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Los inmigrantes son una riqueza para la Iglesia

Los inmigrantes son una riqueza para la Iglesia

ec92-300x225-5002909Del 27 al 29 de noviembre pasado se celebró en Roma una cumbre europea, que trató sobre inmigración y evangelización, con el título “Una pastoral de comunión para una evangelización renovada”. Organizada por la Comisión Caritas in Veritate del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), contó con la participación de unos 40 obispos y de los directores nacionales de las Pastoral de los migrantes entre ellos el de la Conferencia Episcopal Española, José Luis Pinilla.

Si algo quedó claro a lo largo de la reunión de delegados e que los migrantes son protagonistas de la proclamación del Evangelio en el mundo moderno y no solo objetos de la atención pastoral de las Iglesias que los acogen. En un mundo cada vez más globalizado e interdependiente, caracterizado por la indiferencia y la desconfianza del extranjero, por la diversidad, y la diversidad religiosa, también, el cristiano migrante necesita una comunidad que apoye su caminar de fe y también da la bienvenida a su contribución. La Iglesia está llamada en esta situación. De hecho, es precisamente a través de su capacidad para dar la bienvenida al migrante como un recurso, a través de una teología pastoral de comunión, que mejor expresa su unidad y responde a su misión de anunciar el Evangelio de Jesús.
El secretario general de la CCEE, Duarte Cunha, indicó que la crisis económica golpea especialmente a los más débiles y a quienes emigraron debido a la pobreza. Por ello, señaló, “la pastoral de la Iglesia que tienen la finalidad de evangelizar y de crear comunidad, se siente interpelada para ayudar a la integración, reforzar las relaciones y a acompañar y apoyar a las personas”. Particularmente “en este momento de crisis económica no se puede separar la ayuda social, de la pastoral y la evangelización”.
Los trabajos fueron inaugurados por el cardenal Antonio María Veglió, presidente de Pontificio Consejo para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes, y por el presidente de la sección migración de la Caritas in Veritate, el cardenal Josip Bozanic.
El cardenal Bozanic subrayó que los inmigrantes creyentes tienen que ser protagonistas de la misión de la Iglesia y no deben limitarse a dar al país que les hospeda “solamente la fuerza de su trabajo o la capacidad intelectual de los estudios”, sino que son llamados “a testimoniar al fe con gozo y sin miedo”, en el lugar de trabajo, barrio, o ambientes que frecuenta.
El presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Salvatore Fisichella, por su parte, disertó sobre “El testimonio de la comunión eclesial para una nueva evangelización”. El prelado señaló que la movilidad es parte de la condición humana y que tanto hoy como en el pasado muchos sacerdotes “dejaron sus casas para seguir a tantos inmigrantes en diversos países europeos”.
Y recordó que millones de cristianos, principalmente católicos, emigraron en estas últimas décadas a Europa, Canadá y Estados Unidos, provenientes del Este europeo, de América Latina y de las Filipinas quienes constituyen “una riqueza para la nueva evangelización”, que es necesario defender delante de factores que tienden a impedirles de conservar la fe y sus tradiciones”.
Indicó también que el término ‘pastoral de comunión’ ha entrado en el lenguaje cotidiano, a nivel de teología pastoral. Una comunión que debe superar situaciones concretas como los nuevos llegados que llaman a la puerta.
Sobre “Comunión y Pastoral, una visión de la Iglesia Católica del Este” habló el secretario de la Congregación para las Iglesias Orientales, arzobispo Cyril Vasi, mientas que las “Directivas para una pastoral de comunión en las migraciones” fueron abordadas por director del Instituto Internacional de Migraciones de los Escalabrinianos, Fabio Baggio.
En cambio, la “Nueva evangelización y movilidad humana” fue tratado por monseñor Giancarlo Perego, director general de la Fundación Migrantes.
El migrante constituye no solo un recurso importante, a nivel económico, en términos de mano de obra, y una revitalización en el plano demográfico, en un continente continuamente envejecido como es Europa, sino que también es un recurso para la nueva evangelización. Nuestras sociedades europeas a menudo se revelan como lugares despiadados, indiferentes al extraño y a los nuevos inmigrantes y son a menudo un obstáculo para el extranjero en la preservación no solo de su propia tradición, sino incluso su propia fe.
Las comunidades de fieles deben ser lugares abiertos y acogedores en la diversidad: la nueva evangelización, de hecho, contempla un fructífero intercambio de culturas y tradiciones religiosas que reclaman el respeto y la complementariedad.

LÍNEAS DE REFLEXIÓN

Entre las líneas de reflexión de los participantes para mejorar el trabajo pastoral de la Iglesia hacia los migrantes, y que pueden considerarse como claves en una hoja de ruta para la labor de la Comisión CCEE, valió la pena destacar:
1. La necesidad de que cada Conferencia Episcopal pueda sus propias ideas, recursos, buenas prácticas y preguntas en el sitio web de la Comisión.
2. La dimensión internacional de la hospitalidad que pide una mayor colaboración pastoral entre las Iglesias particulares (entre las comunidades nativas y acogedor) y la participación de los agentes de pastoral y su formación.
3. La complejidad y diversidad de la idea de integración que exige una reflexión más profunda, teniendo en cuenta lo que ya se ha hecho.
4. Frente a una legislación europea que regula cada vez más la movilidad humana en la Unión Europea se requiere un mayor intercambio de expertos Conferencias Episcopales.
5. La posibilidad de organizar el “hermanamiento entre las familias de los migrantes” como testimonio de la Iglesia Católica a toda la familia de los migrantes.
6. La corresponsabilidad en la construcción del Reino de Dios, que debe estar en la base de las intervenciones caritativas como un signo de la justicia y el destino universal de los bienes. La caridad es una llamada urgente que exige la respuesta de todos los cristianos a los que vienen de lejos y “llaman a la puerta”.
7. La conciencia de que la teología pastoral de comunión, que surge también de la eclesiología del Concilio Vaticano II, necesita la contribución de todos y de una praxis reconocida. En tal sentido, la contribución procedente del diálogo interconfesional e interreligioso, puede ser interesante, así como el diálogo, con un enfoque crítico, con la comunidad política que trata también continuamente de abordar la cuestión de la movilidad humana.

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