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Se establece un salario mínimo interprofesional que excluye a los menores de 18 años y a otros

Se establece un salario mínimo interprofesional que excluye a los menores de 18 años y a otros

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Alemania, uno de los pocos países de Europa donde no existía un salario mínimo, aprobó a comienzos del verano un proyecto de ley según el cual, a partir del 1 de enero de 2015, el salario mínimo interprofesional bruto en todo el territorio federal será de 8,50 euros por hora, pero hay excepciones. De la nueva normativa se excluye a menores de 18 años, a parados de larga duración en los primeros seis meses de un nuevo empleo, a jóvenes que realicen prácticas obligatorias en el marco de sus estudios o formación profesional y a practicantes en general durante los tres primeros meses de su actividad. 

Tampoco recibirán en la fecha señalada el salario mínimo otros colectivos, como repartidores de periódicos, trabajadores temporales en el sector agrario y la gastronomía, peluqueros, taxistas, etc., para los que se prevé un aumento paulatino del salario hasta 2017.
La nueva ley, que en principio debiera poner fin a un debate que dura ya una década, sigue siendo objeto de controversia entre los que profetizan que destruirá puestos de trabajo; los que opinan que el salario establecido es todavía insuficiente y reclaman diez euros como mínimo para que, tras toda una vida de trabajo, las pensiones aseguren el mínimo de subsistencia a los mayores jubilados, y los sindicatos, que creen que con la exclusión de ciertos grupos sociales se abre una vía para eludir la normativa legal que afectaría a unos tres millones de personas.
Plausible parece la explicación de la canciller, Angela Merkel, sobre la exclusión de los menores de 18 años del salario mínimo, que tendría la función de evitar que éstos renuncien o abandonen su formación profesional por unos ingresos mayores a los que tienen como aprendices, con consecuencias negativas para su futuro.

Salario superior en cinco países de la UE
Hasta ahora, en Alemania existen algunos convenios colectivos que garantizan en determinadas ramas un salario mínimo sectorial, variable según los länder. En mayo de 2014 oscilaba entre 6,50 euros en la rama de peluquería en Berlín y la zona del este (antes RDA) y 13,95 euros en la construcción en la parte occidental del país. Como en determinados sectores las tarifas vigentes están por debajo del salario mínimo ahora establecido, se permite que estas se sigan aplicando hasta el 1 de enero de 2017; a partir de entonces tendrán que regirse todos por la nueva ley. También está previsto que a partir de esa fecha se haga cada dos años una revisión para ajustar el salario mínimo al coste de vida.
Para velar que la normativa se cumpla, se crearán 1.600 nuevos empleos en inspección y vigilancia, con un costo de unos ochenta millones de euros anuales, según el Ministerio de Trabajo “BMAS”. Por otro lado, con el salario mínimo aumentarán los ingresos fiscales y los pagos a la seguridad social y se reducirán los gastos por subsidios complementarios.
Con Alemania, cuentan ahora veintidós de los veintiocho países de la UE con un salario mínimo. El país germano ocupa el sexto lugar en el ranking de mínimos salariales en la Unión Europea, tras Luxemburgo (11,10), Francia (9,53), Países Bajos (9,11), Bélgica (9,10) e Irlanda (8,65). Los más bajos se encuentran en Rumanía (1,14) y Bulgaria (1,04); a nivel mundial, Australia  tiene el más elevado (11,88).

Origen de la precariedad laboral
La “Agenda 2010”, proclamada en marzo de 2003 por el entonces canciller socialdemócrata alemán, Gerhard Schröder, había abierto la puerta a los recortes sociales, a los contratos de trabajo temporales, al despido fácil, a la proliferación de subempresas de bajos salarios, a los miniempleos, los “Ein-Euro-Jobs”(1 euro por hora) y las “Ich AG” (empresas unipersonales), reformas estructurales que corregían hacia abajo las cifras del paro y favorecían a la industria del país, pues al hacer más fácil para las empresas el reducir costes de personal, estas podrían ser más competitivas en los mercados internacionales.
Para los ciudadanos, la consecuencia de ese modelo económico neoliberal fue la destrucción del empleo regular y el crecimiento del trabajo precario durante los últimos diez años. La sociedad comenzó a polarizarse, se debilitó la clase media y cada vez más gente que antes vivía de forma acomodada se vio confrontada con la pobreza al perder el empleo o ver reducida su jornada laboral y sus ingresos. Muchos de los afectados por los despidos se convirtieron, tras un año en el paro, en receptores de la ayuda social “Hartz IV”, con el calificativo de “parados de larga duración”. A pesar de que casi la mitad de esos desempleados son profesionales cualificados y tres cuartos de ellos menores de 55 años, en pocos casos han logrado incorporarse de nuevo al mundo laboral.
Bajo la presión de la izquierda y los sindicatos, la clase política se vio obligada a tomar medidas contra los abusos y se comenzó a discutir intensamente en el Parlamento la necesidad de establecer un salario mínimo interprofesional que pusiera freno a la creciente precariedad laboral y evitara que, a pesar de una jornada de trabajo de 40 horas semanales, haya personas  que tengan que recurrir a las ayudas sociales complementarias para subsistir, una situación denigrante. Más de 1,3 millones de trabajadores estarían recibiendo actualmente estos subsidios complementarios (ALG II), pero otros tantos que tendrían derecho a ellos no los solicitan por desconocimiento o por vergüenza, según Wilhelm Adamy, experto en asuntos laborales de la confederación de sindicatos alemanes “DGB”.
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Una medida histórica
El establecimiento de un salario mínimo interprofesional en todo el territorio alemán para trabajadores mayores de 18 años, fue la primera condición que impuso el partido socialista alemán –SPD– a Angela Merkel para gobernar en coalición con los partidos conservadores CDU y CSU, cuando, en otoño del pasado año, la canciller buscaba aliados para formar gobierno tras las últimas elecciones. Merkel, que en un principio se oponía al salario mínimo, cedió finalmente, no sin haber negociado antes excepciones aceptables para ambas partes, aunque no satisfactorias para todos. El proyecto de ley fue aprobado casi por mayoría absoluta en el Parlamento; para la ministra de Trabajo y Sociales, Andrea Nahles (SPD), un hecho histórico del que se verían beneficiadas 3, 7 millones de personas.
Como era de esperar, las críticas por la numerosas excepciones no se dejaron esperar, no solo en la oposición y los sindicatos, sino incluso dentro del propio partido SPD. También el comisario europeo de Empleo, Lazlo Andor, instó a Alemania en los medios a establecer un salario mínimo interprofesional sin excepciones.
Ya anteriormente, la Comisión Europea había criticado el “dumping” salarial en este país y el creciente aumento de los “minijobs”, un modelo de trabajo de pocas horas que permite ganar hasta 450 euros mensuales sin impuestos ni tasas sociales y que ya ha traspasado las fronteras alemanas.
Desde 2003, el número de los que en Alemania realizan ese tipo de trabajos habría crecido un 127 por cien. En el sector de bajos salarios trabajan, sobre todo, mujeres y mayores. Estos últimos mejoran con ello sus pensiones de jubilación insuficientes. En junio del pasado año, 829.173 mayores de 65 años tenían un minijob, 173.000 eran mayores de 74 años.

Medio millón de ofertas de empleo
Según datos del Instituto Federal de Estadística, en mayo de 2014 tenían una ocupación laboral en Alemania 42,18 millones de personas, tantas como nunca anteriormente. De ellas, solo 24,69 millones cotizaban a la Seguridad Social. Paralelamente, más de cuatro millones y medio de personas recibían algún tipo de prestaciones sociales (Hartz IV). Las cifras hablan por sí solas.
Andrea Nahles se muestra, a pesar de ello, optimista por la creciente demanda de trabajadores. Más de medio millón de ofertas de empleo sin cubrir en junio de 2014 sería señal clara de la buena coyuntura económica que vive el país actualmente, de la que, por otra parte, los beneficiados son los empresarios. Se busca personal especializado en casi todos los sectores de la industria y los servicios, en ingeniería mecánica, informática, mecatrónica, metalurgia, automoción, comercio, salud, hostelería, transportes y logística.
Menos satisfactorio sería, según la ministra, que al mismo tiempo aumente el número de parados de larga duración, que en el pasado mes de junio sería un tercio de los desempleados. El número total personas sin trabajo registradas oficialmente era entonces de 2,9 millones, pero  esas cifras no reflejan la situación real, ya que en ellas no se contabiliza a los que participan en algún programa de inserción laboral, a los mayores de 58 años que durante doce meses no hayan encontrado una ocupación que cotice a la seguridad social o estén enfermos, a los que se ven obligados a aceptar subempleos por debajo de su cualificación o trabajan en mini- y midiempleos mientras esperan encontrar una ocupación adecuada, etc. Estos colectivos, de haberse tenido en cuenta, habrían engrosado en trescientos mil las cifras del paro en 2013, según la propia Oficina Federal de Empleo.

Recortes masivos y perspectivas
En los últimos tres años, el Gobierno alemán recortó el presupuesto para proyectos de formación e integración laboral para desempleados de larga duración en un cuarenta por ciento. La consecuencia es que cada vez menos personas que buscan trabajo pueden encontrar ocupación en el primer sector o realizar una formación que les permita mejorar sus oportunidades laborales. Mientras todavía en 2005 se disponía de 3.200 euros por desempleado para invertir en programas formativos, siete años después eran solamente 1.700 euros. Para compensar en parte los anteriores recortes, la coalición gobernante ha acordado ahora incrementar el presupuesto total en 1.400 millones a lo largo de la actual legislatura. Para comienzos de 2015, el Ministerio Federal de Trabajo y Sociales, BMAS, tiene previsto subvencionar, durante dieciocho meses y de forma individual, puestos de trabajo para treinta mil parados que, durante dos o más años, no hayan encontrado empleo por carecer de la formación profesional adecuada. El Fondo Social Europeo aportaría 470 millones al proyecto, el resto la Oficina Federal de Empleo. El reto ahora sería encontrar empresas dispuestas a dar una oportunidad a esos desempleados.

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