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Cine
Cartas mojadas, la película del año sobre la emigración en el Mediterráneo

<span style='color:#27509b;font-size:18px;font-weight:500;'>Cine</span><br> Cartas mojadas, la película del año sobre la emigración en el Mediterráneo

Cartas mojadas es el primer largometraje cinematográfico de Paula Palacios, quien antes había rodado ya más de 25 documentales para televisión, de temática social generalmente.
—Sergio F. Pinilla. Madrid

La película, que no para de recibir premios y nominaciones, como el Premio del Público en el Festival de Málaga o la nominación a mejor película documental en los Premios Forqué, cuenta, por medio de una voz en off misteriosa como hilo conductor, una de las epopeyas más trágicas de nuestra realidad contemporánea, al seguir el destino de las miles de personas (jóvenes, mujeres, niños, bebés), que cada año intentan atravesar el Mediterráneo para llegar a Europa en las condiciones más precarias imaginables, acabando en muchos casos en el fondo de mar.

Producida por Isabel Coixet, la naturaleza de la película es menos poética que testimonial y de denuncia, al acompañar, en su trama principal, a la embarcación de la ONG “Open Arms” en su misión de rescate para salvar a 550 personas de un naufragio. Pero el documental no se agota ahí, sino que también viaja hasta las calles de París, donde documenta el acoso policial a los inmigrantes que duermen a la intemperie, o a las “casas de conexión” libias, auténticas prisiones insalubres donde los inmigrantes son extorsionados, esclavizados y torturados hasta que consiguen el pago de un rescate o el precio del pasaje en una patera. Incluso en su último tramo, acompañamos a una patrullera libia en su misión de impedir que los barcos de las ONG europeas rescaten a los naúfragos, regresando a los inmigrantes a sus países de origen o entregándolos a las mafias. En realidad, lo que Cartas mojadas pone de manifiesto es la degradación en el trato inmigratorio que la Unión Europea viene dando a las personas que intentan cruzar el Mediterráneo para llegar a Europa, huyendo de regiones en las que prevalecen el hambre, las guerras y/o la degradación humana; empeorando aún más si cabe las posibilidades de supervivencia de estos náufragos. Así, y merced al acuerdo entre Turquía y Europa para frenar la inmigración, y en la horquilla temporal que va del 2014 al 2020, la ruta migratoria oriental se ha trasladado desde el paso turco-griego de la isla de Lesbos hasta las peligrosas aguas del canal de Sicilia.

Pese a la dureza de alguna de sus imágenes, Cartas mojadas también hace uso de las metáforas del lenguaje audiovisual, como cuando encadena la secuencia de una tormenta en la cubierta del Open Arms con el aguacero nocturno sobre los cuerpos de los indigentes subsaharianos en París, o como ese movimiento panorámico que vincula la posición del Aquarius con la del patrullero libio, enfrentados en otro de los momentos más desoladores del film. Al final, en el recuerdo de los espectadores quedan los cantos africanos cuando el temporal amaina o esas palabras del narrador misterioso que explica cómo las puertas de África siempre están abiertas, mientras que las de nosotros, los europeos, se cierran, para no dejar entrar a nadie más.

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