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La persecución religiosa en España vista desde el exterior

La persecución religiosa en España vista desde el exterior

tc95-300x200-5386648Prácticamente toda Europa vivió la guerra civil española como una representación sangrienta, en escenario ajeno, del apasionado enfrentamiento dentro de cada país entre los que temían al fascismo y los que temían la seducción de la revolución soviética. Se movilizaron inteligencias y soldados con un entusiasmo antes desconocido. En ese contexto de miedo, pasión política y ardor combativo, la persecución religiosa se convirtió en algo de lo que unos no hablaban porque perjudicaba a la causa republicana y otros ponían en ella tanto énfasis que olvidaban denunciar las crueldades de los sublevados. Los grandes intelectuales franceses Georges Bernanos y Paul Claudel pueden ser considerados como prototipos respectivos de una y otra tendencia.

La Guerra Civil Española suscitó pasiones en todo el mundo, sobre todo, en los países más cercanos geográfica y culturalmente. Fue de algún modo vivida como anticipación y ensayo de la Segunda Guerra Mundial y, desde diversas latitudes, se combatió a distancia en España –algunos lo hicieron también sobre el terreno– con el mismo ardor y fiereza con que unos meses después se combatiría desde los Urales hasta el Atlántico. Aquellas pasiones se han transmitido genéticamente de generación en generación. Hasta el año 2000 se habían publicado fuera de España 1.600 novelas a las que hay que añadir los varios cientos publicadas en España y las numerosas películas sobre el tema.
GUERRA DE INTELECTUALES
Suele decirse que la guerra de España fue una guerra de intelectuales y no es exagerado, dado el número y la categoría de figuras de la cultura que con la pluma, con las armas o con ambas cosas combatieron en ella. El grupo más numeroso fue el francés, en el que destacan: Simone de Bouvoir, Malraux, que nos dejó su gran novela L´espoir; Sartre, que, en vísperas de su partida hacia el frente, escribió Caminos de libertad; Paul Claudel, que en 1937 publicó su precioso poema A los mártires españoles; y Georges Bernanos que inicialmente apoyó el levantamiento del general Franco, pero horrorizado después por el cariz que tomaban los acontecimientos, escribió Los grandes cementerios bajo la luna, durísimo alegato contra la represión en la retaguardia nacional.
POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS
También fueron numerosos los intelectuales de otras nacionalidades militantemente comprometidos en la defensa de la República. Entre los anglosajones, los más famosos fueron los norteamericanos Orwell, que en su Homenaje a Cataluña describe las sangrientas jornadas de la Barcelona de 1937, y Hemingway, que dio testimonio de su vivencia en uno de los libros más famosos sobre la guerra: Por quién doblan las campanas. Entre los iberoamericanos tuvieron gran impacto las figuras de los chilenos Pablo Neruda y Vicente Huidobro y el peruano César Vallejo.
EL CLERO FRANCÉS
Me decía el sacerdote francés Mignou en 1968 que «muchos de los intelectuales citados expresaban en privado la repulsa que les causaba tanto la persecución a muerte que sufrían los católicos en España como la pasividad en muchas ocasiones de las autoridades republicanas, pero carecían de valor para decirlo en público porque temían desprestigiar la causa por la que estaban dispuestos a dar su vida».
Mignou recordaba que los sacerdotes franceses vivían los martirios españoles como inferidos a su propia carne y en los retiros mensuales de los curas del arciprestazgo de Oloron (Pirineos Atlánticos) se rezaba por el cese de la furia persecutoria y se ensalzaba la fuerza de la fe de los mártires. Hubo algunas cartas pastorales que rendían homenaje a la entereza de los que morían por la fe en España. Pero, fuera del clero y de una minoría de católicos, la opinión pública, alimentada por la prensa, estaba más sensibilizada contra el peligro fascista que contra la generalizada y cruel persecución religiosa que sufría España.
EL ESPEJO DE FRANCIA
Francia, pionera de todos los experimentos y siempre termómetro de la temperatura política, cultural y social de Europa, es también el principal espejo en el que podemos medir cómo se vivieron en Europa los terribles acontecimientos acaecidos en España entre 1934 y 1939.
Francia vivió en los años treinta una historia paralela a la de España. El mismo miedo al avance del fascismo, que en España se manifestó en la Revolución de Asturias (1934), provocó en Francia la creación del Comité de Vigilancia de Intelectuales Antifascistas (CVIA). En febrero de 1936 la alianza de izquierdas (Frente Popular) gana las elecciones en España y forma Gobierno bajo la presidencia del socialista Largo Caballero y en julio del mismo año Le Front Populaire formaba Gobierno en París, bajo la presidencia de León Blum de SFIO (Sección Francesa de la Internacional Obrera).
DOS BLOQUES ANTAGÓNICOS
Estas coincidencias produjeron y acentuaron en ambos países la ruptura de la opinión pública en dos bloques antagónicos. Pero en Francia el predominio de la izquierda fue mucho más claro que en España. Por otra parte, la gran mayoría de los intelectuales de toda Europa y muchos de otros continentes se adhirieron al CVIA y no pocos se enrolaron como voluntarios en las brigadas internacionales y participaron en el frente bélico para defender la República española, que se consideraba entonces la primera línea Maginot para detener el avance del fascismo.
LAS DOS CRUZADAS
A partir de 1937 y de la Carta Colectiva del Episcopado, cuando los sublevados hablan de la Guerra Civil como de una cruzada religiosa, Sartre, Malraux y otros intelectuales aluden a ella como cruzada de la libertad. En este ambiente, la mayoría de los políticos, intelectuales y periodistas, aunque en el fondo de su corazón repudiaran la bárbara persecución desatada en España, padecían una hemiplejia lateral que les impedía mover un músculo o pronunciar una condena. Todo ello explica pero no justifica, globalmente, el silencio o el tenue murmullo de protesta contra la persecución religiosa en España.
BERNANOS CONTRA CLAUDEL
Tanto Georges Bernanos como Paul Claudel son dos literatos franceses de primerísima categoría y dos católicos de pisada firme.
Georges Bernanos (1888-1948) asistió en Mallorca, en julio de 1936, al estallido de la Guerra Civil. Disconforme con el sesgo real, no el teórico, de la Segunda República, al principio se mostró complaciente con el golpe militar. Su hijo Iván formó incluso, durante algún tiempo, parte de la Falange. Pero al ver la crueldad de la represión (el golpe triunfó en Mallorca en los primeros momentos), Bernanos escribió un libro-denuncia de la idiotez y de la crueldad humana. El título de la obra es estremecedor: Los grandes cementerios bajo la luna, publicado por primera vez en 1938 y editado en España en 2009 por la editorial Lumen.
Paul Claudel (1868-1955), gran poeta de la fe, autor de poemas de una hondura religiosa inigualable, como La Anunciación, se sintió tan dolido y tan poseído por el misterio de la muerte-triunfo de los mártires que escribió un texto breve de enorme fuerza: A los mártires españoles, publicado en 1937 y editado en España por Ediciones Encuentro (2009).
El poema causó una enorme polémica. Las descalificaciones más duras del opúsculo de Claudel procedieron del católico Bernanos que lo zahiere de todas las formas posibles en Les grandes cimetières, donde le acusa de «tuertez» por mirar con su ojo derecho a los mártires y cerrar el izquierdo para no ver a los represores franquistas. Claudel responde con una denuncia del silencio culpable al que autores como Bernanos condenan a los mártires. Pero la voz de Claudel supera la intención polemista y lo que pretende es llenar de gritos el silencio y presentar el drama de los mártires desde la perspectiva de las víctimas.

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