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La Misión Española de Paris 1930-1950

La Misión Española de Paris 1930-1950

En la historia centenaria de la Misión Española de París, el período 1930-1950 aparece como el tiempo de las dificultades entre un primer período en que la Misión vivió el enraizamiento y desarrollo del primer arranque y un tercero, el que llamamos de la gran emigración, en que dio prueba de vitalidad, adaptación, creatividad no solo en el terreno de la emigración española sino también por su implicación en las orientaciones pastorales de la Iglesia de Francia a través de su Comisión Episcopal de Migraciones.
 
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Tiempo de dificultades no quiere decir que estas no existieron en los otros períodos. Oposiciones y contrariedades existieron siempre en el complejo campo de la emigración. Tampoco quiere decir que la labor misionera y la atención a los emigrantes disminuyeran; contrariadas en algunos sectores por la dispersión, los conflictos o la virulencia de las ideologías, se abrieron caminos en otros.
Consecuente con la laicidad del Estado, el gobierno de la república suspendió la subvención que recibía la Misión, restablecida luego por intervención del embajador Madariaga hasta septiembre 1936. Salvador de Madariaga y Rojo fue un gran diplomático, escritor, historiador y pacifista español que durante la Segunda República Española fue ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes en el cuarto gobierno de Alejandro Lerroux. Fue uno de los cofundadores, en 1949, del Colegio de Europa.
Sin embargo, el embajador Luis Araquistain, durante la Guerra Civil Española hasta mayo de 1937, intentó en este año desalojarla. Pero no lo logró ni en rue de la Pompe, a pesar de un proceso, ni en el Patronato de la Plaine Saint-Denis, gracias a la intervención personal de León Blum que consideraba que nadie hacía más por los obreros españoles que los misioneros. León Blum fue uno de los líderes del Partido Socialista Unificado y presidente del Consejo de Ministros, en dos ocasiones, y jefe del gobierno del Frente Popular francés. Fue presidente de la República (1946) antes de instaurarse la IV República Francesa.
 
RELACIÓN DE ACTIVIDADES
De los años 1930-1937 una relación de “Actividades” nos ha dejado esta descripción en el estilo del tiempo: “Vida activa, si las hay, fiebre de acción, solicitudes múltiples y diversas, tantas cuantas son las obras de misericordia, espirituales y corporales… he aquí la impresión dominante que todos se llevan en una visita a la Misión Española. La mies es mucha, el campo extenso y dilatado, y pocos los trabajadores… Recuérdese que pasan de 50.000 los españoles que moran en la región parisina, tan ayunos de bienestar como ahitos de trabajos y miserias de toda especie. ¡Y habríamos de atenderlos y socorrerlos a todos para lograr plenamente el fin de la Misión…! Pero a pesar de nuestros buenos deseos y de la potente ayuda de nuestros hermanos de Saint-Denis, es fuerza dejar abandonados algunos distritos. Quien haya penetrado alguna vez en el recinto de la Misión, habrá sin duda observado el movimiento de colmena que reina por doquier. El que no corre, vuela. Unos tras otros van saliendo, como las abejas de la colmena, a ejercer en distintos puntos de París su benéfico ministerio. Para sus viajes utilizan con preferencia el democrático Metro, por ser el medio más rápido y menos costoso, aunque por otra parte sea el más molesto. Y allá van… unos a sus catecismos, otros a los hospitales, estos a llevar los consuelos de la religión a los que emprenden el último viaje, aquellos a llevar limosnas a quienes viven en barracas y chamizos mal olientes. No cuentan los pasos que dan, ni las gotas de sudor que vierten, ni les preocupan los peligros que por todas partes les rodean. Nada les arredra. El espíritu sostiene a la materia, al espíritu le mantiene la fe. Y vuelven de sus correrías como las abejas de sus excursiones, cargados de botín… botín dulcísimo de almas iluminadas, corazones consolados, lágrimas enjugadas, sonrisas de niños, bendiciones de madres y simpatía de todos. A la vez el padre de guardia, ayudado eficazmente por los hermanos coadjutores atiende y despacha a los innumerables que acuden a la Misión, en demanda de confesión unos, de colocaciones otros, de consultas no pocos, y de socorro los más”.
 
LA GUERRA MUNDIAL  pompe-2-99p1020320-225x300-1954540

La guerra mundial, con la ocupación alemana de Francia, y la guerra fría que siguió se repercutieron también en el funcionamiento de la Misión, en sus actividades y en su capacidad de acción.
A partir de 1938 el entorno, sobre todo en torno al Patronato, se hace cada vez más hostil. Minado por las ideologías, el campo de acción de la Misión se vio afectado, reducido, y a veces atacado materialmente y de manera directa. “Época de abandono y apartamiento de los españoles, que abarca todo el año 1938 y parte del 39 Muchos de nuestros españoles, algunos por ignorancia, otros por temor se retiraron del Patronato, resintiéndose como es natural, todas las obras tanto religiosas como sociales que hay en el mismo establecidas”.
 
OTRAS ACTIVIDADES
Este ambiente, la vuelta a España de muchas familias por la invasión alemana y la falta de personal hizo que les actividades pastorales, como los diversos centros de catequesis se redujeran. En cambio se crearon o incrementaron otras actividades humanitarias y benéfico-sociales que nos es posible describir aquí dada la complejidad de la situación política y social de los tiempos. Baste enumerarlas:
En campo benéfico-social: comedores para niños y ancianos; atribución de parcelas para cultivar, obtenidas de los ferrocarriles franceses; acogida de repatriados…
En el camp socio-político: intervenciones en el campo de internamiento de Drancy; ayuda a los judíos sefaradíes facilitándoles certificados de bautismo que salvaron muchas vidas como testificó en el centro Sefarad de Madrid Alain de Toledo.
En el campo educativo con la creación de movimientos como los exploradores, la organización de colonias de vacaciones y integrando une grupo escolar lejos de París dentro del sistema educativo francés.
Con el fin del aislamiento de España en la escena mundial y la apertura de fronteras, la misión pudo rejuvenecer y aumentar su personal, crear nuevas estructuras y renovar sus métodos, respondiendo así a las aspiraciones de la nueva ola de emigración, masiva, joven, y a la orientación misionera de la pastoral de la Iglesia. Comenzaba una nueva etapa para la Misión.

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