migraciones de España, que ha descubierto, de nuevo, el gran servicio que Ventana aporta a la emigración española en Europa”.

Es verdad, Ventana Europea, a pesar de sus modestos presupuestos, ha aportado un gran servicio público a la emigración española en Europa, y ha complementado en una versión menos oficialista lo que era la revista “Carta de España” sostenida con los fondos estatales.

En parecidos términos se manifestaba uno de los cofundadores de la revista y presidente de ASE, Pedro Puente, quien decía al respecto recordando años pasados: “Cada vez que nos reuníamos, siempre había un punto en el orden del día: «Enterrar Ventana Europea», porque no era sostenible económicamente y para el próximo número no había presupuesto, pero siempre llevaban un “as” en la manga los suizos o los alemanes –que eran “tardos”–, aunque generosos, en poner sus francos o sus marcos en la mesa para poder continuar. A los franceses, belgas, luxemburgueses, ingleses y españoles nos sobraba ilusión y colaboración para continuar con el proyecto que era de todos y para todos y olvidarnos, así, del viejo boletín enviado desde la calle Añastro (sede de la Comisión Episcopal de Migraciones). Era un plan compartido y una decisión tomada sin retorno. Tenía que ser algo de todos y para todos”. A lo que añadía como deseo futuro: “Amigos, no porque haya cumplido los cien (números) debéis “enterrarlo”, pues se siente joven, ágil y de “buen leer”. Ánimo y enhorabuena”.

Primer número

Abril de 1991. Ángel Sánchez de Muniain capellán hace años en Luxemburgo explicaba bien la mirada amplía que quería divisarse desde Ventana Europea: “Recuerdo los años de mi trabajo en la emigración cuando cada uno de los capellanes intentábamos dar noticia de nuestros trabajos y preocupaciones con una pequeña publicación casera que distribuíamos entre nuestros feligreses. Muchas veces, en nuestras reuniones echábamos de menos una revista que recogiera más formalmente la vida y la problemática no ya tan casera sino más general de la emigración. Finalmente, nació la revista Ventana Europea que nos ayudó a estar en comunicación y a conocer las iniciativas y los trabajos de tantas personas que trabajan en estas tareas”.

El primer número apareció con fecha de abril de 1991, si bien llegó a los hogares a primeros de junio. Se trataba de una revista a todo color con 48 páginas, muy bien impresa. Lo previsto era que ese año salieran 3 números en plan de prueba; si todo resultaba bien, en adelante saldrían 10 números al año, que se venderían al precio de 250 pesetas o 4,00 DM. Con el tiempo quedaron reducidos a cuatro números al año (uno por trimestre) y se entrega ahora sin coste alguno por parte del lector gracias a subvenciones variadas ya citadas.

Por aquellas fechas en España se está en plena campaña para las elecciones municipales, (22 de mayo de 1991) perdiendo el PSOE las alcaldías de Madrid, Sevilla y Valencia. Los resultados adversos del Centro Democrático y Social (CDS) provocan además la dimisión de su presidente, Adolfo Suárez González. Debe añadirse que los resultados de las elecciones del 29 de octubre de 1989 reforzaron en Europa a Felipe Gonzalez porque el PSOE quedó a un diputado de obtener la tercera mayoría absoluta consecutiva. Entre otras noticias de aquellos días destacamos que el Congreso español aprobaba la creación del Instituto Cervantes que es la institución pública creada por España para promover universalmente la enseñanza, el estudio y el uso del español y contribuir a la difusión de las culturas hispánicas en el exterior. A nivel mundial, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), recibe el Premio Príncipe de Asturias mientras que el pueblo de Puerto Rico es galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras por su «defensa ejemplar del idioma español, que ha sido declarado único idioma oficial del país».

Y en ese año en la Ciudad del Vaticano, el papa Juan Pablo II publica la encíclica “Centesimus annus” escrita con motivo del centenario de la “Rerum novarum” de León XIII sobre los derechos y deberes del capital y el trabajo que fueron las bases de la actual doctrina social católica.

El mensaje papal de las migraciones de aquel año (21 agosto 1991), dejó escrito en su número 5: “Cada persona debe ser reconocida en su dignidad y respetada en su identidad cultural. Este principio encuentra una aplicación singular y específica en el campo de la migración. El migrante debe ser considerado no simplemente como un instrumento de producción, sino como un sujeto dotado de plena dignidad humana. Su condición de migrante no puede hacer que su derecho a la realización como hombre sea incierto y precario y la sociedad de acogida tiene el deber específico de ayudarlo en este sentido. «El trabajo humano por su naturaleza tiene como objetivo unir a los pueblos, no dividirlos» (Ioannis Pauli PP. II, Centesimus annus, 27). Incluso cuando se presenta como un individuo, el migrante no puede disociarse de las personas a las que pertenece, sino que debe enmarcarse en el ámbito de su propia identidad cultural. En él hay que respetar la nación en la que tiene sus raíces, ya que se trata de una comunidad de hombres, unida por diferentes vínculos, por una lengua y sobre todo por una cultura, que constituye el horizonte de vida y progreso integral. Hacia él es necesario formular un verdadero estatuto que, mediante el reconocimiento de todo derecho indígena, le garantice espacios legítimos de crecimiento social y cultural, indispensables para su propia realización humana y profesional”.

Todo el contexto en que nace la revista quedó muy bien reflejado en el primer número, por ejemplo, con una entrevista a Enrique Barón, presidente del Parlamento Europeo abogando por una mayor igualdad (“Ya, pero todavía no somos iguales” destacaba el titular de la entrevista) mientras el reflejo de la realidad española quedaba reseñado por el director del Instituto Español de Emigración, Raimundo Aragón Bombín, hablando de la reestructuración “al alza” del Instituto con una mirada más hacia Latinoamerica. Declaraba la cifra de 1.700.000 emigrantes contabilizados en el IEE (800.000 en Europa y 920.00 en América). Otros reportajes del primer número aludían a la limitación de entrada de los emigrantes del Este, el crecimiento de la xenofobia (¡también entonces¡) desde la visión francesa, la guerra por los alquileres en Bélgica cuyos pisos estaban por las nubes (la historia se repite), los 700 años de existencia de Suiza, etc.

Sirva de contraste informativo que recogía la revista, cómo al lado de las grandes noticias y reportajes, aparecían las menudas entradas recomendando por ejemplo recetas de cocina española. Las primeras detallaban el modo de hacer morteluelo (el plato más conocido de la gastronomía conquense), la paella (lo más granado de las comidas patrias) y de postre la golosas “glorias”.

Y recomendaciones cinematográficas. En este caso “Las cartas de Alou” película española de 1990 dirigida por Montxo Armendáriz, con una narrativa que no pierde actualidad. En este caso la de un grupo de africanos que llega clandestinamente a las costas del sur de España y que tienen que dedicarse a la venta ambulante en Almería. Allá donde posteriormente en uno de sus pueblos, (El Ejido) se hizo famosa la frase de Juan Enciso, su alcalde, cuando decía en año 2005: “A las ocho de la mañana todos los inmigrantes son pocos. A las ocho de la noche, sobran todos”. Expresión sintética de una visión empobrecedora de los emigrantes solo vistos desde su dimensión laboral, olvidando la integralidad de la persona y la necesidad de cubrir todos sus derechos como sujetos de ciudadanía universal, la mejor respuesta humanista a la violencia contra migrantes.

Y la historia sigue

Está claro que la historia se repite. Y para reflejarla los delegados nacionales y algunos colaboradores se siguen reuniendo (generalmente dos veces al año) en distintas ciudades europeas para la confección de Ventana Europea. Esas reuniones se constituían así en una “disculpa” gozosa para el encuentro de los responsables de la acción migratoria. Tras el compartir diversos de la situación en cada momento, y tras preparar la estructura de varios números siempre había hueco para algún momento distendido que aligerara el peso de las sesudas reuniones.

Alberto Torga, asturiano que ejerce “asturianía” recuerda con gracia: “Muchas veces finalizábamos la jornada visitando algo importante de la ciudad donde nos reuníamos y tomando unos lapiayucos, es decir, unos bebedizos en consonancia con las costumbres del país. Recuerdo la gracia que le hizo a Pilar Samames directora de la CE de Migraciones en España, cuando le pedí a un camarero en Montmartre una gaxapá de cerveza, es decir, una jarra grande. Siempre que nos encontrábamos me decía al saludarme: «Alberto, luego tenemos que tomar una gaxapá para despedirnos»”.

Para dar forma a todos estos anhelos, los 122 números en papel de Ventana europea, han dado acogida en distintas secciones, artículos de fondo, entrevistas a personas significativas de todos los ámbitos pero con el acento remarcado de su vinculación con las migraciones, denuncias (porque siempre había una denuncia que plantear ante cualquier roce, por pequeño o grande que fuera que atentara a la dignidad de los emigrantes), distintos ámbitos de la cultura (cine, poesía, etc.) Reportajes de todo tipo , el papel y las acciones de la grandes instituciones, etc. Historias grandes y pequeñas, es decir historias de la historia. Se ha recordado a muchos de los que se fueron, y se ha dado cabida a un sinfín de colaboradores estables. La mirada de estos, principalmente los delegados nacionales y colaboradores de Alemania, Suiza, Bélgica, Francia, y España ya no solo españoles sino de distintas nacionalidades, de distintas asociaciones e instituciones universitarias y religiosas, etc. de muchos países, se ampliaba al hilo de las incorporaciones necesarias. Se recogían el eco más variado y las noticias relacionadas con la vida, religiosa, civil, social , política o cultural de las personas y grupos de las Misiones.

Ventana Europea no reduce, ni mucho menos, su punto de mira a los emigrantes laborales sino que lo amplia a los españoles que trabajan en los distintos servicios políticos y administrativos de la CEE, a los latinoamericanos emigrantes en Europa, a los europeos que hablan castellano y a los emigrantes que retornaron a España.
Os remito al respecto al número centenario de la revista. Diciembre de 2014 “La Europa de las 100 ventana”. Hay un detallado panorama de su contenido histórico con reflexiones y recuerdos de distintos actores de la migración europea. Quien conserve los números, puede recordarlo. Y quien no lo tenga puede acceder a este enlace : www.ventanaeuropea.es/Blog/index.php/reportaje/la-europa-de-las-100-ventanas/. Encontrará muchos de los nombres que han dado vida a la revista y cuyos testimonios son ejemplares. O bien al más reciente número 113, de marzo de 2018 que recoge el itinerario de las misiones en boca de la mayoría de los delegados actuales: Raul Herrera (Alemania), Jorge Puig (Belgica), Carlos Tobes (Francia), Juan Carlos Rodríguez, Miguel Blanco (Suiza), Nancy Yael y la pastora Toos Beentjes (Holanda), Carlos Abajos (Londres) a los que ahora apoyamos desde Madrid Maria Francisca Sánchez Vara, actual directora del Secretariado episcopal de la Subcomision de Migraciones y Movilidad Humana, Ramón Ajo y José Luis Pinilla. Ese numero tiene un gran reportaje titulado “Olor a tierra ausente”. Es la frase que está en el reverso de la medalla de la emigración otorgada por la Administracion española a muchas de sus Misiones –la última a la de Rue de la Pompe de París– o grupos y personas de ellas. Ese reconocimiento hay que hacerlo extensivo a mucha gente (empezando por el obispo don Jose Sánchez y otros compañeros suyos).
Con ASE y Ventana Europea se ha ido “más allá” de una revista. Basten estos otros eventos organizados conjuntamente: Además de la revista, se han apoyado 6 programas de TVE sobre las misiones europeas, (dirigidos por un colaborador habitual de Ventana Europea, Julián del Olmo), Jornadas de formación y sensibilización. Colaboración con la Universidad de Salamanca, el IUEM de la Universidad de Comillas, y entidades en diversas jornadas. Apoyo a los reconocimientos y gestión de la concesión de distinciones. Jornadas propias de Integración de la familia en dos ocasiones (2007 en León: “Modelos de Integración” y en 2011 en Madrid: “Integración en familia”) con la publicación de sus ponencias y conclusiones. Se ha patrocinado también la exposición itinerante sobre migraciones “Somos Migrantes” en convenio con Entreculturas y ha facilitado otra sobre la trata de personas de la Comisión Episcopal de Migraciones, jornadas de cine, ediciones de libros (Informe: “Evolución de la asistencia sanitaria a la población inmigrante de la Comunidad de Madrid”, “Soñar Europa I” y “Soñar Europa II”, “Lo que dice la Biblia sobre el extranjero”, etc.).

Innumerables nombres

La hemeroteca de Ventana Europea es un muestrario del ser y del hacer no solo de las Misiones Católicas de Lengua Española en Europa sino también de la infinidad de personas que han aparecido en sus páginas. Los temas y los nombres que han desfilado por ellas en estos veinte años son innumerables.

Ventana Europea era y es un proyecto de comunicación e interconexión entre los emigrantes de lengua española que un día dejaron su país para trabajar en tierras lejanas. Hoy lo sigue siendo ampliando la visión a los países de habla hispana de tan enriquecedor aporte a la integración y cohesión en todo el mundo. Siempre con la mirada global que iluminara lo local que se vivía en las comunidades migrantes, con secciones, como por ejemplo, “Barrio Europa” escrito por Emilio José G. Ciriano que queda complementada con la visión desde “Barrio América” cuya autora es la mejicana Cecilia Estrada, la última colaboradora estable de la revista.

El fruto visible y tangible de este camino son los 122 números publicados con calidad no solo mantenida sino ascendente. Los frutos intangibles podrían aportarlo sus lectores. Lo que cada lector recibe, cada vez que un ejemplar de Ventana Europea llega a sus manos, es el premio que mejor paga la dedicación de quienes los elaboran.
La palabra y la imagen impresa en Ventana Europea, difundida por los países que recibieron a emigrantes españoles es su valor. En esta revista muchos hombres y mujeres sencillos y trabajadores han tenido y tienen la posibilidad de conocer a otros hombres y mujeres sencillos y trabajadores como ellos, otros ambientes de emigración, otros países, otras realidades muy parecidas a las suyas.

La revista nació de la ilusión y la creatividad de un equipo impulsado desde la Comisión Episcopal de Migraciones. Durante estos treinta años (Ventana Europa sustituía a un entusiasta y modesto boletín de comunicación que ya editaba el Secretariado de la Comisión Episcopal de Migraciones) se ha consolidado por la constancia en el trabajo y ha crecido por la proyección hacia el futuro. Las personas responsables se han ido sucediendo y el proyecto ha llegado a su mayoría de edad porque creyeron en él. Gracias al esfuerzo de quienes se empeñaron en poner en pie y mantener este edificio otros muchos han podido asomarse por estas ventanas que siguen fieles a sus fines fundacionales. Ahora no los citamos, no por descartarlos sino por no extender más este articulo con tantos “cantores” de la emigración española que han compuesto una gran sinfonía coral de personas entregadas.

Recuérdalo tú para recordarlo a otros

El poema de Luis Cernuda titulado “1936” se abre con el verso: «Recuérdalo tú, recuérdalo a otros». Este poema fue escrito en los años sesenta, los años de la emigración española, tras el encuentro de Cernuda con un brigadista que vino a España a luchar en 1936 para defender la democracia y la libertad. El poema es un homenaje a todos aquellos que luchan por un ideal, un canto en defensa de la dignidad del hombre y un recordatorio de que solo la memoria del pasado, frente al olvido y la mentira, nos hará seguir avanzando.

Quizás, dentro de muchos años más, sería bueno volver a recordar ese verso inicial, porque no se habría olvidado nadie de la gran aportación de los migrantes españoles (y/o de habla hispana) “Así será”, me dije cuando me comprometí a recoger la antorcha de la dirección de la revista de manos de José Antonio Arzoz y Ramon Ajo.
Vamos a intentar recordarlo pasando la revista a las redes sociales que nos facilitan hoy día el complejo mundo de interconexión en los medios electrónicos y de otras herramientas propias de las nuevas redes mundiales de comunicación. Somos conscientes del salto que esto supone. Porque Internet es mucho más que una tecnología. Es un medio de comunicación mucho más complejo, de interacción y de organización social. Pero las nuevas redes sociales de hoy día se pueden convertir en nuestra ventana al mundo, porque a través de ellas expresamos lo que queremos y mostramos lo que queremos que otros vean. En este caso los fines, los objetivos, la misión y los valores de las migraciones de habla española. Llegando a más gente. Sin embargo, conectarse no es, en modo alguno, equivalente a comunicarse. Lo sabemos. Por eso el soporte principal de lo que intentamos estará en el trabajo de cercanía y afecto con los migrantes. Con las personas mismas. Sirviéndoles.

Creemos que las redes sociales constituyen un instrumento que, utilizado adecuadamente, puede favorecer la socialización y a contribuir a estrechar los lazos de pertenencia a un grupo. Con ellas también se puede extender nuestro trabajo con otros para acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes. Lo digo así por utilizar los cuatro verbos del papa Francisco sobre las migraciones.

Deseamos y esperamos que se logre dar paso a una revista digital que en el futuro podrá continuar el recuerdo y el sueño de un futuro mejor para los migrantes, aquellos a quienes la sociedad española y mundial tanto debe. Como dejó escrito el “emigrante” Felix Rodríguez en una carta publicada en el primer número en papel de Ventana Europea, hace 30 años, Dios quiera que también sea ahora un “sueño hecho realidad”.

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