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Inmigrantes: viaje a tumba abierta

La emigración, que no cesa, nos da sustos de muerte. El día 3 de octubre hubo 354 muertos y desaparecidos al hundirse un barco, a 8 millas al sureste de la isla de Lampedusa (Italia), en el que viajaban cerca de 500 inmigrantes subsaharianoa. 39 de los 40 menores supervivientes viajaban solos. “Vergüenza” fue el grito con el que los habitantes de Lampedusa recibieron a Durao Barroso, presidente la Comisión Europea, y a Enrico Letta, primer ministro de Italia, cuando tras el suceso ambos se personaron en la isla. Durao Barroso dijo: “Europa no puede mirar hacia otro lado cuando hay barcos que se hunden y se destrozan centenares de vidas”.
El papa Francisco, que esos días estaba en Asís, dijo al enterarse de la tragedia dijo: “hoy es un día de lágrimas. Al mundo no le importa si la gente huye de la esclavitud y del hambre buscando la libertad y mueren como en Lampedusa”. El Papa fue a Lampedusa y volvió la carga: “Nos hemos acostumbrado al sufrimiento de los otros, no nos afecta, no nos interesa, no es cosa nuestra. Pidamos al Señor que nos dé la gracia de llorar por nuestra indiferencia, por la crueldad que hay en el mundo, en muchos de nosotros y en aquellos que en el anonimato toman decisiones socioeconómicas a nivel mundial que abren el camino a dramas como estos”.
Ochos días después de esta muerte anunciada, en el Canal de Sicilia se repitió la tragedia: 34 muertos (diez de ellos menores) tras naufragar un barco con 250 subsaharianos. La Marina italiana y los servicios de emergencia de Malta pudieron rescatar a 221 personas. En España pasa lo mismo: avalanchas de inmigrantes en Ceuta y Melilla y pateras y barcas llegando a las costas del sur de la península. Algo habrá que hacer en Europa (algo más y mejor que lo que se está haciendo) para que el mar no sea una fosa común para los más pobres y vulnerables. Hay que tomar medidas humanitarias (y no xenófobas como algunos piden), con políticas de inmigración acordes con los derechos humanos (las de algunos países de la Unión Europea no lo son) porque los “sin papeles” son personas por encima de cualquier otra consideración. A Europa le preocupa la “entrada” de inmigrantes y a Ventana Europea le preocupa “la entrada y la salida”. La salida de sus países. Salen huyendo del hambre, la violencia, la guerra… y la Unión Europea algo tendrá que hacer para que esto no suceda. En el camino (países en tránsito) muchas mujeres son violadas y prostituidas y hombres, mujeres y niños sometidos a toda clase de vejaciones para finalmente caer en manos de las mafias a las que tienen que pagar 1.600 euros por el viaje de la muerte. Algo habrá que hacer, urgentemente, para que esto no ocurra, algo tendremos que hacer todos.

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