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Cicatrices de la tierra, del cuerpo y del alma

Cicatrices de la tierra, del cuerpo y del alma

cine-1-216x300-7903838La decisión del Ministerio de Interior español de recuperar las infames concertinas en lo alto de la doble verja que rodea Melilla ha reabierto el debate político acerca de hasta dónde se puede llegar en el menoscabo de la integridad física de las personas, en pos de la sacrosanta seguridad interna. No solo el artículo 15 de la Constitución Española (es el primero de los que gozan de la máxima protección jurídica en nuestro ordenamiento) garantiza a todos “el derecho a la vida y a la integridad física y moral”, sino que además, y desde que se formulara la Declaración Universal de los Derechos Humanos en París tras la 2ª Guerra Mundial, se garantiza que “nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”. Lo cual, cerrando el círculo, supone una violación del mandato constitucional que dice que “las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos” (art. 10.2 C.E.).

Alambradas con cuchillas, vallas electrificadas, perros de presa, muros y guetos, forman parte de la imaginería más deshonrosa de la Historia del Siglo XX, y ahora se adoptan sin cortapisas por los dirigentes de las que se autodenominan democracias occidentales, consagradas estas tanto al libertinaje de los capitales como a la exclusión de las personas, adoptando la interpretación más sesgada y restrictiva de la globalización. Ya no cabe elaborar un discurso semántico en torno a las imágenes, o a la ausencia de ellas, ya que las fotos de ropa ensortijada y con rastros de sangre en la alambrada que estos días han circulado en los medios representan la abyección en sí mismas, y sin necesidad de trávelin (como censuraba Rivette en su célebre artículo a propósito de Kapo). “No hay cuchillas que frenen el ansia de vivir…”, proclamaba Monseñor Agrelo, y durante esta temporada invernal distintas películas con acento mediterráneo y transoceánico también, se empeñaron en desarrollar aquello.

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“Seguiremos pasando, aunque levanten mil muros”. Dos imágenes de Infiltrators, la película en HD de guerrilla de Khaled Jarrar.


INFILTRATORS
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Filmar la frontera, un riesgo que pocos cineastas se atreven a asumir.


“Seguiremos pasando, aunque levanten mil muros”, afirma uno de los protagonistas de Infiltrators (Khaled Jarrar, 2012), película que se proyectó dentro de la IV Muestra de Cine Palestino celebrada en los Cines Doré de la Filmoteca Española, y que nos revela el tráfico diario de personas a través del “muro de la vergüenza” de Jerusalén, mediante un estilo documental improvisado y directo, ordenado y lustrado en la sala de postproducción. La logística que poseen estos grupos de infiltradores es de una precariedad tal (escaleras artesanales y cuerdas, walkie-talkies para comunicarse…) que más que de traficantes haya que hablar de buscavidas que, por un módico precio (entre 6 y 20 euros, dependiendo del caso), ayudan a miembros de familias separadas, trabajadores y parados en busca de empleo, o incluso fieles que quieren acudir a sus mezquitas para rezar, a pasar al otro lado, aprovechando los pequeños resquicios que deja este apartheid israelí de siete metros elevados de “compacto”. Resulta estremecedora la secuencia en la que una familia traslada a un bebé por un angostísimo túnel subterráneo, o el momento en el que la cámara registra la agresión gratuita de un soldado israelí a un joven derribado en medio de la autovía. Sin embargo, parece un recurso del montaje la concatenación de secuencias mediante la cual, tras los lamentos de una mujer en un checkpoint atiborrado de gente, se desencadena el caos con la explosión de una bomba lacrimógena, situación que, en cualquier caso y desgraciadamente, forma parte de esta realidad cotidiana de fronteras movedizas.
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Así quedaron las cinco cámaras de Emad Burnat después de atestiguar la lucha contra las barreras que segregan y dividen familias y pueblos.


5 CÁMARAS ROTAS
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El niño Gibreel escribiendo su nombre en la pared de hormigón armado.


También dentro de la IV Muestra de Cine Palestino se proyectó la estremecedora 5 cámaras rotas, quizás la película más valiosa entre las nominadas al Óscar al Mejor Documental del 2013, solo superada por el impacto del descubrimiento de Sixto Rodríguez en Searching for Sugar Man. Rodada en primera persona por el palestino Emad Burnat a partir del nacimiento de su cuarto hijo, Gibreel, en 2005, la película documenta la resistencia pacífica de la comunidad de Bil’in, al oeste de Ramala (Cisjordania), a la expropiación ilegítima de tierras por parte del Ejército y de los colonos israelíes (Burnat empieza grabando a los bulldozers arrancando de cuajo los olivos familiares para levantar una primera muralla, que no será la última). Las cicatrices que la ocupación deja sobre el terreno y también sobre el cuerpo y el alma de las personas (pocos personajes de ficción resultarán tan entrañables como ese Phil de sobrenombre paquidérmico), es el doloroso tema de una película que continúa filmándose en la actualidad, siguiendo el rastro de aquellos que se han quedado por el camino –inclusive esas cinco cámaras del título–, y pese a la congoja de la esposa de Emad, Soraya, emigrada a Brasil en su juventud y ahora extraviada en su propia tierra.
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“Cuenta conmigo” (parafraseando a Rob Reiner y Stephen King), parece que es lo que al oído se dicen los chavales protagonistas de “La jaula de oro” en su devastadora migración.


LA JAULA DE ORO
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“La jaula de oro”, una película sobre la des(esperanza) y los lazos humanos dirigida por un español por el mundo.


También La jaula de oro, opera prima del burgalés afincado en México Diego Quemada- Díez, termina frente a un enrejado, a “este lado” de la frontera. Un final cruel y patético, como limpiador de una factoría de despiece animal, le aguarda a Juan, el único superviviente del atribulado y fatal viaje que emprenden cuatro casi adolescentes desde el corazón de Guatemala hasta la Tierra Prometida, a lomos de “La bestia”, el tren de mercancías con el que cada año miles de inmigrantes centroamericanos intentan llegar a los EE.UU. El exhaustivo trabajo de documentación de Quemada-Díez, que estuvo viajando y recogiendo testimonios para su película desde el 2003, a la par que trabajaba como asistente y cámara para alguno de los realizadores con más renombre internacional (tal es el caso de los González Iñárritu, Fernando Meirelles, Tony Scott, o de su mentor Ken Loach), cristaliza en una ficción tan transparente y poética como implacable con respecto al destino de sus protagonistas, rodados en continuidad por Quemada- Díez e interpretados de manera naturalista y sutil por artistas de áreas exógenas como la danza, el teatro o el grafiti, y a la postre acreedores de un Premio al Mejor Reparto en el pasado Festival de Cannes. La expulsión, en el mejor de los casos, el rapto y la extorsión de las mafias locales, o incluso la muerte (cosificada mediante esa terrible y anónima mirilla de rifle telescópico), es el precio que estos jóvenes han de pagar a cambio de un incierto horizonte de prosperidad. El refugio lo encontrarán no obstante reforzando entre sí los lazos de solidaridad (Juan tendrá que superar su xenofobia y desconfianza inicial hacia su compañero de viaje Chauk, de la etnia tzotzil) y con gestos de generosidad verdadera que sobrepasan cualquier frontera.

Otras imágenes migrantes

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No hay barrotes ni fronteras que contengan el ansia de vivir.


En el 6º Festival de Cine Italiano de Madrid, celebrado en los Cines Verdi, se concedió el Premio al Mejor Documental a Anija (La nave, Roland Sejko), “por ser un retrato de un momento especialmente dramático tratado con sobriedad y respeto a sus protagonistas y desde la perspectiva del presente. Además por la riqueza de sus materiales audiovisuales y por permitir que el espectador saque sus propias conclusiones.” La película rememora el éxodo albanés de marzo del 1991, cuando un gran número de barcos cargados de personas hicieron su aparición en las costas italianas del Adriático, huyendo de la hambruna y de la dictadura comunista.
El 29 de noviembre se estrenó en España Diamantes negros, acreedora del Premio del Publico en el último Festival de Málaga, y que denuncia el tráfico de niños entre África y Europa hacia las Ligas de Fútbol Profesional. Aunque las normas de la FIFA dicen que ningún club europeo puede contratar menores de 18 años fuera de Europa, las mafias del fútbol eluden esta prohibición con becas fraudulentas, pasaportes falsos, y ficticios contratos de trabajo. En otras ocasiones, los agentes engañan a las familias de los niños para conseguir el dinero del viaje a cambio de un ilusorio futuro en alguna de nuestras rutilantes competiciones futboleras.
¿Dónde puedo ver estas películas?
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El éxodo albanés, una de las migraciones más dramáticas del pasado siglo.

  • Infiltrators y 5 cámaras rotas están distribuidas por Parallel 40, y actualmente se pueden visionar en la plataforma de cine online filmin.es
  • La jaula de oro está distribuida por Golem y se puede ver en salas comerciales desde el 05 de diciembre del 2013.
  • Diamantes negros está distribuida por Splendor Films y se estrenó en España el 29 de noviembre del 2013.
  • Anija (La nave) no tiene todavía distribución en España

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