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Aumenta el rechazo a inmigrantes y refugiados en Alemania

Aumenta el rechazo a inmigrantes y refugiados en Alemania

ena92-300x184-1510748Son la minoría étnica mayor de Europa, la más pobre y la más marginada. Con frecuencia se les encuentra mendigando en las zonas peatonales de las grandes ciudades, a la entrada del metro o delante de centros comerciales. Los paseantes, al verlos, suelen desviar su camino para esquivarlos, pues su aspecto diferente, su hiriente indigencia y su insistencia al solicitar una limosna les hace molestos y extraños. Una imagen más amable es la de los músicos que amenizan restaurantes y zonas peatonales. Son inmigrantes gitanos sintis y romaníes procedentes generalmente de los países del este europeo que, víctimas de la exclusión y la pobreza, llegaron a Alemania en busca de una vida mejor.

Esas imágenes responden también a los tópicos que se mantienen en la sociedad sobre este pueblo sin tierra, errante a través de los siglos. Pero no todos los gitanos pueden situarse dentro de ese estereotipo común, ya que muchos viven de forma sedentaria e integrados en las sociedades europeas. En Alemania viven actualmente unos setenta mil sintis y romaníes de nacionalidad alemana. A estos hay que añadir los actuales inmigrantes y refugiados.
MINORÍA NACIONAL PROTEGIDA
En los territorios de la actual República Federal Alemana (RFA) se tiene noticia escrita de la existencia de gitanos desde comienzos del siglo XV, y aunque hubo breves épocas en que gozaron de cierta protección por sus dotes artísticas y artesanas, siempre fueron un pueblo discriminado y marginado, al que se le negaban los derechos más elementales.
Durante la Segunda Guerra Mundial fueron cruelmente perseguidos, apresados y deportados a los campos de concentración para su exterminación, junto a judíos, homosexuales, discapacitados, comunistas y otros elementos de la sociedad considerados “inferiores”, según la teoría nazi de la superioridad de la raza aria. Ya finalizada la guerra, a los gitanos nadie les reconoció como víctimas, nadie les pidió perdón ni les recompensó en modo alguno por los daños y el dolor sufridos. Las cifras difieren según las fuentes, pero serían más de medio millón de gitanos los que murieron en los campos de exterminio nazis entre 1933 y 1945.
El holocausto que sufrió el pueblo gitano fue silenciado largo tiempo, hasta que los hijos de las víctimas comenzaron a reclamar a la RFA, con manifestaciones de protesta y huelgas de hambre, que se les considerase como tales. En 1982, el entonces canciller alemán, Helmut Schmidt, reconoció oficialmente el genocidio, poco después de haberse fundado en Heidelberg el “Zentralrat Deutscher Sinti und Roma”, (Consejo Central de Sintis y Romaníes en Alemania), institución cuya finalidad es luchar contra la discriminación, la exclusión, la desigualdad y la violencia hacia personas de esas etnias. Desde 1995, el pueblo gitano está reconocido como minoría nacional protegida.
MEMORIAL A LOS GITANOS VÍCTIMAS DEL HOLOCAUSTO
Tuvieron que pasar treinta años desde aquel gesto de Helmut Schmidt, para que ahora, cuando apenas quedan ya supervivientes del genocidio, pudiera inaugurarse en Berlín, el pasado 24 de octubre, un monumento en memoria de los gitanos víctimas del holocausto. El artista israelita, Dani Karavan, ya octogenario, diseñó la obra, un estanque circular rodeado de piedras con los nombres de los lugares de los crímenes. Su cercanía al Memorial de los Judíos asesinados en Europa durante el Tercer Reich y a la emblemática Puerta de Brandenburgo, lo hace visible para los turistas de todo el mundo.
La canciller alemana, Angela Merkel, inauguró el monumento en presencia del presidente de la República, Joachim Gauck, y de Romani Rose, presidente del Consejo Central de los Sinti y Roma. La canciller pronunció un emotivo discurso en el que recordó a las víctimas, mostrando su repulsa a la barbarie nazi. “No podemos devolver la vida a las víctimas”, dijo, pero ese memorial mantendría vivo su recuerdo para las presentes y futuras generaciones. Romani Rose agradeció la presencia de ambos políticos en el acto, que valoró como un reconocimiento a su pueblo. Advirtió también sobre el peligro de la creciente violencia racista en Alemania y en Europa, un racismo que ya no sería solo de extrema derecha, calificando de “preocupante” la agresividad contra los gitanos.
RECHAZO LATENTE DE LA POBLACIÓN AUTÓCTONA
Tras la adhesión de Bulgaria y Rumania a la Unión Europea en enero de 2007, los ciudadanos de esos países pueden moverse libremente en Europa, pero durante el periodo transitorio hasta ser reconocidos miembros de plenos derechos en la UE, que previsiblemente sería el 31 de diciembre de 2013, no pueden trabajar en Alemania sin un permiso de trabajo de la Agencia Federal de Empleo, siempre que no hayan vivido durante tres años ininterrumpidamente en el país. Es obvio que los que llegan sin formación alguna, como suele ser el caso de los gitanos, no obtienen permiso de trabajo. Generalmente tampoco tienen acceso a prestaciones sociales. Sin trabajo y sin derechos, sobreviven de lo que ganan en ocupaciones clandestinas mal pagadas, de la mendicidad y de pequeños hurtos que, por lo general, llevan a cabo los niños. Algunos hombres se dan de alta como autónomos (única posibilidad para realizar un trabajo remunerado de forma legal) y ofrecen sus servicios por tres o cuatro euros la hora, sobre todo en la construcción y los servicios de limpieza, sin protección social alguna. La doble discriminación que sufren, por ser pobres y por ser gitanos, hace que para ellos sea muy difícil conseguir una vivienda digna y tengan que alojarse en casas ruinosas, en chabolas improvisadas, en contenedores o incluso vivan a la intemperie. Algunas ciudades ofrecen viviendas para familias gitanas, pero la convivencia con los demás vecinos resulta con frecuencia problemática.
El aumento de la delincuencia como medio de supervivencia del colectivo crea conflictos en los barrios marginales donde se agrupan y el rechazo de la población autóctona se traduce en acciones xenófobas para ahuyentarlos. Según el Consejo Central de los Sinti y Roma, el 58% de la población rechazaría hoy a los gitanos en Alemania y las tres cuartas partes no querría tenerlos como vecinos. Inquietante es la proliferación de agrupaciones de ideología nazi. En 2011 se registraron un total de 225 agrupaciones de extrema derecha en la RFA, de ellas 153 de neonazis, y 1.671 páginas Web con contenido xenófobo y racista propagaban sus ideas en Internet. El 74% de la población alemana cree que los políticos no están haciendo lo suficiente contra el neonazismo y la ultraderecha. (Datos del instituto alemán de estadística “Statista”).

BREVEMENTE

Protesta de refugiados ante la Puerta de Brandenburgo
Aprovechando que muchas personas miraban a Berlín con motivo de la inauguración del monumento al holocausto de los gitanos, un grupo de solicitantes de asilo de diferentes nacionalidades llegaba a la capital alemana, tras una marcha desde Würzburg de seiscientos kilómetros y veintiocho días, para protestar por la política de asilo de la República Federal y las condiciones en que tienen que vivir los refugiados. En el camino se encontraron con grupos de extrema derecha que querían dificultar o impedir su marcha, pero también se unieron a ellos otros refugiados y simpatizantes.
Después de dos semanas de pasar frío y hambre, lograron exponer sus exigencias ante varios políticos, entre los que se encontraba la ministra de Estado, María Böhmer, responsable de inmigrantes y refugiados del Gobierno de Angela Merkel. Pedían, entre otras cosas, el fin de las expulsiones de Alemania de los refugiados; que se agilicen los trámites para su reconocimiento como tales; que se suprima para ellos la residencia obligatoria limitada a un determinado distrito; que se les ofrezcan viviendas dignas y no tengan que vivir hacinados en alojamientos colectivos mal acondicionados; que se les permita trabajar y seguir formándose, así como participar en clases de alemán. El tiempo dirá si su esfuerzo ha valido la pena.

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