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El 99º Congreso de los católicos alemanes

El 99º Congreso de los católicos alemanes

Del miércoles 28 de mayo al domingo 1 de junio se celebró en Ratisbona (Regensburg en alemán) el 99º Congreso de los Católicos Alemanes (99. Deutscher Katholikentag) bajo el lema “Construir puentes con Cristo” (Mit Christus Brücken bauen), en el que tomaron parte unos treinta y tres mil participantes permanentes y otros cincuenta y tres mil, –como fue mi caso-, que asistimos algunos días.

El Congreso de los Católicos Alemanes tiene una larga tradición, iniciada en 1848, y esta organizado, no por la jerarquía católica, sino por el Comité Central de los Católicos Alemanes (Zentralkomitee der deutschen Katholiken), que agrupa actualmente a unos 230 miembros, todos seglares, provenientes, por una parte, de organizaciones católicas tipo Misereor, Bonifatiuswerk, Caritas, Kolpingwerk; por otra, de 3 representantes de los laicos de cada una de las 28 diócesis alemanas, pertenecientes a los Consejos de los Católicos (Katholikenräte) y a los Consejos diocesanos (Diözesanräte), y finalmente por personalidades católicas provenientes del mundo de la política y de la vida pública.
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Últimamente incluye también a tres miembros de las comunidades de lengua extranjera: un africano, un polaco y mi amigo, José-Alberto Haro Ibáñez, representando al Consejo pastoral nacional de las misiones católicas de lengua española en Alemania.
El Congreso en un principio se celebraba casi todos los años, pero se dejó de realizar de 1914 a 1920, ambos inclusive, debido a la primera guerra mundial, y desde el acceso al poder de la barbarie nazi en 1933 no hubo más congresos hasta 1948. A partir de entonces se celebran los años pares, mientras los impares tiene lugar el Congreso de la Iglesia Luterana (Kirchentag).
Llegué a Munich el miércoles 28 de mayo y me acogieron el la Misión católica de lengua española que al dia siguiente, festivo en Alemania, celebraron la primera comunión de 30 niños. Ese jueves, fiesta de la Ascensión, llegó también a Munich monseñor José Sánchez, obispo emerito de Sigüenza-Guadalajara, antiguo secretario y portavoz de la Conferencia episcopal española y Delegado que fue de las misiones católicas españolas en Alemania, que me acompañó en tren a Ratisbona esa tarde.
Al entrar en el comedor para la cena nos encontramos con el cardenal Karl Lehman, –obispo de Maguncia (Mainz), que siendo presidente de la Conferencia episcopal alemana había mantenido en 1999 un pulso con el entonces cardenal Razinger, prefecto de la Congregación de la doctrina de la fe, en defensa de los consultorios católicos para las embarazadas–, que saludó efusivamente a José Sánchez.
MUCHOS JÓVENES
El viernes 30 de mayo era notable el número de jòvenes que con la acreditación al Congreso nos encontrábamos por las calles, asi como niños acompañando a sus padres: es tradicional que los padres católicos premien a sus hijos con una visita al Congreso.
Cruzamos el Danubio (Donau) a través del puente de piedra (Steinerne Brücke), el primero construido con ese material sobre ese gran río en 1146, y pasamos al barrio de Stadamhof donde estaban instalados los pabellones de las diócesis alemanas, de las diversas asociaciones católicas y de los medios de difusión con información religiosa, y donde se encuentra la iglesia Spitalkirche Sankt Katharinen, en la que celebraba yo la misa para la comunidad de lengua española el cuarto domingo de cada mes desde septiembre de 1991 hasta que regresé a España en la primavera de 2007.
Cuando volvíamos al centro de la ciudad, había una larga cola en las inmediaciones de la entrada del puente de piedra y nos dijeron que iba a intervenir un famoso cómico en una de las muchas actividades del Congreso: conferencias, mesas redondas, encuentros especiales para jóvenes, conciertos, celebraciones litúrgicas.
Ese día también estuvo en Ratisbona la canciller federal Angela Merkel, luterana e hija de pastor luterano, participando en el Congreso, donde advirtió de la pérdida del carácter cristiano de Alemania y de Europa, resaltando que el cristianismo figura entre las bases de nuestra sociedad. “Ninguna política, por genial que sea, podrá reemplazarlo”, recalcó la canciller, que animó a los cristianos a intervenir y comprometerse en la sociedad. “El Congreso de los Católicos, lo mismo que el Congreso de la Iglesia luterana, son un buen foro para animarnos a ello”, remarcó.
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MISA DE LAS NACIONES
Al atardecer de ese viernes se celebró en la iglesia del Sagrado Corazón (Herz Jesu-Kirche) la misa de las naciones, presidida por José Sánchez y concelebrada por el obispo de Hildesheim y miembro de la comisión de migración de la Conferencia episcopal alemana, Norbert Treller, por un obispo de rito oriental para los ucranianos católicos residentes en Alemania y por 14 sacerdotes al servicio de las comunidades de lengua no alemana: croata, eslovaca, eslovena, húngara, italiana, polaca y española. Por las comunidades de lengua española estaban monseñor José-Antonio Arzoz, delegado de los sacerdotes españoles en Alemania, y monseñor Alberto Martínez, párroco de la Misión católica de lengua española en Munich, a los que se unió el que esto escribe.
La misa fue cantada por el coro de la Misión católica de lengua española de Nürnberg y por el coro de la Misión croata en Ratisbona.
José Sánchez comenzó recordando que el día anterior habíamos celebrado la Ascensión del Señor a los cielos, que significa su victoria total sobre el pecado y la muerte, y que sus discípulos no le entendían cuando les hablaba de que su partida al Padre era mejor para ellos, pues les iba a enviar el Espíritu Santo. Además, don José dijo en su homilía:
“Movidos por el Espíritu Santo hemos venido a este Congreso de los Católicos bajo el lema de “Edificar puentes con Cristo”, desde diversas localidades de Alemania, originarios de diversos países con lenguas diferentes, y vivimos en este país con gentes de los más variados orígenes, razas, lenguas y culturas. Este hecho, que a veces nos ha causado problemas y dolor, tiene que afectarnos como creyentes. Tenemos que se conscientes de que esa situación nos brinda la posibilidad de tender puentes, utilizarlos para ayudar a los demás y vivir al servicio de los demás”.
Acaban de celebrare elecciones al Parlamento europeo, en las que han resultado elegidos hombres y mujeres cuya misión es tender puentes entre los diversos estados de la Unión europea, pero también debemos mantener las puertas abiertas hacia otros pueblos y naciones que no pertenecen a la Unión europea o a Europa. Lamentablemente no todos los parlamentarios son de esta opinión.
La fuerte crisis que a tantos ha llevado al paro y a la pobreza ha puesto de manifiesto el egoísmo de muchos y la preferencia de los intereses nacionales en lugar de la solidaridad, por lo que en vez de puentes, lo que se edifica son muros y alambradas de espino, y las personas necesitadas son abandonadas a su destino, en sus intentos de llegar a la Europa soñada, pereciendo en el mar o muriendo de sed en el desierto o cayendo en redes de traficantes de personas que los convierten en esclavos sexuales.
Estamos obligados a construir puentes y a mantener las puertas abiertas a los más pobres y débiles. Esto no excluye que la migración deba someterse a normas, pero debemos exigir que sea tenida en cuenta la atención a la dignidad personal y a los derechos humanos de todas las personas.
Junto con nuestras exigencias a las autoridades, tenemos que ser conscientes de que todos nosotros tenemos la tarea de edificar puentes y mantener las puertas abiertas para los más débiles.
Somos conscientes que Dios quiere que todas las personas formemos una gran familia. El hecho de que gentes de diversos orígenes, pueblos razas y culturas pertenezcamos a una misma comunidad eclesial nos brinde la oportunidad de ejercer nuestra función de constructores de puentes.
Los católicos de diversos países, lenguas y culturas podemos celebrar juntos esta Eucaristía. Por ahora con los ortodoxos y evangélicos es solo un deseo o un sueño, pero también una tarea para todos nosotros.
Esta Misa de las naciones debe ser una prueba de que vamos de camino hacia el amor común, hacia la hermandad y hacia la disposición a acogernos y a servirnos mutuamente, como proclamamos al celebrar la Eucaristía.
Tambien nos compromete a vivir luego tal como celebramos esta Eucaristía: unidos como hermanos y hermanas de diferentes pueblos, como hijos del mismo Padre, conducidos por el mismo Espíritu Santo y dispuestos a edificar puentes con Cristo”.
Al final de la misa, el obispo Treller, haciéndose eco de la predicación de José Sánchez, insistió en que en la Iglesia no hay extranjeros y que la tarea de los cristianos en tender puentes y mantener las puertas abiertas a los más débiles, que son los preferidos de Jesús.
El sábado 31 de mayo me trasladé a “mi” antigua ciudad, Nürnberg, en la que viví y trabajé 32 años, porque al día siguiente la Misión Católica de Lengua Española celebraba la primera comunión de 3 niñas y un niño. Dos de las niñas las había bautizado yo.

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