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Los nuevos españoles, hijos de emigrantes

La crisis económica ha frenado la inmigración de fuera de Europa pero, en cambio, ha incrementado la emigración entre países europeos repitiéndose, salvando las distancias, el fenómeno de los años 50-60 del siglo pasado. Tal es el caso de España donde el 55 por ciento de la población juvenil (“jóvenes aunque sobradamente preparados”) está en paro y busca salida fuera de España. Este año salieron de España 477.000 personas, de ellas 417.000 era inmigrantes. La pregunta que nos hacemos ahora es: ¿qué pasa con los inmigrantes residentes en Europa y más en concreto con sus hijos?
Por lo que respecta a España, una reciente encuesta nos ha respondido a la pregunta. Una cuarta parte de la segunda generación de inmigrantes regresó a sus países de origen, con la consiguiente repercusión, a la baja, en las escuelas y en el uso de servicios sanitarios, dos de los recursos que algunos grupos de corte racista habían empleado como arma arrojadiza contra los inmigrantes. Había escuelas con elevado porcentaje de inmigrantes y al reducirse el número de alumnos han tenido que cerrar aulas. La educación de los hijos pensando en futuro mejor es una de las mayores preocupaciones de los inmigrantes. El 90 por ciento de la segunda generación nacida en España continúa los estudios y lo mismo sucede con la “generación 1.5” (nacidos en el exterior y residentes en España) hijos de argentinos, chilenos y europeos del Este. En cambio, una cuarta parte de los hijos de chinos y dominicanos abandonó los estudios.
La aspiración del 68 por ciento de los inmigrantes de segunda generación es llegar a la Universidad (entre los españoles es del 71 por ciento) aunque el porcentaje de los que creen que lo conseguirá es bastante menor. En la actualidad, tan solo el 5 por ciento lo ha conseguido. En cuanto a las notas, el promedio de inmigrantes es de 6,15, algunos puntos más bajos que los españoles. Los datos económicos revelan que el 66 por ciento de los hijos de padres inmigrantes pertenecen a familias que no superan los 1.500 euros mensuales y el 37 por ciento a familias que están por debajo de los 1.000 euros.
Un dato significativo es que tan solo el 5 por ciento de los inmigrantes de segunda generación se siente discriminado, lo que quiere decir que su integración en la sociedad española es bastante buena. El 80 por ciento de los hijos de inmigrantes nacidos en España se identifica con el país, frente al 29 por ciento de los nacidos fuera.
Conclusión: a unos y otros –españoles de aquí y de allá e inmigrantes de cercanías y de larga distancia– es mucho más lo que nos une que lo que nos separa, aunque algunos nos quieran hacer ver lo contrario.

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