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La cara y la cruz de la Navidad

A las puertas del Adviento, como preámbulo de la Navidad, cuando se empiezan a decorar las calles y plazas, los centros comerciales y las portadas de la casas y se organizan los rastrillos navideños para reponer las figuras rotas del belén y comprar el abeto y el muérdago, conviene hacer una reflexión sobre los tiempos que corren con la crisis económica marcando todo lo visible y los invisible. El estado del bienestar se tambalea y en algunos países de la eurozona ya se ha derrumbado.
Como causa o efecto de la crisis (globalización, deslocalización de empresas, desregularización de los mercados, codicia de los amos del dinero, burbuja inmobiliaria, corrupción…) se han transformado valores esenciales que la Navidad encierra encarnados en su protagonista: Jesús, Hijo de Dios, que se hizo hombre y acampó entre nosotros. Valores tan importantes y vitales como los que Él trajo al mundo: amor, paz, generosidad, austeridad, hermandad universal, tolerancia, sentido de la trascendencia… contrastan con los valores al uso: culto al consumo y al dinero, permisividad,  individualismo, inmediatismo, derroche…
Esta Navidad será menos rumbosa que en años atrás lo que sin duda aliviará las maltrechas economías familiares y ayudará a ahondar en la esencialidad de lo que significa la venida al mundo del Hijo de Dios. La extrema austeridad de la primera Navidad no impidió que “la buena noticia” del nacimiento de “Enmanuel” (Dios con nosotros) llenara de alegría a cuantos esperaban ilusionados su llegada al mundo. Y, hoy como ayer, seguirá siendo así. “Canta, ríe, bebe/ que hoy es Nochebuena/ y en estos momentos/ no hay que tener pena” (villancico popular).
La imagen icónica de la Navidad es un niño –el Niño Jesús– en un pesebre, lo que nos lleva a pensar en tantos niños que nacen y “viven” en situaciones parecidas, no solo en los países en vías de desarrollo sino también en los desarrollados. Es la “otra” Navidad en estado puro.
Casi 8 millones de niños y niñas mueren al año, en el mundo, por enfermedades que se pueden curar y prevenir fácilmente. Más de 1.000 millones de niños y niñas sufren graves carencias de bienes necesarios para vivir, crecer y desarrollarse. En España uno de cada cuatro menores de edad (27,2 por ciento) vive por debajo del umbral de la pobreza. Cada niño español nace con una deuda pública de 15.570 euros. Según los estudios, harían falta 26.000 millones de euros para erradicar la pobreza infantil en España.
Feliz Navidad.

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