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Anteriormente Comisión Episcopal de Migraciones
La nueva Subcomisión para las Migraciones y Movilidad Humana

<span style='color:#27509b;font-size:18px;font-weight:500;'>Anteriormente Comisión Episcopal de Migraciones</span><br> La nueva Subcomisión para las Migraciones y Movilidad Humana

Una semana antes de que la pandemia irrumpiera en nuestras vidas arrasando con nuestros planes y muchos proyectos, durante la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española en marzo de 2020, quedaba aprobada la nueva estructura de la misma. También eran elegidos los presidentes de Comisiones y Subcomisiones, los miembros de la Comisión Ejecutiva, nuevo presidente y vicepresidente.

Marifran Sánchez Vara. Madrid

En estos últimos años se ha venido produciendo también una reestructuración en el organigrama de la Santa Sede. Han desapareciendo los antiguos consejos pontificios, agrupándose en los llamados dicasterios. Uno de estos es el denominado Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que viene a integrar las pastorales que tienen un carácter social. Su equivalente en la Conferencia Episcopal Española es la Comisión para la Pastoral Social y Promoción Humana, presidida por D. Atilano Rodríguez, obispo de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara. Esta comisión se divide a su vez en dos subcomisiones, cada una de las cuales se ocupa de diversas pastorales con aspectos comunes, a través de departamentos. La Subcomisión para las Migraciones y Movilidad Humana –anteriormente Comisión Episcopal de Migraciones– se ocupa de las pastorales que tienen como elemento común la movilidad de las personas: Migraciones, Trata de Personas, Pastoral con los Gitanos, Circos y Ferias, Pastoral de la Carretera, Stella Maris–Apostolado del Mar y Pastoral del Turismo. Preside esta subcomisión el obispo de la diócesis de Vitoria, D. Juan Carlos Elizalde Espinal, responsable también del Departamento de Trata de Personas. Al frente de cada departamento se encuentra un director y un obispo responsable.

Del mismo modo ocurre con la otra subcomisión, denominada Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social, presidida por el obispo de la diócesis de Astorga, D. Jesús Fernández. Forman parte de esta subcomisión la Pastoral de la Salud, Pastoral Penitenciaria, Pastoral del Trabajo, Ecología Integral y Semanas Sociales.

Directora de la subcomisión de migraciones

Pasado el periodo de confinamiento, en julio de 2020, iniciamos un proceso progresivo, aunque lento, por las circunstancias externas y comunes a toda la sociedad, de reorganización y asignación de responsabilidades. En mi caso, fui nombrada por la Comisión Permanente como directora del secretariado de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y Movilidad Humana. Posteriormente fueron también nombrados nuevos directores para algunos departamentos, como la Pastoral con los Gitanos, Migraciones y Turismo. Podemos decir que un año, aproximadamente, ha durado este proceso de adaptación a esta nueva estructura, que nos ha permitido crear y definir en la Comisión un estilo de trabajo nuevo, itinerarios, protocolos y desafíos transversales a todas las pastorales que la integran. El Sínodo 2021-2023 que acabamos de estrenar en la Iglesia –con el lema “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”–, supone también una oportunidad para cambiar estilos de trabajo y formas de relacionarnos. Así lo estamos asumiendo en toda la Comisión, poniendo nuestro empeño en que la sinodalidad sea nuestra forma de trabajar, caminando juntos, escuchándonos y, sobre todo, escuchando los signos de los tiempos, que nos impulsan a seguir adelante y a adaptarnos para poder dar las respuestas que el mundo de hoy necesita.

Todo este recorrido lo hemos realizado en un contexto complicado de pandemia y restricciones, que ha tenido graves consecuencias sobre toda la población a nivel sanitario, pero también a nivel económico y social. El impacto de esta crisis derivada de la covid-19 ha sido especialmente significativo en los colectivos destinatarios de las diversas pastorales. Sin embargo, hemos constatado cómo la Iglesia ha permanecido al lado de quienes peor lo han pasado y están pasando. No ha dejado de hacerse presente, ayudar y caminar junto a quienes han quedado en las cunetas, heridos y sin oportunidades.

Vínculo con las misiones europeas

Por otra parte, en esta nueva etapa también hemos continuado manteniendo el vínculo con las misiones católicas de lengua española en Europa. No debemos olvidar que la antigua Comisión Episcopal de Migraciones tuvo su origen con motivo de la emigración de muchos compatriotas a Europa en los años sesenta. Al menos dos veces al año nos encontramos para compartir experiencias, dar a conocer la situación de las misiones y escuchar para apoyar y colaborar en la medida de nuestras posibilidades. Antes de la pandemia, estos encuentros eran presenciales y se celebraban dos veces al año, uno en Madrid y otro en alguna otra ciudad europea. Desde el inicio de la pandemia, estos encuentros han pasado a realizarse en formato telemático. En diciembre pasado, concretamente, tuvimos nuestro último encuentro, participando las misiones de Alemania, Suiza, Francia y Holanda. Esperamos poder retomar los encuentros presenciales en un futuro.

No cabe duda que estamos inmersos en un cambio de época, marcada por el miedo y la incertidumbre que suscita esta situación que vivimos. Sin embargo, como nos dice el papa Francisco, no debemos dejar que nos roben la esperanza. Al contrario, estoy convencida de que estamos en el momento propicio para emplearnos a fondo en ello; las crisis son siempre oportunidades que nos ofrece la vida para mejorar y crecer, y para ello es necesario tener esperanza, una virtud que se ha de trabajar a nivel personal.

Experiencias de sufrimiento

En el día a día, en el trabajo diario y cotidiano de la Subcomisión y del Departamento de Trata de personas, que también dirijo, he tenido la oportunidad de conocer y compartir experiencias de sufrimiento y superación, de entrega y solidaridad, con nombres y rostros concretos. Comenzar como directora del secretariado en este contexto tan complejo y sinuoso, me ha permitido tomar conciencia de la labor tan importante que realiza la Iglesia en todos los campos, especialmente en el de la pastoral social. Los testimonios de compañeros y compañeras, de voluntarios, de personas acompañadas, me han mostrado que siempre hay esperanza, y que ésta, junto con la fe, sostiene nuestra misión y nuestra entrega.

Podría mencionar muchísimos ejemplos de todas las pastorales, admirables sin duda y todos significativos, pero quiero mencionar uno en concreto: este ha sido el caso de los circenses y feriantes, gravemente afectados por esta crisis, y el admirable acompañamiento que ha realizado el director de este departamento. Estoy muy agradecida por trabajar y estar donde estoy. Esta misión me recuerda cada día hacia dónde camino y con quiénes y dónde estoy, el sentido de la vida y del trabajo que desempeño, la importancia del servicio y la entrega, la humildad para llevarlo a cabo y el gozo de poder caminar con otros y con otras en comunión, hacia una meta concreta, en la que justicia, igualdad y paz adquieren su pleno sentido.

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