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El 50 por ciento de los jóvenes inmigrantes se sienten españoles

El 50 por ciento de los jóvenes inmigrantes se sienten españoles

rep_port-300x184-8583295El proceso de integración social y cultural de los inmigrantes de segunda generación −jóvenes nacidos en España de padres extranjeros o traídos al país antes de los 12 años− ha sido objeto de estudio en la Investigación Longitudinal sobre la Segunda Generación en España, donde se demuestra que dicho proceso es lento pero constante y gradual y que casi el 50 por ciento de ellos se considera español.
Rosa Aparicio y Alejandro Portes, coordinadores del estudio, insisten en que los jóvenes de segunda generación se están integrando “de forma positiva” porque la población española ha sido “sumamente acogedora”, pero advierten que este proceso podría variar. Las ayudas otorgadas a este colectivo “están disminuyendo” como consecuencia de la crisis y la población nativa “sufre cada vez más los recortes”.

En las dos ocasiones que la revista Ventana Europea y la asociación ASE han celebrado unas jornadas (en León, en 2007, y Madrid, en 2011) sobre la integración de los españoles en Europa y la de los inmigrantes en España, se llegó a la misma conclusión: la educación y la familia son los factores clave para la integración. Y esto es, a grandes rasgos lo que demuestra un estudio, cuyo resumen reproducimos a continuación, sobre inmigrantes de segunda generación realizado por el Instituto Universitario Ortega y Gasset y la Universidad de Princeton.
Un estudio en el que se demuestra que el sentimiento de integración de los hijos de los inmigrantes que llegaron a España en los noventa ha aumentado significativamente en los últimos años, pasando de casi un 29 por ciento en 2008 a algo más del 48 por ciento en 2012. Y que hay diferencia entre los que han nacido en España (80 por ciento) frente a los que han llegado a edades tempranas.
Prácticamente la mitad de los hijos de los inmigrantes tienen una mayoría de amigos cuyos padres son españoles, lo que evidencia el avance del proceso de integración.
Los inmigrantes de segunda generación no se sienten en general discriminados por la sociedad española y solo alrededor de un 10 por ciento han asegurado sentir discriminación por cualquier motivo.
EL CONTEXTO
Los flujos migratorios que, a partir de 1990, convirtieron a España en un país de inmigración tuvieron una consecuencia importante en el surgimiento de una nueva población de niños y jóvenes de origen extranjero. Los inmigrantes, que llegaron a representar el 12 por ciento de la población del país, constituyen de sí un fenómeno significativo. Más importante aún, sin embargo, es el proceso de integración de sus hijos. Los inmigrantes adultos constituyen una población inestable, hoy aquí y mañana no. Sin embargo, los hijos nacidos en España o traídos al país a temprana edad tienden a echar raíces y quedarse. Son “los nuevos españoles” y su situación, logros y actitudes pueden modificar y dar una nueva tónica a las ciudades y regiones donde se concentran.
Poco o nada se sabía sobre este tema salvo algunos estudios puntuales basados en pequeñas muestras de poca representatividad estadística. Para subsanar esta situación, un consorcio formado por el Centro de Migraciones y Desarrollo de la Universidad de Princeton y el Instituto de Estudios Migratorios de la Universidad Pontificia Comillas en Madrid se propuso llevar a cabo una encuesta representativa de la segunda generación –jóvenes nacidos en España de padres extranjeros o traídos al país antes de los doce años– en las dos principales ciudades que concentran el grueso de la población extranjera en el país, Madríd y Barcelona. Esta encuesta se llevó a cabo en base a una muestra aleatoria de centros de segunda enseñanza en las dos áreas metropolitanas en 2007-08. En cada centro seleccionado, se entrevistaron a todos los alumnos que cumplían la definición de “segunda generación”, creando una muestra estadísticamente representativa de esta población en las dos ciudades.
En total se entrevistaron 6.905 hijos de inmigrantes en 180 colegios públicos y concertados. La edad promedio de los entrevistados era de 14 años en 2008, con una división equitativa entre los sexos. Los resultados del estudio, denominado Investigación Longitudinal de la Segunda Generación (ILSEG) fueron dados a conocer oportunamente en conferencias de prensa en las dos ciudades y en varias publicaciones académicas posteriores. El tamaño de la muestra hace del ILSEG el estudio más importante sobre hijos de inmigrantes en España y aún en Europa Occidental. El diseño de la investigación se propuso seguir a esta muestra en el tiempo para conocer todas las facetas del proceso de integración de estos jóvenes a España y sus causas principales.
En 2010, el consorcio cambió de afiliación institucional de la Universidad Comillas al Instituto Universitario Ortega y Gasset, siempre con la co-participación de la Universidad de Princeton. En el otoño de 2011, comenzó la encuesta de seguimiento con el apoyo económico de la Fundación Spencer de Chicago y el Ministerio de Economia y Competitividad de España (Plan Nacional). Utilizando una serie de técnicas, los equipos del ILSEG lograron identificar y re-entrevistar al 73 por ciento de la muestra original para la que existían datos personales al cabo de 3-4 años. Esta proporción se considera muy satisfactoria para estudios de grandes muestras de población a través del tiempo. A este número, se añadió una muestra de reemplazo constituída por jóvenes de segunda generación de la misma edad y entrevistados en los mismos centros escolares que la muestra original en 2011-2012.
En total, la nueva muestra ha producido datos sobre 5.345 adolescentes de segunda generación de edad promedio 17-18 años y distribuidos equitativamente entre varones y hembras. Una serie de pruebas estadísticas han demostrado la ausencia de sesgos estadísticos entre la encuesta de seguimiento y la original, asi como la similitud de resultados entre la muestra de seguimiento y la de reemplazo. Otras pruebas estadísticas omitidas en este reporte arrojan los mismos resultados: la muestra de seguimiento es por tanto estadísticamente representativa de la original y las dos muestras, original y de reemplazo, no muestran diferencias significativas. Por ello, es posible utilizar estos datos para obtener perfiles confiables y válidos de la integración de los hijos de inmigrantes en España. Como punto de comparación, se añadió al estudio, una nueva muestra de hijos de nativos de la misma edad, y sexo, entrevistados en los mismos centros escolares seleccionados para la muestra original. Esta nueva muestra suma 1.905 casos adicionales. Vemos, acontinuación, los principales resultados del estudio.
LA EDUCACIÓN
Contrariamente a los artículos de prensa y la opinión generalizada, la mayoría de las familias que forman parte de nuestra muestra han optado por permanecer en el país: de los 3.805 re-encuestados en 2011-12, menos del 2 por ciento (1.76%) fue localizado fuera de España. La mayoría de estas encuestas, hechas a través de Internet, indicaron que los encuestados habían dejado el país para obtener acceso a educación universitaria en sus países de origen o terceros y no por necesidad económica. Aunque sería posible argumentar que la pérdida del 27 por ciento de los casos originales se debió a que la mayoría abandonaron España, esto no es plausible visto que la encuesta de seguimiento es representativa de la original, como acabamos de ver. No es probable que ambas muestras se parezcan en todos los aspectos, menos en la decisión de quedarse en el país o abandonarlo. Por ello, concluimos que la gran mayoría de la segunda generación creada por las olas inmigratorias de años anteriores permanece en España.
Otro resultado positivo que arroja la nueva encuesta es que las cuatro quintas partes de los hijos de inmigrantes que formaron parte de la muestra original continúa en el sistema escolar. Entre los nacidos en España (la segunda generación propiamente dicha), la cifra se eleva al 90 por ciento. Entre los nacidos en el exterior y llegados al país en la infancia (la llamada “generación 1.5”), los hijos de argentinos, chilenos, y europeos occidentales exhiben niveles de retención escolar similares. Los niveles inferiores se concentran entre hijos de inmigrantes chinos y dominicanos, un cuarto o más de los cuales abandonó sus estudios.
Además, no existen diferencias significativas entre sexos, ciudad de residencia o tipo de escuela (pública o concertada) en niveles de retención escolar. Tan importante o más que esta dimensión, es el tipo de educación que los hijos de inmigrantes reciben. Más de un tercio de ellos se encuentra aún luchando por completar la secundaria básica o en programas compensatorios (PCPI). Dos quintas partes de la muestra original se halla, sin embargo, completando el bachillerato o la formación profesional de nivel superior y un privilegiado 5 por ciento ha logrado acceso a la universidad.
Las cifras son similares cuando se combinan la muestra original y la de reemplazo. Las nacionalidades más aventajadas educacionalmente son los nacidos en España y varias nacionalidades suramericanas, incluyendo argentinos, venezolanos y colombianos, más los chinos que han persistido en sus estudios. Al otro extremo, las concentraciones más notables cursando aún secundaria básica se encuentran entre jóvenes marroquíes, bolivianos y chilenos. Existen diferencias significativas por sexo. Las jóvenes tienden a concentrarse en los niveles más avanzados, a diferencia de los varones. Solo un uno por ciento de niñas de la muestra original cursa programas compensatorios (PCPI), cantidad que se quintuplica entre los varones. La cifra entre estos últimos alcanza el 16 por ciento en la encuesta de reemplazo.
ASPIRACIONES Y EXPECTATIVAS
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La ambición es importante. Toda la literatura científica indica que las aspiraciones de los adolescentes son uno de los principales determinantes de sus logros futuros. Las aspiraciones son condiciones necesarias. Dicho de otro modo, si un adolecente aspira a alcanzar un título universitario puede que lo obtenga o no; sin embargo, si carece de aspiraciones a esta edad, de seguro que no llegara a alcanzar ese titulo. En nuestros datos, disponemos de dos medidas de ambición: aspiraciones (que son metas ideales) y expectativas (que son metas realistas). Las primeras se miden con una pregunta sobre el nivel de educación que el o la joven querrían alcanzar; las segundas por el nivel al que piensan realmente llegar.
El 68 por ciento de jóvenes de segunda generación aspiran a un título universitario o más. Tales aspiraciones crecen entre los nacidos en España al 70 por ciento y entre las mujeres al 77 por ciento. Sin embargo, cuando consideramos expectativas realistas, los niveles caen en un 10 por ciento aproximadamente para todos. No se registran diferencias notables con los autóctonos entre los cuales el 71 por ciento aspira a un título universitario, pero solo un 54 por ciento espera alcanzarlo. Nuevamente, las mujeres exhiben ventaja considerable sobre los varones.
Un dato positivo es que la ambición aumentó a través del tiempo, pese a la crisis económica. Los niveles suben considerablemente, sobre todo la ambición de alcanzar un título de post-grado. Nuevamente, el sexo femenino muestra ventaja, tanto en aspiraciones como en expectativas.
Mientras que en el 2008, el 30 por ciento de las jóvenes no esperaba ir más allá de la formación profesional de nivel medio y solo un 39 por ciento confiaba en llegar a la universidad, en 2012 la primera cifra bajó a solo 7.5 por ciento y la segunda se incrementó notablemente, alcanzando el 65 por ciento.
NOTAS Y ACTITUDES HACIA EL COLEGIO
En cuanto a notas académicas, el promedio entre hijos de inmigrantes es de 6.15, siendo excedido por los nacidos en España y los provenientes de países de Europa Occidental. No hay diferencias significativas por ciudad de residencia o tipo de colegio. Como siempre, las mujeres aventajan a los varones en su desempeño escolar. Los autóctonos aventajan a la segunda generación por casi medio punto, manteniéndose esta diferencia en ambos sexos. La diferencia, aunque no es enorme, reproduce el hallazgo de los estudios del programa PISA (patrocinado por la Organización para la Cooperación y Desarrollo) que concluyen que los hijos de inmigrantes consistentemente van a la zaga de los autóctonos en la educación secundaria. En el caso de España, esta diferencia también se da, aunque nuestros datos indican que no es insuperable. El mayor reto se da entre los jóvenes de origen marroquí, boliviano o dominicano, quienes consistentemente exhiben promedios inferiores a los de los nativos, tanto los de segunda generación como los autóctonos.
Tampoco hay diferencias significativas en actitudes hacia los colegios. El estudio elaboró un índice de actitudes correspondiente al promedio de respuestas “a las siguientes preguntas.
– El profesorado de este centro se interesa en los alumnos
– En este centro no me siento seguro/a
– Las peleas entre estudiantes dificultan mi aprendizaje
– En este centro hay bandas
– En este centro la enseñanza es buena
Las respuestas se codificaron en una escala de 1 a 4 con promedios más altos reflejando actitudes más positivas. Entre los estudiantes de segunda generación en su conjunto, el promedio fue de 3.20, no existiendo diferencias significativas por muestra, género, o tipo de escuela (pública o concertada). Entre los autóctonos, el promedio es muy similar 3.17 sin diferencia entre los géneros. Nativos de algunos países como bolivianos (3.1) y chinos (3.1) se mostraron algo más críticos pero las diferencias tampoco son mayores. En general y pese a las quejas generalizadas sobre la enseñanza en España, la mayoría de los estudiantes, tanto inmigrantes como nativos, y tanto chicas como chicos, exhiben una actitud claramente positiva hacia la institución donde, fuera de la familia, ha transcurrido la mayor parte de sus vidas.
DISCRIMINACIÓN, DESEMPLEO Y DESIGUALDAD
La encuesta contiene indicadores de integración problemática como son las experiencias y percepciones de discriminación, el desempleo, la desigualdad y la pobreza, la paternidad o maternidad prematuras y las experiencias de arrestos y cárcel. La proporción de hijos de inmigrantes que han dejado el hogar de sus padres para vivir solos a con su pareja, que han tenido hijos, o que han estado en la cárcel es mínima para ambos sexos. Aun admitiendo que estos reportes, sobretodo los de experiencias carcelarias, no sean del todo verídicos, los contados casos de cada una de estas experiencias más dramáticas niegan la presencia de un proceso generalizado de movilidad descendente. Aún la presencia de la segunda generación en cursos de educación compensatoria (PCPI) es mínima –solo el 2.7 por ciento de nuestra muestra original y solo el 1.1 por ciento entre las niñas–. Las cifras entre los autóctonos son muy similares. Solo se constató una pequeña ventaja en favor de estos en la ausencia practica de maternidad a paternidad prematuras de las cuales solo se observaron tres casos.
Paralelamente, aquellos que se sienten discriminados por cualquier motivo representan una proporción muy reducida –5 por ciento en la muestra original y menos del 10 por ciento en la de reemplazo– no existiendo diferencias significativas entre los sexos. Nuevamente, las percepciones de discriminación entre los autóctonos no son mucho más bajas. Contrariamente a lo que pudiera pensarse, los hijos de inmigrantes no se sienten en general inferiorizados o discriminados por la sociedad española ni evidencian tendencias hacia una “etnicidad oposicional” en reacción a experiencias de discriminación generalizadas. Sus orientaciones al respeto no son muy diferentes a las de los nativos.
Lo que sí ocurre en mayores proporciones entre los hijos de inmigrantes es, como ya hemos visto, el abandono escolar y junto a él las experiencias de desempleo. En esta última dimensión, los hijos de inmigrantes tampoco distan mucho de los autóctonos. Aproximadamente el 16 por ciento de los jóvenes de segunda generación se declaran desempleados, no existiendo diferencias significativas entre los sexos. Entre los autóctonos, la cifra correspondiente es prácticamente la misma, 14 por ciento.
La similitud no se extiende, sin embargo, a la situación económica de las familias. El 66 por ciento de los hijos de inmigrantes provienen de hogares cuyos ingresos no superan los 1.500 euros mensuales y el 37 por ciento viven en familias que disponen de menos de 1.000 euros por mes. Aunque estas cifras no indican una situación de pobreza extrema, sí señalan las muy modestas circunstancias que tienen que enfrentar la mayoría de los jóvenes de segunda generación. En este aspecto, existe ventaja para los autóctonos entre los cuales solamente una cuarta parte debe subsistir con menos de 1.500 euros de ingreso familiar mensual. La gran mayoría se hallan por encima de esta cifra, no existiendo diferencias significativas por género o por ciudad de residencia. Tanto en Madrid como en Barcelona, el 75 por ciento de las familias españolas tenían ingresos superiores a esa cifra.
AUTO-IDENTIDADES
Los hijos de inmigrantes en España son tan propensos a identificarse con el país como a no hacerlo. Nuestros datos indican que prácticamente el 50 por ciento se considera español y el otro 50 por ciento no lo hace. No hay diferencias significativas por ciudad de residencia (Madrid o Barcelona), pero sí las hay por lugar de nacimiento. El 80 por ciento de los nacidos en España –la segunda generación propiamente dicha– se identifica con el país. Entre los nacidos en el exterior, el colectivo que más se identifica con España son los filipinos, seguidos por los búlgaros. Esto puede atribuirse al mayor tiempo promedio viviendo en España por estos jóvenes en comparación con el resto de la muestra.
El hecho de que la mayor parte de la generación “1.5” no se consideren españoles no es sorprendente, dado que nacieron y vivieron sus primeros años en otro país. Lo que sorprende es su evolución positiva con el tiempo. En efecto, solo el 29 por ciento de los encuestados se consideraban españoles en el 2008, cifra que se incrementa más de 20 puntos en 2012 para llegar a la mitad de la muestra. Este crecimiento se debió exclusivamente al cambio de auto-identificación entre los nacidos en el exterior, ya que entre los nativos la identificación nacional se mantuvo idéntica. Este resultado cobra aún más peso cuando se les pregunta a los encuestados cuán importante es su identificación nacional. La gran mayoría la considera importante o muy importante.
Estos resultados indican un avance significativo del proceso de integración. Aunque existe una minoría, aún entre los nativos, reacios a identificarse con el país, cuatro quintas partes de ellos lo hacen y entre los nacidos en el exterior la identificación con España se aproxima al 50 por ciento. Solo los jóvenes bolivianos y chinos muestran una tendencia significativamente menor a auto-identificarse como españoles.
Evidencia adicional del avance del proceso de integración es el hecho que prácticamente la mitad de los hijos de inmigrantes tienen una mayoría de amigos cuyos padres son españoles. Esta tendencia es aún más fuerte entre los nacidos en España y entre ciertas nacionalidades suramericanas, en particular argentinos, chilenos, y venezolanos. Las mayores tendencias a mantener amistades dentro del propio círculo étnico, conformado por otros hijos de inmigrantes, las encontramos entre los bolivianos, ecuatorianos, dominicanos, chinos y, en particular, los filipinos. Otro dato importante es que la proporción con amigos autóctonos se incrementa a través del tiempo, tanto para hembras como varones. Aquellos que declaran tener una mayoría de amigos con padres extranjeros disminuyen un 10 por ciento entre la encuesta inicial y la final. Tal resultado apoya nuevamente la existencia de un proceso de integración social y cultural lento pero sostenido.
CONCLUSIÓN
Los resultados de nuestro estudio no apoyan conclusiones negativas o alarmantes sobre la integración de la segunda generación. La gran mayoría de los hijos nacidos en España o traídos al país a edad temprana se quedan en España y continúan sus estudios. Pese a la crisis económica y la modestia de sus hogares, avanzan en sus expectativas de educación futuras y en su identificación con el país. Solo una pequeña minoría da síntomas de movilidad descendente como maternidad o paternidad prematuras o encuentros con la policía. Más preocupante es el abandono escolar y el desempleo que afectan aproximadamente a un 15 por ciento de los encuestados. Sin embargo, las cifras son similares entre los autóctonos, datos que nos hace concluir que los hijos de inmigrantes se han integrado a la juventud española y que sus diferencias con los hijos de nativos van disminuyendo con el tiempo.

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